Periodista Maryorin Méndez relata las últimas horas de Carmen Teresa Navas: «Estaba apagada»
La periodista Maryorin Méndez relató cómo fueron las últimas horas de Carmen Teresa Navas, quien falleció este domingo 17 de mayo en un centro asistencial de Caracas, acompañada por Méndez, el fotoperiodista Rafael Hernández y su hija Desireé Quero. Durante más de un año recorrió cárceles buscando a su hijo, el preso político Víctor Hugo […]
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El Pitazo
18 may. 2026
El Último Aliento de una Madre: Carmen Teresa Navas y la Sombra de la Impunidad en Venezuela
Caracas, Venezuela — El silencio de la noche caraqueña se hizo aún más pesado este domingo 17 de mayo, cuando Carmen Teresa Navas, una madre venezolana cuyo nombre se había convertido en sinónimo de coraje, resistencia y un dolor insondable, exhaló su último aliento. Su partida no fue solo el fin de una vida, sino el trágico epílogo de una búsqueda desesperada, una odisea de 16 meses por las cárceles y despachos del Estado venezolano para hallar a su hijo, el preso político Víctor Hugo Quero, quien, como se confirmó tardíamente, ya había muerto bajo la custodia de los mismos que le negaron su paradero.
La periodista Maryorin Méndez, testigo de sus últimas horas, relató con una mezcla de tristeza y rabia contenida cómo la señora Navas se fue "apagando". Su cuerpo, ya exhausto por la pena y la lucha, cedió apenas diez días después de que el Ministerio para el Servicio Penitenciario confirmara lo que ella temía en lo más profundo de su ser: que su hijo había fallecido el 24 de julio de 2025. El relato de Méndez es el de un desenlace previsible, pero no por ello menos desgarrador, para una mujer que vivió y murió bajo el yugo de la incertidumbre y la crueldad institucional.
El Desgaste de la Esperanza: Las Últimas Horas de Carmen Navas
Maryorin Méndez, junto al fotoperiodista Rafael Hernández y Desireé Quero, hija de Carmen Teresa, acompañaron a la señora Navas en el hospital. La noche del sábado 16 de mayo, Carmen comenzó a sentirse mal. Tras recibir atención médica y ser dada de alta, su deseo inquebrantable fue volver a su hogar, a la intimidad de su espacio, quizás buscando consuelo en la familiaridad de lo poco que le quedaba. “Estaba muy apagada”, recordaría Méndez, una frase que encapsula no solo su estado físico, sino el agotamiento de un espíritu que había luchado contra molinos de viento durante demasiado tiempo.
La mañana del domingo 17, el decaimiento se acentuó. La falta de apetito, una debilidad generalizada y, finalmente, la dificultad para respirar, la obligaron a un nuevo traslado a un centro asistencial. A las 7:00 p.m., el corazón de Carmen Teresa Navas dejó de latir. Su muerte, para quienes la conocieron y siguieron su calvario, no fue una simple fatalidad médica; fue el resultado directo de un sistema que la despojó de su hijo, de su paz y, finalmente, de su propia vida, al negarle la verdad y la justicia.
La historia de Carmen Navas es un eco doloroso de la realidad que enfrentan cientos de familias en Venezuela. Madres, padres, hermanos y esposas se ven obligados a emprender peregrinaciones interminables por comisarías, tribunales, cárceles y morgues, buscando a seres queridos que desaparecen en el laberinto de la represión estatal. La negación sistemática de información, la dilación procesal y el ocultamiento de la verdad son tácticas recurrentes que no solo violan los derechos humanos más elementales, sino que también ejercen una tortura psicológica prolongada sobre los familiares.
Víctor Hugo Quero: Una Desaparición Forzada y una Muerte Ignorada
El calvario de Carmen Teresa Navas comenzó el 1 de enero de 2025, cuando su hijo, Víctor Hugo Quero, fue detenido en Plaza Venezuela por funcionarios de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM). Este organismo, tristemente célebre por sus métodos brutales y por ser el principal brazo ejecutor de la represión política en Venezuela, se ha convertido en un símbolo de la persecución y la violación sistemática de los derechos humanos.
Durante más de un año, Carmen Teresa recorrió infinidad de centros de detención: El Helicoide, la sede de la DGCIM en Boleíta, La Yaguara, Rodeo I, entre otros. En cada lugar, la respuesta era la misma: la negación. Las autoridades aseguraban no tener a Víctor Hugo Quero bajo su custodia, a pesar de los testimonios de otros detenidos que afirmaban haberlo visto, incluso enfermo, en esos mismos recintos. Esta práctica de la negación, conocida como desaparición forzada en la jerga de los derechos humanos, es una de las más crueles violaciones, ya que mantiene a los familiares en un estado perpetuo de angustia y desesperación, sin saber si su ser querido está vivo o muerto, dónde está o en qué condiciones.
Finalmente, el régimen chavista informó, de manera tardía y cínica, que Víctor Hugo Quero había muerto el 24 de julio de 2025, tras ser hospitalizado en el Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo. La versión oficial, aún más hiriente, alegaba que había sido sepultado días después porque "no había familiares reclamándolo". Esta afirmación es una afrenta directa a la memoria de Carmen Navas y a la incansable búsqueda que emprendió, una búsqueda que fue documentada por periodistas y organizaciones de derechos humanos, y que desmiente categóricamente la versión estatal. La verdad, para las autoridades, parecía ser una mercancía escasa y manipulable, mientras que para Carmen, era la única luz en su oscuridad.
El caso de Víctor Hugo Quero no es un incidente aislado. Se suma a una lista creciente de muertes bajo custodia del Estado venezolano, donde la falta de condiciones humanitarias, la tortura, la negligencia médica y la impunidad son la norma. Estos casos han sido documentados por la Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela de la ONU, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la OEA y numerosas organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales. Dichos informes han señalado la existencia de un patrón de graves violaciones de derechos humanos, incluyendo ejecuciones extrajudiciales, torturas y desapariciones forzadas, con poca o ninguna rendición de cuentas por parte de los responsables.
La Crueldad Institucional y la Impunidad: Un Ataque a la Dignidad
La muerte de Carmen Navas ha desatado una ola de condena y dolor entre la dirigencia política opositora y las organizaciones defensoras de derechos humanos en Venezuela. Las reacciones no solo lamentan su fallecimiento, sino que denuncian abiertamente la "crueldad" y la "impunidad" que caracterizan al Estado venezolano.
María Corina Machado, líder opositora, afirmó que Carmen "convirtió el dolor en coraje" y que su muerte "no puede separarse del sufrimiento y la impunidad" que marcaron sus últimos meses. Esta declaración subraya la conexión intrínseca entre la tragedia personal de Carmen Navas y el contexto político y social del país. Su dolor no era solo el de una madre, sino el de una nación que ve cómo se desmantelan los principios de justicia y humanidad.
Desde Vente Venezuela, el partido al que pertenece Machado, se calificó a Carmen Navas como víctima "de la crueldad más pura del régimen", denunciando que las autoridades la obligaron a buscar a su hijo "durante meses sabiendo que ya estaba muerto". Esta acusación directa señala la intencionalidad de la tortura psicológica, una estrategia de desgaste que busca no solo silenciar la disidencia, sino también quebrar el espíritu de los familiares.
Óscar Murillo, coordinador general de Provea, una de las organizaciones de derechos humanos más respetadas de Venezuela, destacó que la historia de Carmen Navas se ha convertido en un "símbolo de la lucha por la dignidad" y que dejó al descubierto "la saña institucional" en el país. La "saña institucional" es una descripción precisa de un sistema que no solo es negligente o ineficaz, sino activamente hostil y cruel hacia sus ciudadanos, especialmente aquellos percibidos como adversarios políticos.
Delsa Solórzano, dirigente política, recordó que Carmen murió esperando respuestas y cuestionó la falta de resultados de la investigación oficial, anunciada diez días antes, sobre la muerte de Víctor Hugo Quero. Esta falta de transparencia y la ausencia de justicia son características recurrentes en Venezuela, donde los mecanismos de investigación y judicialización se encuentran cooptados o son inoperantes para los casos que involucran violaciones de derechos humanos por parte del Estado.
Voluntad Popular y Juan Pablo Guanipa también expresaron su pesar, destacando la "peregrinación" de Carmen Navas y denunciando la burla cínica del régimen hacia el dolor de una madre. Estas reacciones colectivas no son meras condolencias; son un grito de denuncia que busca romper el cerco del silencio y la indiferencia, y recordar que detrás de cada cifra hay una historia humana de sufrimiento y resistencia.
Implicaciones de una Tragedia Anunciada
La muerte de Carmen Teresa Navas, en estas circunstancias, tiene profundas implicaciones para la sociedad venezolana y para el ya deteriorado estado de derecho en el país.
A nivel social, el caso de Carmen Navas profundiza la herida colectiva. Cada historia de desaparición, tortura o muerte bajo custodia estatal siembra miedo y desconfianza, pero también alimenta la indignación y la resistencia. Las madres venezolanas, históricamente pilares de la sociedad, se han convertido en la vanguardia de la lucha por los derechos humanos, llevando sobre sus hombros el peso de la búsqueda y la denuncia en un entorno adverso. La muerte de Carmen es un golpe, pero también un recordatorio de que la dignidad humana no puede ser silenciada.
Políticamente, este episodio expone una vez más la estrategia del régimen de Nicolás Maduro de utilizar el terror y la impunidad como herramientas de control. La negación de información, la tortura psicológica a los familiares y la falta de rendición de cuentas no son errores, sino componentes de una política de Estado diseñada para desmovilizar a la oposición y disuadir cualquier forma de disidencia. Sin embargo, casos como el de Carmen Navas, lejos de silenciar, movilizan la conciencia nacional e internacional, manteniendo viva la llama de la denuncia y la exigencia de un cambio democrático.
En el ámbito de los derechos humanos, la tragedia de Carmen Navas es un ejemplo paradigmático de múltiples violaciones: el derecho a la vida (de Víctor Hugo), el derecho a la verdad, a la justicia, a un debido proceso, y el derecho de los familiares a no ser sometidos a tratos crueles, inhumanos y degradantes. La impunidad en estos casos no solo perpetúa el ciclo de violencia, sino que desmantela las instituciones que deberían proteger a los ciudadanos, enviando un mensaje peligroso sobre la nula consecuencia de tales acciones.
Para el periodismo independiente, el caso de Carmen Navas subraya la vital importancia de nuestra labor. En un país donde las fuentes oficiales mienten o guardan silencio, y donde la censura y la autocensura son herramientas de control, la valentía de periodistas como Maryorin Méndez y medios como "Libertad VZLA" se vuelve indispensable. Somos los ojos y la voz de aquellos que el Estado pretende invisibilizar, los narradores de verdades incómodas que deben ser contadas para que la memoria no sea borrada y la justicia, algún día, prevalezca.
Un Clamor por la Justicia que No Debe Apagarse
La historia de Carmen Teresa Navas es un testamento al sufrimiento de un pueblo y a la resiliencia de quienes se niegan a ser doblegados. Su muerte, marcada por la tristeza y la injusticia, es un llamado urgente a la conciencia de Venezuela y del mundo. No podemos permitir que su vida y la de su hijo sean olvidadas, ni que sus muertes queden impunes.
"Libertad VZLA" se compromete a seguir documentando cada caso, cada desaparición, cada muerte bajo