Las secuelas emocionales tras el doble evento sismológico registrado en la región centro-norte de Venezuela han comenzado a manifestarse de forma crítica en la población sobreviviente. De acuerdo con los datos preliminares del Centro de Desarrollo y Asesoramiento Humano (CADH) de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), un alto porcentaje de las personas atendidas presenta síntomas de ideación suicida tras la pérdida de familiares y bienes materiales. La emergencia humanitaria derivada de la catástrofe, que registra un balance oficial de 5.546 fallecidos, exige una atención prioritaria en materia de salud mental para evitar que la pérdida de vidas continúe de forma indirecta en las comunidades afectadas, especialmente en el estado La Guaira.
El duelo extremo y la pérdida de la estructura familiar
El impacto de los sismos ocurridos el miércoles 24 de junio no se limita a la destrucción de la infraestructura física, sino que se extiende a la desarticulación completa de núcleos familiares enteros. La psicóloga clínica María Elisa Castillo, quien ejerce como directora del CADH de la UCAB, expuso la gravedad de la situación a través de casos atendidos en el estado La Guaira. Uno de los testimonios recabados por el equipo especializado describe la realidad de un adulto mayor que perdió a su esposa y a sus seis hijos debido al colapso de las estructuras durante los movimientos telúricos.
Este ciudadano, según relató Castillo, manifestó la intención de cesar su existencia una vez que lograra recuperar los restos del último de sus hijos de entre los escombros. Este tipo de declaraciones evidencia cómo el duelo traumático, caracterizado por la pérdida simultánea de múltiples seres queridos y el entorno de soporte vital, anula de forma inmediata las perspectivas de futuro de las víctimas directas. Los especialistas advierten que la desaparición abrupta del entorno familiar inmediato deja a los sobrevivientes en un estado de vulnerabilidad extrema, donde el sentido de la supervivencia se ve severamente comprometido ante la magnitud de la tragedia.
La pérdida abrupta de la totalidad de los miembros de una familia en un evento natural genera lo que la literatura psiquiátrica define como trauma complejo o duelo colectivo en el ámbito privado. En el caso del adulto mayor en La Guaira, la persistencia en la búsqueda de los restos mortales de su último hijo funciona como un mecanismo de postergación del colapso emocional definitivo. Los terapeutas que trabajan en el terreno explican que, en situaciones de desastres naturales de esta magnitud, la primera fase del sobreviviente suele estar dominada por la adrenalina y la necesidad de resolver tareas inmediatas, como la búsqueda de sobrevivientes o la recuperación de pertenencias. No obstante, una vez que cesan estas labores de emergencia, la realidad de la pérdida se impone de manera abrupta, desencadenando crisis depresivas severas y la manifestación explícita de no querer continuar con la vida.



