Recuperar los activos de la corrupción: uno de los retos que enfrentará la transición
Durante el foro online “Rastro del dinero venezolano decomisado a redes corruptas”, organizado por Transparencia Venezuela, se analizó el alcance de la corrupción en Venezuela y las severas dificultades técnicas para lograr que el patrimonio descontado regrese al país, de cara a una transición. La charla evidenció la necesidad que tiene Venezuela de adoptar soluciones
La corrupción en Venezuela ha alcanzado una magnitud sin precedentes globales, superando los 70.000 millones de dólares identificados en expedientes judiciales internacionales, una cifra que contrasta dramáticamente con los escasos 1.300 millones de dólares que han sido efectivamente decomisados de forma definitiva. Esta abismal brecha pone de manifiesto no solo la escala del desfalco, sino también las profundas dificultades técnicas y políticas que enfrenta cualquier esfuerzo por recuperar estos activos, un desafío crítico de cara a una posible transición democrática en el país. Expertos y organizaciones de la sociedad civil, reunidos en un foro organizado por Transparencia Venezuela, alertan sobre la imperiosa necesidad de soluciones institucionales creativas y de una cooperación bilateral que hoy se ve obstaculizada por la falta de una justicia independiente en el territorio nacional.
La Dimensión del Saqueo y el Laberinto de la Recuperación
El informe "El mapa de los decomisos", presentado por Mercedes de Freitas, directora ejecutiva de Transparencia Venezuela, desnuda la colosal escala del desfalco. Basado en expedientes judiciales de diversas naciones, el monto total de la corrupción venezolana supera los 70.000 millones de dólares. Sin embargo, la realidad de la recuperación de estos fondos es desalentadora: hasta la fecha, solo se ha logrado la incautación material de 719 bienes, que en conjunto apenas suman unos 4.000 millones de dólares. Aún más preocupante es que, de esta cantidad, únicamente 287 bienes tienen un decomiso definitivo mediante sentencia, lo que representa poco más de 1.300 millones de dólares.
El resto, unos 432 bienes, permanece en un limbo legal y financiero, una situación directamente atribuible a la opacidad y la sistemática falta de cooperación por parte de las autoridades venezolanas. De Freitas enfatizó que muchos casos internacionales se ven sobreseídos o cerrados, ya sea temporal o definitivamente, porque los tribunales extranjeros que solicitan información a Venezuela simplemente no la reciben. Esta inacción oficial no solo protege a los implicados, sino que también frustra los esfuerzos globales por rastrear y recuperar el patrimonio robado al país. La ausencia de un sistema judicial autónomo y dispuesto a colaborar con instancias internacionales se erige como el principal escollo para la materialización de la justicia y la restitución de los fondos.
Iniciativas Internacionales: El Caso de Estados Unidos y la "Pana Act"
El panorama judicial en Estados Unidos, donde se ha procesado la mayor cantidad de casos relacionados con la corrupción venezolana, fue el foco de la intervención de María Alejandra Márquez, periodista y fundadora de la Fundación para la Iniciativa de la Recuperación de Activos Venezolanos (Inrav). Su organización monitorea de cerca 80 casos dentro del territorio estadounidense, cuyas órdenes de confiscación ascienden a una significativa cifra de 3.900 millones de dólares. De este monto, aproximadamente 600 millones de dólares ya se encuentran en estado líquido, es decir, disponibles como efectivo.
Ante la urgencia de proteger y canalizar estos fondos, Márquez hizo un llamado a impulsar la Ley PANA (Pana Act) en el Congreso de los Estados Unidos. Este proyecto de ley, concebido como una herramienta fundamental contra la corrupción, busca la conformación de un fondo especial destinado a resguardar los bienes recuperados en casos de corrupción venezolana procesados en suelo estadounidense. La visión detrás de la Pana Act es ambiciosa y multifacética, con cuatro propósitos fundamentales: fortalecer la reinstitucionalización y la gobernanza democrática de Venezuela, defender los derechos humanos, apoyar la libertad de los medios independientes y combatir la corrupción. Márquez subrayó que el éxito de esta iniciativa no solo radica en la aprobación de la ley, sino también en la transparencia y la rendición de cuentas post-recuperación, advirtiendo que, sin una vigilancia pública activa, el riesgo de que estos recursos regresen a los círculos corruptos se incrementa exponencialmente. La participación de la sociedad civil en el seguimiento de estos bienes y su retorno es, por tanto, un pilar esencial para garantizar su uso en beneficio de la población.
El Marco Jurídico Global y el Precedente Suizo
Guillermo Jorge, abogado y experto en prevención de lavado de activos, aportó la perspectiva jurídica internacional, destacando cómo las normativas globales para la recuperación de activos varían sustancialmente según el nivel de colaboración del Estado afectado. Un Estado que participa activamente en el proceso judicial facilita la recuperación, mientras que uno que sabotea las investigaciones crea un severo vacío legal. Este último es el escenario que prevalece en el caso venezolano.
Jorge citó el ejemplo de Suiza, un país que ha desarrollado un marco legal robusto para abordar situaciones donde el "Estado víctima" es, en sus palabras, un "Estado fallido" o cuyas instituciones no permiten obtener la evidencia necesaria para los jueces. Suiza implementó primero una orden ejecutiva que luego se convirtió en ley, aplicable a países donde la recuperación de activos es compleja debido a la falta de cooperación institucional. Esta legislación permite que un juez determine la pertenencia de los activos a la nación afectada, incluso sin la colaboración directa de esta. Recientemente, las autoridades suizas congelaron 700 millones de dólares pertenecientes a 36 personas vinculadas al gobierno venezolano. Jorge aclaró que estas acciones no son aleatorias, sino que obedecen al cumplimiento de la ley de lavado de dinero suiza, la cual obliga a las autoridades bancarias a mantener congeladas las cuentas por cinco días tras reportes de operaciones sospechosas, a la espera de una decisión del Ministerio Público Fiscal. En casos de alto perfil, como el de la familia presidencial, es "altamente probable" que se haya ordenado el bloqueo definitivo, basándose incluso en información pública que sugiera un origen ilícito de los fondos.
Un Futuro Incierto: Entre el Pragmatismo y la Reconstrucción Institucional
La recuperación de los activos provenientes de la corrupción venezolana se perfila como una tarea titánica, que exige no solo una voluntad política firme, sino también la implementación de mecanismos legales y financieros innovadores a escala global. La magnitud del desfalco y la resistencia del régimen actual a cooperar con la justicia internacional crean un escenario de extrema complejidad. La experiencia de Transparencia Venezuela, Inrav y expertos como Guillermo Jorge subraya que el camino es largo y plagado de obstáculos.
La necesidad de soluciones institucionales creativas y de doble vía es ineludible. Sin una reforma profunda del sistema judicial venezolano y una disposición genuina a colaborar, la mayoría de los activos robados seguirán fuera del alcance de la justicia y de la población que los necesita. Jorge abogó por un enfoque "pragmático" por encima de la búsqueda de modelos ideales que puedan generar más problemas que soluciones. Este pragmatismo implica la exploración de todas las vías legales y diplomáticas posibles, así como el fomento de alianzas con la sociedad civil para asegurar la transparencia y la rendición de cuentas.
El desafío de la recuperación de activos es, en última instancia, un componente vital para cualquier proceso de reconstrucción nacional y de reinstitucionalización democrática en Venezuela. La restitución de estos fondos no solo representa un acto de justicia, sino también una oportunidad crucial para financiar la recuperación económica, fortalecer las instituciones y sentar las bases para un futuro donde la corrupción no tenga cabida. Sin embargo, la materialización de esta visión exige un compromiso sostenido y coordinado de la comunidad internacional, y, fundamentalmente, la emergencia de un liderazgo en Venezuela dispuesto a desmantelar las redes de corrupción y a priorizar el bienestar de sus ciudadanos.