Con la muerte del ‘Niño’ Guerrero, todo cambió para seguir igual en las minas
La operación militar conjunta del pasado junio entre fuerzas de Venezuela y Estados Unidos despertó expectativas de altos quilates en el sureste del estado Bolívar, una región aurífera hasta entonces sometida al yugo de las bandas criminales. Sin embargo, los desarrollos posteriores se quedaron cortos. Los habitantes de los asentamientos mineros de Las Claritas y Kilómetro 88, donde el Tren de Aragua se había hecho fuerte, apenas sienten mejoras, y ya empiezan a añorar el antiguo orden de los ‘pranes’ que todavía andan por allí.
La intervención militar conjunta efectuada el pasado mes de junio por fuerzas de Venezuela y Estados Unidos no ha logrado reconfigurar el panorama de control en las zonas auríferas del sureste del estado Bolívar, a pesar de haber descabezado a la principal organización criminal del área. La muerte de Héctor Rusthenford Guerrero Flores, conocido como "Niño Guerrero" y líder del Tren de Aragua, generó expectativas de cambio en las poblaciones de Las Claritas y Kilómetro 88, pero los habitantes locales reportan que las dinámicas de extorsión y gobernanza informal persisten bajo nuevos actores. De acuerdo con una investigación de campo realizada por las organizaciones periodísticas Amazon Underworld y Armando.info, la presencia de nuevos cuerpos de seguridad estatales no ha traducido su despliegue en mejoras tangibles para la comunidad, la cual incluso empieza a resentir la pérdida del orden impuesto por los antiguos líderes carcelarios.
La operación binacional en el Arco Minero
El procedimiento que culminó con la muerte de Guerrero Flores se ejecutó el 9 de junio en el municipio Sifontes del estado Bolívar, un territorio clave para la extracción de oro dentro del Arco Minero del Orinoco, zona creada bajo decreto por Nicolás Maduro en el año 2016. Según una publicación realizada el 12 de junio por el expresidente estadounidense Donald Trump en su red social Truth Social, la acción consistió en un ataque de precisión coordinado por el Comando Sur de los Estados Unidos. Trump calificó la maniobra como un ataque letal destinado a neutralizar al líder del Tren de Aragua, señalando además que existió una estrecha colaboración con las autoridades venezolanas para lograr el objetivo.
Por su parte, el gobierno de la presidenta interina, Delcy Rodríguez, confirmó la información mediante un comunicado oficial emitido el mismo 12 de junio. En dicho documento se detalló que la neutralización del cabecilla criminal ocurrió durante enfrentamientos armados en el sureste de Bolívar, como parte de una operación combinada que contó con soporte tecnológico especializado provisto por agencias estadounidenses. Registros audiovisuales difundidos posteriormente por el Comando Sur de los Estados Unidos confirmaron que el ataque se ejecutó mediante el lanzamiento de un misil aire-tierra dirigido contra el refugio de Guerrero Flores en el eje minero de Las Claritas y Kilómetro 88.
Héctor "Niño Guerrero" lideraba una estructura que el Departamento de Estado de los Estados Unidos catalogó en el año 2025 como una organización terrorista extranjera. Aunque el grupo delictivo tuvo su origen en el centro penitenciario de Tocorón, ubicado en el estado Aragua, y expandió sus actividades delictivas a por lo menos ocho países de la región suramericana, el centro de operaciones financieras y logísticas de la organización se había consolidado en los yacimientos de oro de Bolívar, dada su cercanía estratégica con las fronteras de Guyana y Brasil.
El desmantelamiento de los refugios criminales
La ofensiva militar provocó la huida inmediata de los mandos medios e intermedios que operaban en el territorio. Durante un recorrido efectuado por los equipos periodísticos de Amazon Underworld y Armando.info, que abarcó las localidades de Upata, Guasipati, El Callao, Tumeremo, El Dorado y el sector de Las Claritas, se constató el estado de abandono en el que quedaron las propiedades de los líderes locales de la banda.
Uno de los inmuebles afectados fue la residencia de Gabriel Rivas Núñez, alias "El Negro Juancho", ubicada en las inmediaciones del cementerio de Kilómetro 88. De acuerdo con el reporte de los investigadores, la edificación, diseñada con características de búnker y protegida por muros de mosaicos y portones de hierro, fue completamente saqueada y desvalijada por los residentes tras la huida de su propietario. Los sistemas eléctricos, cableados e incluso los sócalos de iluminación fueron arrancados de la estructura.
Una situación similar se registró en la vivienda de Humberto Martes, conocido como "Humbertico", quien heredó el liderazgo de la facción controlada anteriormente por su padre, alias "El Viejo". Su residencia de tres niveles, revestida con acabados de mármol y piedra caliza en Las Claritas, sufrió el derribo de sus portones y el saqueo generalizado de sus bienes de lujo en los días posteriores a la incursión militar del 9 de junio.
La transición hacia el control estatal
A pesar del repliegue de los líderes históricos de las bandas armadas, la población local manifiesta que el control del territorio no ha retornado a la normalidad civil. El informe de Amazon Underworld y Armando.info expone que el vacío de poder ha sido ocupado progresivamente por el Grupo de Protección del Arco Minero del Orinoco (Gpamo), un comando de seguridad estatal que ha incrementado el patrullaje y la vigilancia en las calles de tierra de Sifontes.
No obstante, los comerciantes y mineros de la zona expresan que la mayor densidad de funcionarios uniformados no se ha traducido en un alivio económico o de seguridad. Los habitantes describen que, bajo el esquema de control de los antiguos líderes delictivos, existían reglas de convivencia claras, aunque impuestas mediante métodos violentos y arbitrarios. Con la llegada de los nuevos actores institucionales, la actividad comercial ha experimentado una contracción, y los residentes enfrentan un escenario de incertidumbre respecto a las reglas de extorsión y cobro de tasas informales para poder operar en los yacimientos de oro.
La expectativa de un retorno ordenado de corporaciones mineras transnacionales, promovido por las autoridades gubernamentales, es recibida con escepticismo por las comunidades locales, que dependen directamente de la minería artesanal e informal para subsistir en una región donde la infraestructura básica de servicios públicos permanece deteriorada.
Perspectivas del sistema extractivo
La desaparición física de la cúpula del Tren de Aragua en el estado Bolívar evidencia que la remoción de los rostros visibles de la criminalidad organizada no desarticula de manera automática las redes de economía sumergida que sostienen la extracción de recursos en el sur de Venezuela. El flujo de ingresos derivado de la explotación aurífera continúa atrayendo a diversos actores que buscan capturar las rentas del sector.
La reconfiguración de fuerzas en el municipio Sifontes plantea un escenario donde el control de las minas transita de manos de bandas carcelarias a corporaciones de seguridad del Estado y nuevos grupos emergentes. Para los habitantes de Las Claritas y Kilómetro 88, la intervención binacional de junio modificó las jerarquías de mando, pero mantuvo intacto el sistema de coacción que rige la vida cotidiana en las zonas mineras del Arco del Orinoco.