Karelia Espinoza rompió 26 años de silencio para relatar públicamente el abuso sexual del que fue víctima mientras cursaba la carrera de Estudios Políticos y Administrativos en la Universidad Central de Venezuela (UCV). A través de una publicación en la red social X (anteriormente Twitter), identificó a Nicmer Evans y a José Luis González, quienes eran sus compañeros de estudio para la fecha del hecho, como los responsables del agresión ocurrida en marzo del año 2000.
La decisión de divulgar su testimonio surgió tras conocer el caso de una agresión sexual múltiple contra una estudiante de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, según relató la afectada a la fuente del reporte original. Espinoza, quien actualmente tiene 47 años y reside fuera del país, contó con el respaldo de su entorno familiar inmediato, incluyendo a su esposo y a sus dos hijos de 17 y 15 años de edad, antes de emitir la declaración pública.
El relato expone no solo las circunstancias en las que se desarrollaron los hechos, sino también los impactos que sufrió en su salud mental, su desempeño académico y su trayectoria personal durante más de dos décadas de secreto obligado por el estigma social y familiar.
La reconstrucción de los hechos
De acuerdo con el testimonio prestado por la sobreviviente, los hechos ocurrieron una noche de marzo de 2000 en su vivienda. Tras cancelarse un evento social que había planificado con varios compañeros, Nicmer Evans acudió a su residencia. Espinoza indicó que ambos compartieron alimentos y bebidas alcohólicas del bar del inmueble, una dinámica habitual dentro de la relación de amistad que mantenían en el ámbito universitario.
Posteriormente se sumó al encuentro José Luis González. Espinoza señaló que, debido al consumo de alcohol, su estado de sobriedad se vio severamente comprometido, hasta el punto de requerir asistencia física para desplazarse por la casa. El último recuerdo consciente registrado por la víctima esa noche fue retirarse un suéter verde debido al calor.
Al día siguiente, la estudiante despertó sin vestimenta entre ambos hombres, con malestar físico característico de una intoxicación etílica y en estado de conmoción. Luego de solicitarles que abandonaran la vivienda, Espinoza enfrentó las secuelas inmediatas del suceso en el entorno académico de la UCV.
Tras el hecho, la respuesta de los señalados consistió en difundir rumores sobre la vida personal de la víctima en el campus universitario, sugiriendo que se había tratado de un acto de consentimiento múltiple. Espinoza contrapuso esta versión señalando el deber de cuidado que correspondía a sus allegados, afirmando que la reacción adecuada de un amigo ante su estado de ebriedad e inconsciencia habría sido resguardarla y no vulnerar su integridad física y sexual.



