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Recuperación de termoeléctrica afectada por terremotos tardará un mes y medio, según ministro

Recuperación de termoeléctrica afectada por terremotos tardará un mes y medio, según ministro

La recuperación de Termocarabobo, la termoeléctrica de mayor producción de electricidad en Venezuela afectada por los terremotos, tardará un mes y medio, según informó el ministro de Energía Eléctrica, Rolando Alcalá. La planta tiene una capacidad para producir 600 megavatios, el equivalente al consumo de todo el estado Lara, pero desde el doblete sísmico del

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial17 jul. 2026

La recuperación de Termocarabobo, una de las centrales termoeléctricas más importantes de Venezuela, se extenderá por aproximadamente un mes y medio tras los daños sufridos a raíz de los movimientos sísmicos registrados el 24 de junio. Así lo informó el ministro de Energía Eléctrica, Rolando Alcalá, indicando que la planta, con una capacidad de generación de 600 megavatios, quedó fuera de servicio debido a afectaciones en los aisladores de alta tensión (bushings) de los transformadores de sus cuatro unidades de generación. Esta interrupción agrava la ya compleja situación del Sistema Eléctrico Nacional (SEN) y proyecta una continuidad en los racionamientos y fluctuaciones que afectan a diversas regiones del país.

La central Termocarabobo, cuya producción equivale al consumo total del estado Lara, representa una pieza clave en la infraestructura eléctrica venezolana. La Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) ha anunciado un plan de recuperación progresiva, con la expectativa de energizar una de las cuatro unidades este viernes 17 de junio, para que comience a aportar 150 megavatios al SEN el sábado 18. Las tres unidades restantes se irían incorporando de manera escalonada, con la meta de reintegrar la capacidad total de 600 megavatios antes de que finalice el mes de agosto, según las declaraciones del ministro Alcalá en un video difundido en redes sociales, de acuerdo con reportes de El Pitazo.

El Impacto en un Sistema Eléctrico Frágil

La salida de operación de Termocarabobo se produce en un contexto de vulnerabilidad crónica del sistema eléctrico venezolano. La ausencia de los 600 megavatios que aportaba esta planta incrementa el déficit de generación que ya enfrenta la estatal eléctrica para satisfacer la demanda nacional. El gobernador de Carabobo, Rafael Lacava, atribuyó directamente a esta falla las fluctuaciones y los planes de administración de carga implementados recientemente en la región. No obstante, es un hecho que los cortes del servicio y las interrupciones, que en algunas zonas alcanzan hasta diez horas diarias, se han registrado de manera sistemática desde meses antes de los eventos sísmicos de junio.

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Informes internos de Corpoelec, citados por El Pitazo, revelan que la capacidad de generación eléctrica del país es insuficiente para cubrir una demanda nacional que se estima en torno a los 13.000 megavatios. Esta brecha estructural ha llevado a la implementación de racionamientos que varían en intensidad y duración dependiendo de la región, afectando la calidad de vida de los ciudadanos y la operatividad de los sectores productivos.

La problemática del sistema eléctrico trasciende el incidente de Termocarabobo. Lacava también mencionó, días después de los terremotos, afectaciones en la subestación de Planta Centro, una central que se encuentra inoperativa desde hace varios años. El funcionario indicó que hubo daños en interruptores, los cuales se cayeron. Sin embargo, especialistas en el área, al analizar las imágenes, sugirieron que los daños observados podrían ser consecuencia de la corrosión en los pilares que sostenían los equipos, más que un efecto directo de los sismos, dado que las bases de las estructuras se mantuvieron intactas. Esta observación subraya la tesis de un deterioro prolongado de la infraestructura eléctrica nacional.

Contexto Histórico de la Crisis Eléctrica en Venezuela

La crisis eléctrica en Venezuela no es un fenómeno reciente ni aislado a eventos naturales. Sus raíces se hunden en años de subinversión, falta de mantenimiento, corrupción y una gestión ineficiente que ha mermado progresivamente la capacidad operativa de un sistema que en su momento fue uno de los más robustos de América Latina.

Durante las décadas de los 70 y 80, Venezuela invirtió significativamente en su infraestructura eléctrica, desarrollando un modelo mixto basado en una potente generación hidroeléctrica, principalmente del Guri (Complejo Hidroeléctrico Simón Bolívar), complementada por centrales termoeléctricas distribuidas estratégicamente. Este esquema garantizaba una oferta energética confiable y a bajo costo, sustentando el desarrollo industrial y urbano del país.

Sin embargo, a partir de principios del siglo XXI, la inversión en mantenimiento y expansión de la red comenzó a declinar. Los fondos destinados a la modernización y reparación de plantas, tanto hidroeléctricas como termoeléctricas, fueron insuficientes o mal administrados. La falta de repuestos, la fuga de personal técnico especializado y la politización de la gestión de Corpoelec, empresa que centralizó todas las compañías eléctricas del país, contribuyeron al deterioro progresivo de las instalaciones.

Las termoeléctricas, como Termocarabobo o Planta Centro, que en teoría debían servir como respaldo y fuente de energía constante, especialmente en períodos de sequía que afectan la generación hidroeléctrica, comenzaron a operar muy por debajo de su capacidad instalada o quedaron completamente paralizadas. Los problemas en los ciclos combinados, las turbinas y, como se ha visto, en componentes críticos como transformadores e aisladores, se hicieron recurrentes.

La dependencia excesiva del Guri, que en algunos momentos ha llegado a aportar más del 70% de la energía del país, expuso al sistema a las variaciones climáticas. Los períodos de sequía, magnificados por el fenómeno de El Niño, han provocado descensos críticos en los niveles de los embalses, obligando a racionamientos severos para evitar un colapso total. La incapacidad de las termoeléctricas para compensar esta deficiencia hidroeléctrica ha sido un factor determinante en la profundización de la crisis.

Implicaciones Económicas, Sociales y Políticas

Las implicaciones de la persistente crisis eléctrica, exacerbada ahora por la situación de Termocarabobo, son multifacéticas y profundas para Venezuela.

Económicas: La interrupción del suministro eléctrico afecta directamente la productividad de todos los sectores. Las industrias, especialmente las manufactureras y de servicios, sufren pérdidas por la paralización de maquinaria, daños a equipos sensibles y la imposibilidad de cumplir con cronogramas de producción. El comercio minorista ve mermadas sus ventas debido a la imposibilidad de operar en horas de corte o por la inoperatividad de puntos de venta electrónicos. La agricultura y la ganadería también se ven impactadas por la falta de energía para sistemas de riego, almacenamiento refrigerado o procesamiento. Los hogares, por su parte, incurren en gastos adicionales para mitigar los efectos de los apagones, como la compra de plantas eléctricas, baterías o velas, lo que representa una carga financiera significativa en un país con una economía ya debilitada y una alta inflación. La inestabilidad eléctrica también desalienta cualquier posible inversión extranjera o nacional, al aumentar los costos operativos y la incertidumbre.

Sociales: A nivel social, los apagones constantes deterioran la calidad de vida de los ciudadanos. Afectan el acceso a servicios básicos como el agua potable, ya que muchas bombas y sistemas de potabilización dependen de la electricidad. La educación se ve comprometida cuando los estudiantes no pueden estudiar o acceder a recursos en línea. La seguridad se resiente en calles oscuras y la operatividad de los sistemas de seguridad domiciliarios y públicos se ve afectada. La salud es otro sector gravemente impactado. Hospitales y clínicas dependen de un suministro eléctrico ininterrumpido para mantener equipos médicos, quirófanos y unidades de cuidados intensivos funcionando. Aunque muchos cuentan con plantas de respaldo, su mantenimiento y el suministro de combustible son costosos y a menudo irregulares. La interrupción del suministro eléctrico también afecta la conservación de alimentos y medicamentos que requieren refrigeración, con consecuencias directas para la salud pública. Finalmente, los apagones generan un profundo malestar y frustración en la población, desencadenando protestas locales en diversas comunidades, como las que han resurgido tras los recientes eventos sísmicos y la continuidad de los cortes.

Políticas: Desde una perspectiva política, la crisis eléctrica representa un desafío constante para el gobierno. La incapacidad de garantizar un servicio básico y esencial genera desconfianza y erosiona la legitimidad. Las promesas de solución se han repetido durante años sin resultados tangibles, lo que alimenta el escepticismo de la población. La gestión de la crisis, a menudo caracterizada por la atribución de las fallas a "sabotajes" o "ataques", ha sido criticada por la falta de transparencia y la ausencia de rendición de cuentas sobre la inversión y el mantenimiento del sistema. La dependencia de eventos externos, como los terremotos en este caso, para explicar las deficiencias, aunque válidos en su impacto inmediato, desvía la atención de los problemas estructurales y la responsabilidad en la gestión a largo plazo. La presión social y las protestas, aunque dispersas, son un indicador del descontento que la crisis eléctrica contribuye a mantener en el ambiente político del país.

Conclusión

La recuperación de Termocarabobo es una noticia que, en su esencia, subraya la precariedad del sistema eléctrico venezolano. Si bien la pronta intervención para restaurar la capacidad de la planta es un paso necesario, no aborda las causas profundas de una crisis que se ha gestado durante años de desinversión y mala gestión. Los 600 megavatios de Termocarabobo son cruciales, pero su interrupción ha expuesto una vez más la fragilidad de una red que opera con un déficit crónico y una infraestructura deteriorada.

La promesa de una recuperación en un mes y medio, aunque ofrece un horizonte de esperanza para las regiones afectadas, debe ser vista dentro del contexto de un país que necesita una reforma integral y una inversión sostenida en su sistema eléctrico. La crisis actual no es solo una cuestión técnica; es un reflejo de desafíos económicos, sociales y políticos que requieren soluciones estructurales y a largo plazo para garantizar la estabilidad y el bienestar de los ciudadanos venezolanos. La atención se mantiene sobre Corpoelec y el Ministerio de Energía Eléctrica, mientras la población espera que las promesas de normalización no queden solo en anuncios, sino que se traduzcan en un servicio eléctrico confiable y constante.