“Después de matar al tigre, le tienen miedo al cuero”. (Refrán popular) Los dos terremotos que sacudieron a Venezuela el 24 de junio, fueron devastadores
Caracas, Venezuela – En medio de la desolación y el caos que han dejado los dos devastadores terremotos del 24 de junio, una voz se alza con una propuesta que sacude los cimientos de la ya frágil política venezolana. Juan Marcos Colmenares, abogado y miembro de Vente Venezuela, ha lanzado un llamado perentorio bajo el lema "El cambio es ya", argumentando que la catástrofe natural ha expuesto la incapacidad terminal del régimen interino de Delsy Rodríguez y exige una acción radical, incluyendo una posible intervención militar extranjera, para salvar a la nación. Su análisis, cargado de urgencia y referencias históricas, plantea un escenario de transformación política sin precedentes, que, de materializarse, redefiniría el futuro de Venezuela.
La frase popular "Después de matar al tigre, le tienen miedo al cuero" resuena en el artículo de Colmenares como una crítica mordaz a la inacción y debilidad del actual poder en Venezuela. Según el jurista, la magnitud de la reciente tragedia sísmica, calificada como la mayor catástrofe del país en cien años, ha puesto en evidencia la absoluta desarticulación del Estado. Los reportes desde las zonas afectadas describen un panorama desolador: miles de muertos, heridos y desaparecidos, y una respuesta gubernamental marcada por la inoperancia. Organismos civiles como bomberos y defensa civil, históricamente vitales en emergencias, han quedado paralizados por la crónica falta de implementos, equipos y transporte, reflejo de años de desinversión y corrupción. Mientras tanto, el componente militar, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), ha sido señalado por su pasividad o, peor aún, por obstaculizar la labor de los voluntarios, confirmando la percepción de un Estado que, más allá de gobernar, se dedica a controlar y reprimir.
Esta incapacidad, para Colmenares, no es una falla puntual, sino la consecuencia lógica de un "régimen chavista-madurista que destruyó el paraíso que era Venezuela". La retórica es clara: un gobierno que ha desmantelado las instituciones y la infraestructura del país no puede pretender reconstruirlo. La crisis humanitaria desatada por los terremotos, por tanto, no es solo una tragedia natural, sino una manifestación exacerbada de la profunda crisis política, social y económica que Venezuela ha padecido por más de dos décadas. La falta de respuesta inmediata y efectiva por parte de las autoridades no solo agrava el sufrimiento de la población, sino que también erosiona aún más la ya escasa legitimidad del gobierno interino, llevando a la ciudadanía a cuestionar la viabilidad de cualquier solución interna sin un cambio estructural.
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Un Vistazo al Pasado: Intervenciones y Transiciones
Para fundamentar su propuesta de un cambio drástico, Colmenares recurre a ejemplos históricos de intervenciones militares extranjeras y sus resultados. La invasión de Panamá por parte de Estados Unidos en 1989, que culminó con la captura de Manuel Noriega y la instalación del gobierno de Guillermo Endara, es uno de los casos centrales. El jurista destaca cómo, tras la intervención, Endara disolvió las Fuerzas de Defensa de Panamá (FDP) y desmanteló sus estructuras, que fueron ocupadas por tropas estadounidenses. Este precedente es presentado como un modelo de cómo una acción militar externa puede allanar el camino para un nuevo orden político.
Pero Panamá no es el único ejemplo. Colmenares cita a Japón (1945), Alemania Occidental (1945) y Corea del Sur (1950-1954) como naciones que, tras intervenciones estadounidenses, evolucionaron hacia "sociedades prósperas, libres y con instituciones funcionales". Estos países, hoy referentes de desarrollo económico y calidad de vida, son el espejo en el que Colmenares ve reflejado el potencial de Venezuela, sugiriendo que una intervención similar podría catalizar una transformación comparable. Sin embargo, es crucial analizar estos ejemplos con cautela. Si bien es cierto que estas naciones se beneficiaron de la reconstrucción y el apoyo estadounidense, sus procesos de desarrollo fueron complejos, multifactoriales y únicos, condicionados por contextos geopolíticos de la Guerra Fría y la posguerra, que difieren sustancialmente de la situación actual de Venezuela. La transferencia directa de estos modelos, sin considerar las particularidades culturales, políticas y sociales venezolanas, podría ser una simplificación peligrosa.
El Plan de Intervención para Venezuela: ¿La Tercera Etapa?
Colmenares detalla un "plan de intervención diseñado por EEUU después del 3 de enero", estructurado en tres etapas: presión, negociación y transición. Este plan, que presumiblemente buscaba una salida negociada o una presión gradual para el régimen chavista-madurista, se ha visto "alterado por la magnitud de la crisis reciente". La devastación causada por los terremotos, según el abogado, no es solo una tragedia, sino un "estímulo o el detonante que active de inmediato el control directo de EEUU".
Aquí radica el punto más delicado y controvertido de su propuesta: la justificación legal y moral para una acción militar directa. Colmenares sostiene que el narcotráfico, el terrorismo y la emergencia nacional, agravados por la ineficacia del régimen, podrían servir como "cargo penal y como justificación legal y moral" para que la administración Trump (en el hipotético escenario temporal de este artículo) active la tercera etapa: la "transformación del marco político y el ordenamiento institucional". Esta justificación invoca una serie de acusaciones que han sido recurrentes en la retórica estadounidense contra el gobierno venezolano, pero su aplicación como casus belli directo en el contexto de una catástrofe natural abre un debate profundo sobre la soberanía nacional y el derecho internacional.
La Propuesta de Colmenares: Una Junta de Gobierno de Transición y la Intervención de la FANB
La solución que plantea Colmenares es contundente: nombrar una "Junta de Gobierno de Transición" presidida por el Presidente electo Edmundo González Urrutia, quien, junto con María Corina Machado, "sustituiría al incapaz régimen interino". Esta medida implicaría un reconocimiento explícito de los resultados electorales del 28 de julio de 2024 (en el marco temporal del artículo) y una ruptura total con la administración actual. La inclusión de María Corina Machado, figura clave de la oposición radical y líder de Vente Venezuela, subraya la visión de un cambio profundo y la necesidad de una figura con fuerte respaldo popular.
Pero la propuesta no se detiene ahí. Colmenares aboga por la "intervención de la institución militar, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), como apoyo a la Junta de Gobierno y para asegurar el orden interno". Esta intervención, acompañada por el "apoyo militar de EEUU", buscaría garantizar la participación del "80% de la sociedad civil que se manifestó en las elecciones", una cifra que refleja el anhelo de cambio de una vasta mayoría de venezolanos. La idea de una FANB intervenida y subordinada a un nuevo poder civil, respaldado por una fuerza extranjera, es una propuesta radical que busca desmantelar una estructura militar que, a lo largo de los años, ha sido vista como un pilar fundamental del régimen chavista-madurista y un obstáculo para la transición democrática.
Implicaciones: Entre la Esperanza y la Incertidumbre
La propuesta de Juan Marcos Colmenares, si bien nace de una desesperada búsqueda de soluciones ante la crisis venezolana, conlleva implicaciones profundas en varios frentes.
Implicaciones Políticas: La formación de una Junta de Gobierno de Transición con respaldo internacional y una FANB intervenida redefiniría completamente el mapa político venezolano. Por un lado, podría ofrecer una salida a la prolongada crisis de legitimidad y gobernabilidad, abriendo la puerta a la reconstrucción democrática. Por otro lado, una intervención militar extranjera, incluso si es "de apoyo", plantearía serias interrogantes sobre la soberanía nacional y podría generar resistencia interna, incluso entre sectores que desean un cambio. El precedente de Panamá, donde la disolución de las fuerzas armadas fue posible en un contexto específico, podría no ser aplicable de la misma manera en Venezuela, donde la FANB tiene una historia y una estructura mucho más arraigadas. La polarización política, lejos de desaparecer, podría adoptar nuevas formas, con facciones resistiendo el nuevo orden.
Implicaciones Sociales: La devastación de los terremotos ya ha sumido a la sociedad venezolana en un trauma profundo. Una transición política, especialmente una tan drástica como la propuesta, podría generar tanto esperanza como incertidumbre. La promesa de reconstrucción y la visión de un "futuro promisor" y un "país del primer mundo" resonaría fuertemente en una población exhausta. Sin embargo, la inestabilidad inherente a una intervención y transición podría exacerbar las tensiones sociales y los desafíos humanitarios, al menos en el corto plazo. La participación del "80% de la sociedad civil" es un anhelo de Colmenares, pero la cohesión social necesaria para una reconstrucción nacional exitosa requeriría de un liderazgo inclusivo que trascienda las divisiones políticas.
Implicaciones Económicas: La reconstrucción tras los terremotos, sumada a la profunda crisis económica preexistente, demandaría una inversión masiva y una reestructuración económica fundamental. Una Junta de Gobierno de Transición, con el respaldo de Estados Unidos y la comunidad internacional, podría desbloquear recursos financieros, atraer inversiones y facilitar la ayuda humanitaria a una escala sin precedentes. La visión de Venezuela convirtiéndose en un "país del primer mundo" implica no solo la reconstrucción de infraestructura, sino también la restauración de la producción petrolera, la diversificación económica y la creación de un marco legal y de seguridad jurídica que fomente el crecimiento y la prosperidad. Sin embargo, la implementación de estas reformas sería un reto monumental, incluso con apoyo externo.
Conclusión: Un Futuro Prometedor, un Camino Incierto
La propuesta de Juan Marcos Colmenares es un reflejo de la desesperación y la urgencia que muchos venezolanos sienten ante la prolongada crisis y la reciente catástrofe. Su llamado a la acción inmediata y a una reconfiguración total del poder, incluso a través de una intervención externa, subraya la percepción de que las vías tradicionales para el cambio se han agotado. La visión de una Venezuela próspera y libre, anclada en instituciones funcionales, es un anhelo compartido por millones.
Sin embargo, el camino hacia ese futuro, tal como lo plantea Colmenares, está lleno de incertidumbres y desafíos. Toda intervención militar y transición política, como él mismo reconoce, está "cargada de incertidumbre y cada proceso es único". Si bien los ejemplos históricos que cita muestran resultados positivos a largo plazo, el costo humano y la complejidad de los procesos de posintervención no deben subestimarse.
Para "Libertad VZLA", la libertad de expresión y la búsqueda de soluciones para Venezuela son pilares fundamentales. La propuesta de Colmenares, por audaz que sea, debe ser debatida con la seriedad y el rigor que exige el destino de una nación. El "cambio es ya" es un grito que resuena en el alma de los venezolanos, pero la forma en que ese cambio se materialice determinará si el país transita hacia una verdadera libertad y prosperidad, o si se adentra en un nuevo capítulo de inestabilidad y conflicto. La decisión final, y las consecuencias que de ella se deriven, recaerán sobre los hombros de una