La Oscura Realidad: Cuando el Gobierno Culpa a la Demanda por la Ruina Eléctrica de Venezuela
CARACAS, VENEZUELA. En un país sumido en una crisis eléctrica que se profundiza con cada apagón, la narrativa oficialista ha vuelto a girar hacia la justificación y el traslado de responsabilidades. La vicepresidenta de la administración de Nicolás Maduro, Delcy Rodríguez, a través del Ministerio del Poder Popular para Obras Públicas, ha atribuido las persistentes fallas eléctricas a un supuesto "récord de demanda" y ha instado al sector privado a un "uso responsable" de sus fuentes de autogeneración. Esta declaración, emitida justo cuando expiraba un plan de ahorro energético que no produjo resultados tangibles, no solo ignora la devastadora realidad que viven millones de venezolanos, sino que también subraya la desconexión entre el discurso gubernamental y la cotidiana lucha por la subsistencia en medio de la oscuridad.
El comunicado del Ministerio, liderado por Juan José Ramírez Luces, informó que Venezuela registró una demanda eléctrica de 15.579 megavatios (MW), una cifra que calificó como la más alta de los últimos nueve años. Según el texto oficial, este incremento se debe a las altas temperaturas y a un supuesto "crecimiento económico que mantiene su impulso". Sin embargo, mientras el gobierno celebra récords de demanda y un crecimiento económico que pocos perciben, la verdad en las calles y hogares del país es otra: cortes eléctricos que se extienden entre 4 y 10 horas diarias, impactando severamente la vida de los ciudadanos y la ya precaria actividad económica.
La Crónica de un Colapso Anunciado: Un Sistema Eléctrico en Ruinas
La crisis del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) en Venezuela no es un fenómeno reciente ni una consecuencia de la "alta demanda" o las "altas temperaturas". Es el resultado de décadas de desinversión, corrupción, falta de mantenimiento y una gestión ineficiente que ha llevado a la ruina una infraestructura que alguna vez fue una de las más robustas de la región. La nacionalización de empresas eléctricas regionales, como CADAFE, y su posterior fusión en la Corporación Eléctrica Nacional (CORPOELEC) en 2007, prometía una mayor eficiencia y un servicio unificado. La realidad, sin embargo, ha sido diametralmente opuesta.
Desde aquel momento, el SEN ha experimentado un deterioro progresivo y alarmante. La falta de inversión en mantenimiento preventivo y correctivo de las centrales termoeléctricas, la obsolescencia de las líneas de transmisión y distribución, y la incapacidad para modernizar y expandir la capacidad de generación, han dejado al país a merced de un sistema frágil y vulnerable. La Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, conocida como Guri, que solía ser el orgullo de la ingeniería venezolana y la principal fuente de energía del país, ha visto mermada su capacidad operativa debido a la sedimentación y la falta de mantenimiento de sus turbinas. Las plantas termoeléctricas, muchas de las cuales están operativas a una fracción mínima de su capacidad o completamente paralizadas, no logran compensar la deficiencia, dejando al país en un constante estado de emergencia energética.

