ONG alertan sobre criminalización LGBTIQ+ tras operativo policial en Barquisimeto
El Observatorio Venezolano de Violencias LGBTIQ+, Caleidoscopio Humano y el Movimiento SOMOS denunciaron el allanamiento ilegal, los actos de extorsión y detención perpetrados por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana vestidos de civiles en un local de entretenimiento LGBTIQ+ en Barquisimeto, estado Lara, ocurrido el sábado 30 de mayo de 2026. A través de un
La Criminalización Persistente: Operativo Policial en Barquisimeto Desnuda el Ataque a la Comunidad LGBTIQ+ Venezolana
Un alarmante operativo perpetrado por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) en Barquisimeto, estado Lara, ha puesto de manifiesto la grave y sistemática criminalización que enfrenta la comunidad LGBTIQ+ en Venezuela. El sábado 30 de mayo de 2026, un establecimiento de entretenimiento dirigido a esta población fue objeto de un allanamiento ilegal, extorsión y la detención arbitraria de al menos 33 hombres, quienes fueron acusados por los agentes de "ejercer el delito de la homosexualidad", una figura inexistente en la legislación venezolana.
Una Incursión Arbitraria y Discriminatoria
La denuncia, articulada por el Observatorio Venezolano de Violencias LGBTIQ+, Caleidoscopio Humano y el Movimiento SOMOS, detalla una serie de violaciones flagrantes a los derechos humanos. Los efectivos de la PNB, actuando vestidos de civil, irrumpieron en el local sin orden judicial alguna, lo que de entrada invalida cualquier procedimiento y lo califica como un allanamiento ilegal. Esta modalidad de operación, donde agentes sin identificación clara y sin respaldo legal proceden a detenciones y requisas, es una práctica recurrente que genera indefensión y abre la puerta a la extorsión, un delito que, según las organizaciones, también se consumó durante el incidente.
La esencia de la denuncia radica en la motivación explícitamente discriminatoria de la acción policial. Acusar a individuos de "ejercer el delito de la homosexualidad" no solo es una afirmación jurídicamente insostenible, sino que revela una profunda animadversión y prejuicio por parte de los perpetradores. En el ordenamiento jurídico venezolano no existe ninguna ley que criminalice la orientación sexual. Esta imputación arbitraria no solo carece de base legal, sino que representa una afrenta directa a la dignidad y los derechos fundamentales de las personas, contraviniendo principios de igualdad y no discriminación consagrados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y en múltiples tratados internacionales de derechos humanos de los que el Estado venezolano es signatario.
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El impacto de este tipo de acciones va más allá de la mera transgresión legal. La detención de los 33 hombres, la humillación pública a la que fueron sometidos y la exposición forzada de su orientación sexual a familiares y amigos, constituyen una grave vulneración de su derecho a la privacidad, a la intimidad y a la reputación. En una sociedad donde la discriminación y los prejuicios contra las personas LGBTIQ+ persisten, la revelación involuntaria de la orientación sexual puede tener consecuencias devastadoras en el ámbito personal, familiar, social y laboral, exacerbando la vulnerabilidad de estas personas y exponiéndolas a mayores riesgos de estigmatización y violencia.
Un Patrón de Criminalización Sistemática
Las organizaciones de derechos humanos no dudan en calificar este suceso en Barquisimeto no como un incidente aislado, sino como una "continuidad de la política de criminalización" en contra de las personas LGBTIQ+ en Venezuela. Esta afirmación es crucial, pues sugiere que las acciones de los funcionarios no son meras desviaciones individuales, sino que se enmarcan en un patrón más amplio de hostigamiento y represión que, de manera tácita o explícita, es tolerado o incluso promovido por estamentos del Estado.
La ausencia de un marco legal robusto que proteja a la comunidad LGBTIQ+ en Venezuela, sumada a la persistencia de una cultura institucional homofóbica y transfóbica en algunos cuerpos de seguridad, crea un caldo de cultivo para este tipo de abusos. En un contexto de profunda crisis institucional y debilidad del Estado de derecho, la discrecionalidad y la impunidad se convierten en herramientas para la persecución de grupos minoritarios. La falta de mecanismos efectivos de denuncia, investigación y sanción de estos hechos refuerza la sensación de desprotección y envía un mensaje desalentador a la comunidad LGBTIQ+, que ve cómo sus derechos más básicos son vulnerados sin consecuencias para los agresores.
La historia reciente de Venezuela ha estado marcada por la lucha de diversas organizaciones y activistas por el reconocimiento y la protección de los derechos de las personas LGBTIQ+. A pesar de algunos avances simbólicos en el discurso, la realidad en las calles y en las instituciones sigue siendo precaria. Incidentes como el de Barquisimeto demuestran que, más allá de las declaraciones de principios, la aplicación práctica de la ley y el respeto a la diversidad sexual están lejos de ser una realidad garantizada en el país. La "política de criminalización" a la que aluden las ONG se manifiesta en la inacción legislativa, en la perpetuación de prejuicios en el ámbito judicial y policial, y en la falta de voluntad política para abordar de manera integral la discriminación estructural.
Exigencia de Justicia y el Rol del Estado
Ante la gravedad de los hechos, las organizaciones denunciantes han exigido una investigación inmediata y exhaustiva por parte de las autoridades competentes. Esta exigencia no solo busca la identificación y sanción de los funcionarios de la PNB responsables de la agresión, sino que también apunta a sentar un precedente que frene la impunidad y disuada futuras violaciones. La impunidad, en este contexto, no solo valida las acciones discriminatorias, sino que profundiza la vulnerabilidad de la comunidad LGBTIQ+, generando un ambiente de miedo y desconfianza hacia las instituciones encargadas de garantizar la seguridad y la justicia.
El Estado venezolano, como garante de los derechos humanos de todas las personas sin distinción, tiene la obligación ineludible de actuar con celeridad y contundencia. Esta obligación se desprende de la Constitución y de los compromisos internacionales adquiridos, que establecen que los Estados deben prevenir, investigar y sancionar las violaciones de derechos humanos, así como asegurar el acceso a recursos efectivos para las víctimas. Ignorar o minimizar incidentes como el de Barquisimeto sería una abdicación de esta responsabilidad fundamental y una confirmación de la complicidad institucional en la discriminación.
Más allá de la sanción individual, es imperativo que el Estado implemente medidas estructurales para abordar la discriminación sistémica. Esto incluye la capacitación de los cuerpos de seguridad en materia de derechos humanos y diversidad sexual, la revisión de protocolos de actuación para evitar allanamientos y detenciones arbitrarias, y la promoción de una legislación que proteja explícitamente a las personas LGBTIQ+ contra la discriminación, la violencia y los crímenes de odio. Solo así se podrá transitar hacia una sociedad más justa e inclusiva, donde la orientación sexual y la identidad de género no sean motivo de persecución, sino parte de la riqueza de la diversidad humana.
Un Llamado Urgente a la Dignidad y la Igualdad
El incidente de Barquisimeto es un doloroso recordatorio de la fragilidad de los derechos de la comunidad LGBTIQ+ en Venezuela y de la urgente necesidad de una acción decidida por parte del Estado. La denuncia de las organizaciones de derechos humanos es un grito de alarma que exige no solo justicia para las víctimas de este operativo arbitrario, sino también un compromiso real y sostenido con la erradicación de la criminalización y la discriminación. "Libertad VZLA" se une a este llamado, reafirmando la importancia de la vigilancia ciudadana y la documentación de las violaciones para construir una Venezuela donde la dignidad y la igualdad sean una realidad inquebrantable para todos, sin excepción. La lucha por los derechos LGBTIQ+ es, en esencia, una lucha por los derechos humanos universales, y su defensa es un termómetro de la salud democrática y el respeto a la pluralidad en cualquier nación.