Con este artículo inicio una serie de trabajos cortos sobre lo que hay que hacer en Venezuela si de verdad se quiere cambiar y llegar a recuperar lo que en algún momento fuimos: un país en el que los extranjeros venían a quedarse y hacer familia y un país en el que los venezolanos sentían […]
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Runrun.es
12 may. 2026
El Laberinto Económico Venezolano: Desmontando Mitos para una Reconstrucción Ineludible
Venezuela se encuentra en una encrucijada histórica, sumida en una profunda crisis que ha desmantelado su estructura productiva, erosionado sus instituciones y pulverizado el futuro prometedor que alguna vez caracterizó a la nación. La ruta hacia la recuperación exige una reevaluación radical de las premisas económicas y un plan de acción que trascienda soluciones superficiales, abordando la raíz de la destrucción sistémica que ha marcado las últimas décadas.
La Devastación de un Modelo y la Ausencia de Atajos
La visión de una Venezuela próspera, destino de inmigrantes y tierra de oportunidades para sus ciudadanos, se ha desvanecido en un panorama de colapso. No se trata de una recesión pasajera, sino de la implosión de un modelo que ha borrado la poca institucionalidad existente, desmantelado la precaria base industrial forjada antes de los años ochenta, y dejado en ruinas a empresas que, incluso en tiempos de bonanza, el Estado no pudo sostener. La idea de reflotar estas estructuras de la noche a la mañana o con recursos gubernamentales es una quimera, dada la magnitud de la destrucción y la escasez crónica de capital.
La complejidad de la crisis demanda una comprensión profunda: las soluciones fáciles y los atajos simplemente no existen para un país que ha sido sistemáticamente despojado de sus pilares económicos y sociales. Cualquier plan de reconstrucción debe partir de esta cruda realidad y proponer transformaciones estructurales, no paliativos.
El Gasto Público: ¿Motor o Freno del Desarrollo?
Uno de los pilares de la discusión económica en Venezuela, y quizás el más contraintuitivo para la opinión pública y parte del estamento profesional, es el rol del gasto gubernamental. Contrario a la creencia extendida de que la inversión estatal es el motor de la dinamización económica, la experiencia venezolana sugiere un patrón distinto y preocupante. Un análisis histórico de la relación entre la proporción del gasto público respecto al Producto Interno Bruto (PIB) y el crecimiento de este último, especialmente en el período hasta 1998, revela una correlación negativa: a mayor gasto gubernamental, menor es el crecimiento económico.
Este fenómeno, que desafía la ortodoxia económica tradicional, encuentra explicación en la particular "estructura de producción fragmentada" que, según el economista Ernesto Peltzer, caracteriza a Venezuela. La nación produce materias primas, pero su consumo de bienes finales o incluso de insumos para producir esos bienes de consumo, depende en gran medida de las importaciones. Cuando el gobierno venezolano incrementa su gasto, directa o indirectamente estimula la importación, transfiriendo riqueza y dinamismo a las economías de los países productores, en lugar de fortalecer la capacidad productiva interna. En esencia, el gasto público no multiplica el crecimiento; lo inhibe al desviar recursos hacia el exterior y perpetuar una dependencia estructural.
Esta dinámica explica por qué períodos históricos de mayor austeridad fiscal, como los previos a la gestión de Marcos Pérez Jiménez o la primera administración de Carlos Andrés Pérez (1974-1979), mostraron tasas de crecimiento más robustas. La evidencia sugiere que una reducción drástica del gasto gubernamental es una condición sine qua non para sentar las bases de una recuperación económica sostenible.
La Imperiosa Necesidad de Reducir el Estado
La conclusión ineludible de este análisis es que Venezuela necesita una reducción urgente y sustancial de su gasto público. Sin embargo, esta no es una tarea sencilla ni inmediata. Implica decisiones dolorosas y estratégicas que deben ser cuidadosamente planificadas.
En primer lugar, la disminución del gasto conllevará una inevitable reducción de la nómina gubernamental, lo que se traducirá en desempleo en el sector público. Este proceso, lejos de ser una medida de corto plazo, debe ser parte de una estrategia integral y progresiva, acompañada de la privatización de las empresas que aún permanecen en manos del Estado y la eliminación de oficinas y burocracias innecesarias. La magnitud de la tarea exige una comunicación constante y transparente con la ciudadanía, instruyéndola sobre las razones y los beneficios a largo plazo de estas reformas, para construir el consenso social necesario.
La privatización no solo aliviaría la carga fiscal del Estado, sino que también inyectaría eficiencia y capital fresco a sectores productivos que hoy languidecen bajo la gestión pública. Es un camino largo y complicado, pero indispensable para deslastrar al Estado de funciones que lo han convertido en un lastre para el desarrollo.
Atrayendo Capital: La Estrategia Fiscal Ineludible
En un país descapitalizado como Venezuela, la atracción de inversión, tanto nacional como extranjera, es crucial. Sin embargo, la actual incertidumbre política, jurídica y económica, sumada a una carga impositiva comparable o incluso superior a la de otras naciones, desincentiva cualquier inyección de capital. Para revertir esta tendencia, Venezuela debe transformarse en un destino atractivo para los inversores.
Esto implica una revisión profunda del sistema tributario. La reducción de impuestos —incluyendo aranceles, el Impuesto al Valor Agregado (IVA), el Impuesto Sobre la Renta (ISLR) y hasta los impuestos municipales— se presenta como una estrategia fundamental para estimular la inversión y el crecimiento. La historia ofrece una lección contundente: si bien en 1958 Venezuela fue pionera en imponer gravámenes significativos a las transnacionales petroleras, sentando un precedente en la región, hoy la realidad demanda un giro de 180 grados. El país debe aspirar a ser líder en la reducción de la presión fiscal para competir por el capital global.
La pregunta es retórica: ¿quién invertiría en un país plagado de incertidumbres, con tasas impositivas tan elevadas como en mercados más estables y predecibles? La respuesta es clara y apunta a la necesidad de crear un entorno fiscal competitivo que incentive la llegada de capitales y la generación de riqueza.
El Fantasma de la Deuda y los Desafíos Futuros
Más allá de la reforma del gasto y los incentivos fiscales, el panorama económico venezolano se ve empañado por el abultado problema de la deuda externa. Actualmente en situación de impago (default), su renegociación y eventual resolución representarán un desafío adicional y significativo para las ya precarias finanzas públicas. Este es un tema cuya complejidad merece un análisis detallado por separado, pero que sin duda añadirá presión a la agenda fiscal de cualquier gobierno que aspire a la reconstrucción.
En definitiva, la recuperación de Venezuela no será producto de medidas cosméticas. Exige una transformación profunda de su modelo económico, basada en la reducción del gasto público, la privatización estratégica y una agresiva política de incentivos fiscales para atraer la inversión. Este camino, aunque arduo y políticamente complejo, es el único viable para desandar el camino de la destrucción y reconstruir un futuro de prosperidad para todos los venezolanos.