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Rafael García Marvez: Política y proselitismo

Rafael García Marvez: Política y proselitismo

“¿Bolívar ‘politizó’ el terremoto de 1812? Por supuesto que lo hizo. La reacción realista, la mayoría del clero y los sectores más ignorantes del país

Luis Sambrano
Por

Luis Sambrano

Fundador y editor30 jun. 2026

Un terremoto, sin importar su magnitud, no solo sacude la tierra; remueve los cimientos de una nación, expone sus vulnerabilidades más profundas y, en el caso de Venezuela, descorre el velo sobre la intrincada y a menudo dolorosa distinción entre la verdadera política y el proselitismo partidista. Las reflexiones de Rafael García Marvez, inspiradas en las agudas observaciones de Julio Castillo Sagarzazu sobre una hipotética tragedia telúrica en 2026, nos obligan a confrontar esta realidad, resonando con ecos históricos y desafíos contemporáneos que han definido la experiencia venezolana.

La imagen de un país fracturado, con sus "cabillas al descubierto" y sus "grietas" revelando lo que antes permanecía oculto, no es una metáfora distante para Venezuela. Es una descripción vívida de una nación que, ante cualquier crisis, ya sea natural o provocada por el hombre, se encuentra en un escenario donde las virtudes y miserias humanas se exhiben sin máscaras. En este contexto, la respuesta del Estado, o la ausencia de ella, se convierte en el epicentro de un debate que trasciende lo meramente técnico para adentrarse en la esencia misma de la gobernabilidad y la responsabilidad social.

El Eco de 1812: Politizando la Calamidad

Julio Castillo Sagarzazu nos recuerda que la instrumentalización de las tragedias no es un fenómeno nuevo. Simón Bolívar, en 1812, no dudó en "politizar" el devastador terremoto que asoló Caracas, enfrentándose a la narrativa realista y eclesiástica que lo presentaba como un castigo divino por la declaración de independencia. Bolívar, con su célebre frase "Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca", transformó una catástrofe natural en un llamado a la unidad y la resistencia republicana. Su acción, aunque polémica para algunos en su momento, fue un acto de liderazgo político destinado a consolidar un proyecto de nación.

Dos siglos después, en la Venezuela de hoy y la hipotética de 2026, la ciencia ha avanzado para desterrar supersticiones, pero la tentación de manipular la narrativa de una tragedia persiste. Lo que cambia es la dirección y el propósito de esta politización. Mientras Bolívar buscaba la cohesión para una causa independentista, el escenario planteado por Castillo Sagarzazu y García Marvez describe una situación donde la respuesta gubernamental a una tragedia se ve empañada por la lentitud, la negligencia y, peor aún, la restricción de la ayuda. Un gobierno que, según la descripción, se ve forzado a admitir su incapacidad, esperando rescatistas de "países más pequeños y pobres que Venezuela", mientras bloquea los esfuerzos de su propia sociedad civil, está no solo fallando en su deber, sino que está, de facto, politizando la tragedia de una manera perniciosa.

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Política vs. Proselitismo: La Encrucijada de la Crisis

Aquí es donde la distinción que hace Rafael García Marvez entre política y proselitismo se vuelve crucial. La política, en su acepción más noble, es la doctrina y práctica referente al gobierno de los Estados y la organización de las sociedades. Su fin último es la gestión de los asuntos públicos, la resolución pacífica de conflictos y la búsqueda del bien común mediante leyes, instituciones y consensos. Es una actividad orientada al servicio, a la construcción y al bienestar colectivo.

El proselitismo político, en contraste, es el esfuerzo y conjunto de acciones que realiza un partido político, un candidato o sus militantes con el objetivo de convencer y sumar nuevos seguidores o votantes a su causa o ideología. Si bien es una parte legítima del juego democrático en tiempos de normalidad, su aplicación en medio de una catástrofe humanitaria puede desvirtuar el propósito de la política, desviándola del bien común hacia el interés particular o partidista.

El escenario post-terremoto descrito en el recorte de noticia ilustra esta tensión. Las protestas de la dirigencia política y la sociedad civil por la lentitud y negligencia de la ayuda oficial, las restricciones impuestas a las organizaciones civiles para distribuir donaciones, y el cuestionamiento a las fuerzas policiales y militares por su falta de integración en el rescate ciudadano, son ejemplos claros de cómo la "política" –entendida como la búsqueda del bien común y la rendición de cuentas– se enfrenta al "proselitismo" –entendido como la defensa a ultranza de una narrativa oficialista que tilda de "oportunismo" cualquier crítica o acción independiente.

Implicaciones Profundas para Venezuela

Las implicaciones de esta dicotomía en un contexto de crisis son vastas y multifacéticas para Venezuela:

1. Desmantelamiento Institucional y Económico: La descripción de un país "desmantelado" y "sin recursos" para enfrentar una tragedia no es una hipérbole. Décadas de mala gestión, corrupción y una profunda crisis económica han erosionado la capacidad del Estado venezolano para brindar servicios básicos, y mucho menos para responder eficazmente a desastres a gran escala. La falta de maquinaria, insumos y personal capacitado no es solo una falla logística, sino el síntoma de un colapso sistémico. Esto se agrava por la fuga de cerebros y la diáspora, que ha mermado la capacidad técnica y humana del país en todos los niveles, incluidos los equipos de rescate y emergencia.

2. Erosión de la Confianza y Legitimidad: Cuando el Estado es percibido como ineficaz, negligente y obstructivo en un momento de máxima vulnerabilidad, la confianza de la ciudadanía en sus instituciones se desmorona. La "indignación creciente" no es solo por la tragedia en sí, sino por la respuesta gubernamental. Esta erosión de la confianza tiene consecuencias a largo plazo para la gobernabilidad, la estabilidad social y la capacidad de cualquier gobierno para implementar políticas públicas, incluso en circunstancias normales. La legitimidad de un gobierno se mide, en gran parte, por su capacidad de proteger y servir a sus ciudadanos, especialmente en tiempos de crisis.

3. El Rol Vital de la Sociedad Civil: En ausencia de una respuesta estatal eficaz, la sociedad civil organizada de Venezuela ha demostrado históricamente una resiliencia y una capacidad de auto-organización extraordinarias. La "demostración de solidaridad, de total entrega" descrita por García Marvez es un testimonio de la profunda fibra cívica del pueblo venezolano. Sin embargo, cuando los esfuerzos de esta sociedad civil son bloqueados o estigmatizados como "oportunismo", se genera una doble tragedia: se impide la ayuda a quienes la necesitan y se criminaliza la solidaridad. Esto no solo es inhumano, sino que también revela un profundo temor por parte de las autoridades hacia cualquier forma de organización o iniciativa que escape a su control.

4. Libertad de Expresión y el Derecho a la Crítica: La acusación de "oportunismo" contra quienes señalan las fallas del gobierno es una táctica común para deslegitimar la crítica y silenciar las voces disidentes. En un país donde la libertad de expresión ha sido consistentemente socavada, esta narrativa busca controlar la información y monopolizar el relato de la crisis. Sin embargo, en una democracia vibrante, la crítica de la oposición y de la sociedad civil es una parte esencial de la "política", funcionando como un mecanismo de control y equilibrio que asegura la transparencia y la rendición de cuentas. Impedir o desacreditar estos reclamos es un atentado contra los principios democráticos.

5. El Contexto de la Polarización Política: Venezuela ha estado profundamente polarizada durante años. Esta polarización impregna todos los aspectos de la vida nacional, y las tragedias no son una excepción. Cualquier evento, por apolítico que parezca, se filtra a través de las lentes de la división política. La incapacidad de la dirigencia política de unirse en un frente común ante una catástrofe, priorizando la vida y el bienestar de los ciudadanos por encima de las diferencias ideológicas, es un reflejo doloroso de esta polarización crónica. La verdadera política, en su esencia, exige trascender estas divisiones en momentos de emergencia nacional.

Hacia una Verdadera Política de Servicio

La reflexión de García Marvez nos deja con una verdad ineludible: las tragedias, sean naturales o provocadas, actúan como un espejo implacable de la condición de una nación. Para Venezuela, este espejo revela un país con un gobierno que, en el escenario descrito, prioriza el control y la narrativa sobre la vida de sus ciudadanos, y una sociedad civil que, a pesar de las adversidades y las restricciones, mantiene viva la llama de la solidaridad y el compromiso con el prójimo.

La lección es clara: en tiempos de crisis, la política debe despojarse de su ropaje proselitista y abrazar su propósito más elevado: el servicio al bien común. Esto implica transparencia, eficiencia, la aceptación de toda la ayuda disponible –nacional e internacional, pública y privada– y, fundamentalmente, la escucha atenta y el respeto a los reclamos de una ciudadanía que, ante el dolor y la pérdida, solo exige una cosa: que sus líderes actúen con responsabilidad y humanidad.

Como medio comprometido con la libertad de expresión y la verdad, en "Libertad VZLA" creemos firmemente que la crítica constructiva y la denuncia de la negligencia no son "oportunismo", sino un pilar fundamental de la democracia y una obligación moral. Es el clamor de un pueblo que, a pesar de las ruinas y las grietas, sigue buscando la luz de una verdadera política al servicio de todos los venezolanos. La esperanza reside en que, algún día, el telón se abra para revelar un escenario donde la solidaridad y la acción efectiva prevalezcan sobre la retórica y el control.