VIDEO: El poderoso discurso de un juez federal de EEUU nacido en Venezuela sobre el daño que hizo Chávez
El juez federal venezolano-estadounidense Roy Altman, designado por Donald Trump en 2019, recordó durante un discurso de graduación cómo Hugo Chávez desmontó las instituciones […]
L
Fuente Original
La Patilla
21 may. 2026
Desde un estrado en Estados Unidos, un juez federal de origen venezolano, Roy Altman, ha compartido una poderosa reflexión sobre los peligros de la inacción ciudadana y la erosión institucional, tomando como telón de fondo la experiencia de Venezuela bajo el gobierno de Hugo Chávez. Su discurso, pronunciado ante graduandos, no solo rememoró la fractura democrática que vivió su país natal, sino que también elevó un llamado universal al servicio público y a la defensa activa de los principios democráticos.
Un Venezolano-Estadounidense en la Judicatura Federal
Roy Altman, magistrado federal designado por el expresidente Donald Trump en 2019, personifica la diáspora venezolana que ha encontrado nuevos horizontes profesionales, pero que mantiene una profunda conexión con sus raíces. Su posición en la judicatura federal estadounidense, un cargo vitalicio que simboliza la independencia y la estabilidad del sistema judicial, le otorga una plataforma única para analizar y comparar realidades políticas. Su reciente intervención pública trascendió el ámbito protocolario de una ceremonia de graduación para convertirse en una advertencia sobre la fragilidad de las instituciones y la vital importancia del compromiso cívico.
La perspectiva de Altman es particularmente relevante al ser un testigo de primera mano de la transformación política de Venezuela. Su relato no es el de un observador distante, sino el de alguien cuyas vivencias familiares se entrelazan con la historia reciente del país caribeño. Esta doble nacionalidad le permite ofrecer una visión matizada, enriquecida por la experiencia de haber vivido de cerca tanto la prosperidad de una república petrolera como su posterior declive institucional.
El Punto de Inflexión en Caracas: Las Protestas de 2003
El magistrado retrotrajo a su audiencia a un momento crítico en la historia venezolana: el año 2003. Fue entonces cuando Altman viajó a Caracas para despedirse de su abuelo, un sobreviviente del Holocausto, en un período de intensa convulsión social y política. Venezuela se encontraba sumida en un clima de protestas masivas y un paro cívico generalizado, mientras Hugo Chávez, ya en el poder, comenzaba a consolidar su control de manera cada vez más autoritaria. La capital era escenario de manifestaciones que reflejaban la creciente polarización y la resistencia de amplios sectores de la sociedad civil frente a lo que percibían como una deriva hacia el autoritarismo.
En aquel contexto de efervescencia social, el gobierno de Chávez enfrentaba desafíos significativos a su legitimidad y a sus intenciones de perpetuarse en el poder. La confrontación entre el ejecutivo y otros poderes públicos, especialmente el judicial, se hizo manifiesta. Altman recordó cómo, en un momento crucial, el Tribunal Supremo de Justicia emitió una decisión que, según sus palabras, impedía a Chávez postularse nuevamente a la presidencia. Esta sentencia, enmarcada en las interpretaciones de la Constitución de 1999, representó un punto de fricción directo entre el poder ejecutivo y la independencia judicial.
La Instrumentalización del Poder Judicial: Un Precedente Peligroso
La respuesta del entonces presidente Chávez a esta decisión judicial marcó un antes y un después en la institucionalidad venezolana. Según Altman, la reacción fue la que cabría esperar de un líder con intenciones autocráticas: "llenó la Corte Suprema con sus amigos". Esta frase encapsula un proceso de desmantelamiento sistemático de la independencia judicial que se materializó en la expansión del número de magistrados del Tribunal Supremo de Justicia y la designación de jueces afines al gobierno.
Históricamente, esta acción se concretó en 2004, cuando la Asamblea Nacional, controlada por el chavismo, aprobó una reforma a la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia que aumentó el número de magistrados de 20 a 32. Esta medida permitió al gobierno nombrar a un gran número de jueces con claras afiliaciones políticas, transformando al máximo tribunal en un apéndice del poder ejecutivo. La consecuencia directa fue la anulación de facto de la separación de poderes, un pilar fundamental de cualquier república democrática. Las decisiones judiciales, en lugar de ser producto de la interpretación imparcial de la ley, comenzaron a reflejar los intereses políticos del gobierno.
Una vez cooptado el poder judicial, se allanó el camino para modificar las reglas del juego democrático a favor de la permanencia de Chávez en la presidencia. Altman destacó cómo, tras esta maniobra, el Tribunal Supremo terminó por autorizar la reelección indefinida, un objetivo que Chávez persiguió con ahínco y que se materializó con la aprobación de una enmienda constitucional en 2009. Esta enmienda eliminó los límites a los mandatos presidenciales, permitiéndole a Chávez mantenerse en el cargo "hasta el día en que muriera", lo cual ocurrió en 2013, tras más de una década en el poder. Este episodio es un claro ejemplo de cómo la manipulación del poder judicial puede ser utilizada para socavar las bases democráticas y consolidar regímenes autoritarios.
La Lección del Abuelo: "Cuando la Gente Buena No Sirve"
En medio de aquel convulso Caracas de 2003, Altman compartió una íntima conversación con su abuelo mientras jugaban ajedrez en el balcón de un apartamento. Abajo, miles de venezolanos protestaban en las calles, un eco de la resistencia ciudadana frente a la erosión de sus libertades. Fue en ese momento que su abuelo, con la sabiduría forjada en la adversidad de haber sobrevivido al Holocausto, le impartió una lección que marcaría su vida: "Recuerda siempre que esto es lo que le pasa a un país cuando la gente buena no sirve".
Esta frase, pronunciada por un hombre que había sido testigo de primera mano de las consecuencias catastróficas de la pasividad y la indiferencia ante el avance del totalitarismo, resuena con una profundidad particular. No es solo una crítica a la inacción, sino un llamado a la responsabilidad cívica. Sugiere que la preservación de la democracia y las instituciones no es una tarea exclusiva de los políticos o los jueces, sino una obligación colectiva. Cuando los ciudadanos íntegros y capaces se abstienen de participar, de alzar su voz o de involucrarse en la vida pública, dejan un vacío que puede ser llenado por fuerzas que buscan desmantelar el orden democrático.
La experiencia de Venezuela sirve como un doloroso recordatorio de esta máxima. La gradual cooptación de las instituciones, la polarización de la sociedad y la erosión de las libertades fundamentales no ocurren de la noche a la mañana. Son procesos que pueden ser acelerados por la apatía, el miedo o la falta de un compromiso activo por parte de aquellos que poseen los valores y la capacidad para defender los principios democráticos.
Un Compromiso con el Servicio Público
La advertencia de su abuelo caló hondo en Roy Altman y, según sus propias palabras, fue determinante en su decisión de dedicarse al servicio público en Estados Unidos. A pesar de las tentaciones de una vida privada más lucrativa o de seguir otros caminos profesionales, Altman optó por una carrera que, aunque exigente, le permitía contribuir activamente a la sociedad. Aceptar una nominación vitalicia como juez federal, un cargo de inmensa responsabilidad y de gran impacto en la administración de justicia, fue la materialización de ese compromiso.
La independencia de la judicatura es un pilar esencial en cualquier Estado de derecho. Al asumir un cargo que lo obliga a aplicar la ley de manera imparcial y a proteger los derechos de los ciudadanos, Altman encarna el ideal de que la "gente buena" sí puede y debe servir a su país. Su trayectoria es un testimonio de cómo las lecciones aprendidas de las tragedias históricas y las crisis políticas pueden catalizar un profundo sentido de deber cívico.
Un Mensaje Universal de Vigilia Democrática
El discurso de Altman culminó con un mensaje directo a los graduandos estadounidenses: "Y lo que ustedes deben saber es que este país realmente vale la pena servirlo". Esta afirmación, aunque dirigida a una audiencia específica, trasciende las fronteras y se convierte en una exhortación universal. La estabilidad y la fortaleza de una nación no son intrínsecas; son el resultado del esfuerzo constante y la dedicación de sus ciudadanos.
La historia de Venezuela, contada a través de la perspectiva personal de un juez federal, se erige como un estudio de caso sobre la vulnerabilidad de las democracias y la imperiosa necesidad de una ciudadanía vigilante y comprometida. El desmantelamiento de las instituciones, la cooptación del poder judicial y la supresión de la disidencia son lecciones que resuenan mucho más allá de las fronteras venezolanas. El llamado de Altman es, en esencia, una invitación a la reflexión y a la acción: a reconocer el valor de la participación cívica, a defender los pilares de la democracia y a entender que el destino de una nación está intrínsecamente ligado al compromiso de sus ciudadanos. Es un recordatorio de que, para que un país prosp