Gendarme Nahuel Gallo narró las torturas sufridas en Venezuela: «Me ponían la escopeta en la cabeza»
Buenos Aires.- El gendarme argentino Nahuel Gallo denunció este sábado que fue víctima de amenazas con picana eléctrica, golpes y simulacros de ejecución durante los 448 días que estuvo detenido en Venezuela. «Me ponían la escopeta en la cabeza y la picana en la oreja diciéndome que diga la verdad o la iba a pasar […]
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El Pitazo
9 may. 2026
El Horror al Desnudo: Nahuel Gallo y el Calvario de la Tortura en las Prisiones Venezolanas
CARACAS, VENEZUELA. La sombra de la tortura y la detención arbitraria se cierne una vez más sobre Venezuela, esta vez a través del escalofriante testimonio del gendarme argentino Nahuel Gallo. Liberado el pasado 1 de marzo tras 448 días de reclusión en el penal de El Rodeo I, Gallo ha destapado con crudeza el velo de silencio que suele cubrir las violaciones a los derechos humanos en el país, narrando una odisea de vejaciones que incluyeron amenazas con armas de fuego, picana eléctrica, golpes y simulacros de ejecución. Su relato no es un incidente aislado, sino un eco perturbador de las denuncias que, durante años, han resonado desde las celdas venezolanas y en los informes de organismos internacionales, pintando un cuadro desolador de un sistema que utiliza el miedo y el sufrimiento como herramientas de control político.
En una entrevista exclusiva con la señal de noticias argentina TN, la primera desde su retorno a Buenos Aires, Gallo desgranó los detalles de su calvario. "Me ponían la escopeta en la cabeza y la picana en la oreja diciéndome que diga la verdad o la iba a pasar mal", afirmó, revelando la brutalidad de los interrogatorios a los que fue sometido. El gendarme relató que su detención ocurrió el 8 de diciembre, cuando fue interceptado por agentes de inteligencia venezolanos en la frontera con Colombia. Tras ser golpeado en el abdomen y la cabeza, y amenazado con diversos elementos de tortura, fue trasladado a Caracas bajo custodia, iniciando un confinamiento que se extendería por más de un año.
Según su testimonio, el detonante de su detención fue el hallazgo de conversaciones privadas en su teléfono móvil con su pareja, en las que expresaba críticas al presidente Nicolás Maduro. Esta revelación subraya la extrema vulnerabilidad de la privacidad y la libertad de expresión en Venezuela, donde cualquier indicio de disidencia, incluso en el ámbito privado, puede ser interpretado como una amenaza y justificación para la persecución.
El Rodeo I, una de las prisiones más emblemáticas y temidas de Venezuela, se convirtió en el escenario de su tormento. Allí, Gallo fue obligado a vestir el uniforme de los presos políticos y permaneció en condiciones de aislamiento. Su descripción del penal evoca imágenes de un infierno carcelario: la existencia de la denominada “cámara del tiempo”, una celda sin mobiliario donde los detenidos eran encerrados desnudos, esposados y torturados con gas pimienta, y un "área de castigo" en el cuarto piso, donde los reclusos permanecían desnudos y esposados bajo vigilancia constante de cámaras de seguridad. "A mi compañero peruano, solo por preguntar cuándo terminaba este secuestro, le tiraron gas pimienta y lo llevaron a ese lugar", ejemplificó Gallo, ilustrando la arbitrariedad y la crueldad sistemática.
La denuncia de Gallo adquiere una dimensión aún más grave al señalar directamente a altas figuras del régimen venezolano. "Yo era un preso político de Diosdado Cabello", aseveró, responsabilizando al ministro de Interior de Venezuela de su detención y mencionando que Cabello lo nombró varias veces en su programa televisivo "Con el Mazo Dando", recalcando que estaba preso por espionaje. Esta acusación no solo vincula la tortura a los más altos niveles de poder, sino que también expone la instrumentalización de la justicia y los medios de comunicación estatales para criminalizar y estigmatizar a los opositores.
Un Patrón Sistemático de Violaciones de Derechos Humanos
El testimonio de Nahuel Gallo no es un hecho aislado, sino que se inscribe en un patrón documentado y denunciado por organizaciones nacionales e internacionales durante la última década. Desde el inicio de las protestas masivas en 2014, Venezuela ha sido objeto de escrutinio por parte de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela (FFMV) y numerosas ONGs como Provea, Foro Penal y Human Rights Watch.
Estos informes han detallado un uso sistemático de la tortura y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes como política de Estado para reprimir la disidencia. La FFMV, en particular, ha concluido que el gobierno venezolano ha cometido crímenes de lesa humanidad, incluyendo ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y tortura. Los métodos descritos por Gallo —golpes, asfixia, descargas eléctricas, amenazas de muerte y simulacros de ejecución— son consistentes con los patrones de tortura documentados en centros de detención como El Helicoide, Boleíta, o las sedes de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) y el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN).
La narrativa de "espionaje" o "terrorismo" ha sido una constante herramienta del Estado para justificar la detención y la tortura de personas percibidas como amenazas, incluyendo militares desertores, activistas, periodistas y, como en el caso de Gallo, ciudadanos extranjeros. La mención de Diosdado Cabello en su testimonio es significativa, ya que su programa "Con el Mazo Dando" es ampliamente reconocido por señalar y estigmatizar públicamente a individuos antes o durante su detención, creando un clima de miedo y deshumanización que facilita los abusos.
Implicaciones: Un Grito por la Justicia y la Rendición de Cuentas
Las implicaciones del testimonio de Nahuel Gallo son profundas y multifacéticas, resonando en los ámbitos político, social y legal, tanto dentro como fuera de Venezuela.
En el plano político, el caso de Gallo refuerza la percepción internacional de un régimen que sistemáticamente viola los derechos humanos y utiliza la represión como pilar de su permanencia en el poder. La detención de un ciudadano extranjero, sin las garantías procesales adecuadas y bajo acusaciones dudosas, tensa las relaciones diplomáticas. La mediación de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) en su liberación es un indicativo de la complejidad y la falta de canales institucionales para resolver estos casos, obligando a recurrir a vías poco convencionales. Además, la acusación directa a Diosdado Cabello subraya la responsabilidad de altos funcionarios, lo que podría tener repercusiones en futuras investigaciones internacionales, como la que lleva a cabo la Corte Penal Internacional (CPI) por crímenes de lesa humanidad en Venezuela. El caso de Gallo alimenta la narrativa de que la justicia en Venezuela está politizada y que la impunidad es la norma, erosionando aún más la ya precaria legitimidad del Estado.
Desde una perspectiva social, el relato de Gallo tiene un efecto escalofriante. Su valentía al hablar públicamente puede, por un lado, inspirar a otras víctimas y familiares a denunciar; por otro, refuerza el miedo entre la población venezolana, que sabe que la disidencia, incluso la privada, puede tener consecuencias devastadoras. La existencia de "más de 500 detenidos" que, según Gallo, aún permanecen en prisiones venezolanas, incluyendo extranjeros, es un recordatorio constante de la amenaza latente. La difusión de estos testimonios es vital para mantener viva la memoria de las víctimas y para contrarrestar la narrativa oficial que busca minimizar o negar la existencia de presos políticos y la práctica de la tortura. Es un llamado a la solidaridad y a no olvidar a aquellos que siguen sufriendo tras las rejas.
En el ámbito legal, el testimonio de Gallo es crucial. Su declaración ante la Justicia argentina el pasado 30 de abril, en el contexto de una causa por crímenes de lesa humanidad iniciada en 2023, abre una vía para la justicia bajo el principio de jurisdicción universal. Este principio permite a los tribunales de un país investigar y juzgar ciertos crímenes graves, como la tortura, sin importar dónde se cometieron o la nacionalidad de las víctimas o perpetradores. La investigación argentina podría convertirse en un faro de esperanza para otras víctimas, demostrando que la impunidad no es absoluta y que los responsables pueden ser llevados ante la justicia fuera de las fronteras venezolanas, donde el sistema judicial ha sido instrumentalizado. La posibilidad de que funcionarios venezolanos enfrenten cargos en tribunales extranjeros añade una capa de presión adicional al régimen.
Conclusión: La Lucha por la Memoria y la Justicia
El calvario de Nahuel Gallo es un testimonio desgarrador de la brutalidad que, según múltiples informes y denuncias, se vive en las prisiones venezolanas. Su voz se une a un coro de víctimas que claman por justicia y por el fin de la impunidad. Para "Libertad VZLA", este caso no es solo una noticia, sino un imperativo moral. Es un recordatorio de que la libertad de expresión y los derechos humanos fundamentales son valores innegociables, y que su defensa debe ser constante y firme.
El llamado de Gallo a no olvidar a los más de 500 presos políticos que, según sus cifras, aún permanecen en Venezuela, resuena con urgencia. La comunidad internacional, los defensores de derechos humanos y la sociedad civil tienen la responsabilidad de mantener la presión sobre el gobierno venezolano para que cese la represión, libere a todos los detenidos arbitrariamente y permita una investigación independiente y transparente de las denuncias de tortura. La historia de Nahuel Gallo es una herida abierta en el cuerpo de la nación, y su cicatriz solo podrá sanar con verdad, justicia y la garantía de que tales horrores nunca más se repitan.