«Destruir a una familia por 23 años no tiene perdón de Dios»: el reclamo de la tía del expolicía Erasmo Bolívar
Caracas.- Tras 23 años de prisión, Erasmo Bolívar y otros dos exfuncionarios de la extinta Policía Metropolitana recuperaron su libertad, luego de haber sido condenados por los hechos del 11 de abril de 2002. Para María Isabel Bolívar, tía del expolicía y una de las principales voceras de su familia durante más de dos décadas,
Caracas, Venezuela — "Destruir a una familia por 23 años no tiene perdón de Dios". La voz de María Isabel Bolívar, cargada de la resiliencia forjada en más de dos décadas de lucha, resuena como un eco de dolor y esperanza en el panorama venezolano. Su sobrino, Erasmo Bolívar, junto a otros dos exfuncionarios de la extinta Policía Metropolitana (PM), ha recuperado finalmente la libertad tras 23 años de prisión, condenados por los turbulentos hechos del 11 de abril de 2002. Esta excarcelación, largamente esperada y percibida por muchos como una liberación política, no solo representa un alivio para los directamente afectados, sino que también reabre el debate sobre la justicia, la verdad y las profundas cicatrices que el conflicto político ha dejado en el país.
Para María Isabel, quien se convirtió en la principal vocera de su familia durante este calvario, la liberación es un milagro que le costó creer. Tras años de promesas incumplidas y beneficios negados "de una manera inhumana", la confirmación oficial por parte de Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, fue la única señal que pudo disipar la incredulidad. "Dije, Dios mío, gracias, es cierto", relató en una entrevista con César Batiz. Sin embargo, este ansiado reencuentro con la libertad no borra el impacto devastador de una condena que, según ella, "destruyó la vida de varias generaciones" y que, a su juicio, fue una "farsa" orquestada desde las más altas esferas del poder.
El 11 de Abril de 2002: Un Parteaguas en la Historia Venezolana
Para comprender la magnitud del caso de Erasmo Bolívar y sus compañeros, es indispensable retroceder al 11 de abril de 2002, una fecha grabada a fuego en la memoria colectiva venezolana. Aquel día, una masiva movilización opositora que marchaba hacia el Palacio de Miraflores fue dispersada por disparos que dejaron un saldo de muertos y heridos, tanto de manifestantes como de simpatizantes del gobierno. Estos eventos desencadenaron una breve interrupción del hilo constitucional, con la salida momentánea del entonces presidente Hugo Chávez, para luego ser restituido en el poder dos días después.
Desde el retorno de Chávez, la narrativa oficial construyó un relato inamovible: los sucesos del 11A fueron un "golpe de Estado fascista" orquestado por la derecha y apoyado por "policías asesinos". En este contexto de polarización extrema y búsqueda de responsables, los funcionarios de la Policía Metropolitana se convirtieron en el chivo expiatorio perfecto. Erasmo Bolívar, según su tía María Isabel, era un agente recién incorporado a la PM, asignado ese día a una ambulancia con la función de "atender a las personas heridas, o sea, auxiliar a la gente, protegerla". Esta versión contrasta drásticamente con la imagen de "policía golpista y asesino" que el Estado se encargó de proyectar sobre él y sus colegas.
El juicio que siguió a estos eventos fue ampliamente cuestionado por organizaciones de derechos humanos nacionales e internacionales, así como por la oposición política, quienes denunciaron numerosas irregularidades y la falta de garantías al debido proceso. La condena de Bolívar y otros funcionarios de la PM fue vista por muchos como una decisión política, destinada a cimentar la narrativa gubernamental y a castigar ejemplarmente a quienes fueron presentados como responsables de la violencia.
Un Proceso Judicial Marcado por la Política y la Lucha Familiar
La tía de Erasmo Bolívar no titubea al calificar el proceso judicial como una "farsa", un "circo" donde las decisiones ya estaban tomadas de antemano. Mencionó con precisión el nombre de la jueza, Marjorie Calderón, y la supuesta parcialidad de los jurados, a quienes describió como "chavistas". Incluso, relató cómo una funcionaria del tribunal le advirtió antes del inicio del proceso: "Señora, a ellos lo van a sentenciar", confirmando la percepción de que el veredicto era una orden política, atribuida directamente al expresidente Hugo Chávez.
Durante 23 años, María Isabel encabezó una defensa incansable, un peregrinaje por tribunales y cárceles, enfrentando la burocracia, la indiferencia y la hostilidad. La fe y la inmensa solidaridad de familiares y amigos fueron su principal sostén. "Tuve una suerte inmensa de tener mucha gente buena, gente maravillosa, que cuando yo me sentía que ya no podía más, ellos me tendían la mano y me sacaban a flote", afirmó. Esta red de apoyo fue crucial para mantener viva la esperanza en un sistema de justicia que, según su testimonio y el de muchos otros casos en Venezuela, a menudo parece responder más a intereses políticos que a la estricta aplicación de la ley.
La larga espera y las falsas alarmas de liberación generaron un desgaste emocional y físico incalculable. La vida de Erasmo, su hija Adriana, su esposa y toda su familia quedó en pausa, atrapada en un limbo judicial. La excarcelación, que coincidió con el cumpleaños de su hija, se convirtió en el "mejor regalo posible", un reencuentro que, aunque agridulce, marca el inicio de una nueva etapa.
Implicaciones Políticas, Sociales y Jurídicas de una Libertad Tardía
La liberación de Erasmo Bolívar y sus compañeros, después de más de dos décadas, no puede analizarse fuera del complejo entramado político actual de Venezuela. Este tipo de excarcelaciones, a menudo presentadas como "gestos humanitarios" o "avances en el diálogo", suelen ocurrir en momentos de negociación política, presiones internacionales o en vísperas de procesos electorales. En un año electoral, donde el gobierno busca proyectar una imagen de apertura y cumplimiento de acuerdos, la liberación de figuras emblemáticas, consideradas por muchos como "presos políticos", podría interpretarse como una estrategia para aliviar tensiones y mejorar su posición ante la comunidad internacional.
Desde la perspectiva de los derechos humanos, el caso de Erasmo Bolívar es un recordatorio crudo de la politización del sistema de justicia en Venezuela. Las denuncias de juicios viciados, falta de debido proceso y sentencias dictadas por motivos políticos son una constante en los informes de organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales. La afirmación de María Isabel Bolívar de que "todo era una farsa" no es un caso aislado, sino que resuena con innumerables testimonios de víctimas y sus familiares que han enfrentado un sistema judicial que, en vez de garantizar la justicia, se convierte en un instrumento de persecución política.
El impacto social es incalculable. Veintitrés años de prisión no solo afectan al individuo, sino que "destruyen a una familia", dejando cicatrices emocionales, económicas y sociales que perduran por generaciones. La hija de Erasmo creció sin su padre, su esposa vivió en la incertidumbre, y su tía dedicó gran parte de su vida a esta lucha. Este daño "irreparable", como lo califica María Isabel, es una consecuencia directa de un sistema que, al no garantizar la justicia imparcial, prolonga el sufrimiento y erosiona la confianza en las instituciones.
Jurídicamente, la excarcelación, aunque bienvenida, no implica una revisión de la sentencia original ni una anulación de la condena. Esto significa que, a pesar de la libertad, la "verdad" oficial sobre el 11A y la responsabilidad de los exfuncionarios sigue intacta en el expediente judicial. Para que haya una verdadera justicia, no basta con la liberación; es necesario un proceso de revisión que establezca la verdad de lo ocurrido, identifique a los verdaderos responsables –si los hubo– y, sobre todo, garantice que los errores y abusos del pasado no se repitan. La demanda de María Isabel Bolívar de que "los responsables deben responder ante la justicia" es un llamado a la rendición de cuentas, no solo por los hechos del 11A, sino por la manipulación del sistema judicial que mantuvo a su sobrino y a otros en prisión por más de dos décadas.
El Desafío de la Reconciliación y la Justicia en Venezuela
La libertad de Erasmo Bolívar es un respiro, un pequeño paso en el tortuoso camino de Venezuela hacia la justicia y la reconciliación. Su historia es un testimonio de la resiliencia humana frente a la adversidad, pero también un potente recordatorio de las profundas heridas que persisten en la sociedad venezolana. El expolicía sale "libre de rencor", con deseos de trabajar y reencontrarse con su familia, pero el clamor de su tía por una justicia que no solo libere, sino que también repare y castigue a los verdaderos responsables, sigue siendo una deuda pendiente.
En "Libertad VZLA", creemos firmemente que la verdad y la justicia son pilares inquebrantables para la construcción de una sociedad democrática y reconciliada. La historia de Erasmo Bolívar, y la de tantos otros venezolanos que han sufrido las consecuencias de la politización de la justicia, debe servir como un espejo para reflexionar sobre el pasado y sentar las bases de un futuro donde ningún ciudadano sea víctima de un sistema manipulado por el poder. La lucha de María Isabel Bolívar, que ha trascendido generaciones, es un faro que ilumina la necesidad imperante de una reforma judicial profunda y de un compromiso inquebrantable con el debido proceso y los derechos humanos, para que la frase "destruir a una familia por 23 años no tiene perdón de Dios" jamás tenga que volver a ser pronunciada en nuestra nación. La libertad de unos pocos es un alivio, pero la justicia para todos sigue siendo el verdadero anhelo de Venezuela.