Jonathan Carrillo, último periodista judicializado, exige justicia: “Soy inocente y pido libertad plena”

Caracas.- Luego de permanecer tres años, siete meses y seis días privado de libertad y enfrentar actualmente un régimen de presentación bajo medidas cautelares, el estudiante de Comunicación Social Jonathan Carrillo exigió este lunes 19 de octubre el sobreseimiento de su causa y su libertad plena ante los tribunales de Caracas. Carrillo representa el último

Redacción Libertad VZLA
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Equipo editorial19 oct. 2026

El estudiante de Comunicación Social Jonathan Carrillo, de 28 años, acudió al Palacio de Justicia en Caracas para exigir el sobreseimiento de su causa y el otorgamiento de su libertad plena. Carrillo, quien estuvo privado de libertad durante tres años, siete meses y seis días, es considerado el último profesional o estudiante del área de la comunicación que mantiene un expediente judicial abierto en el país, según el registro de organizaciones de derechos humanos y gremios periodísticos.

Actualmente, el estudiante cursa el noveno semestre de la carrera universitarias y se encuentra bajo un régimen de medidas cautelares sustitutivas acordado el pasado 26 de febrero. Dichas medidas le prohíben la salida del territorio nacional y le imponen la obligación de presentarse de manera periódica ante los tribunales correspondientes.

La detención de Carrillo ocurrió el 20 de julio de 2022 en las instalaciones del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, en el estado La Guaira, a manos de funcionarios del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN). Posterior a su aprehensión, la defensa y sus allegados denunciaron un periodo de desaparición forzada temporal antes de confirmarse su traslado a la sede del SEBIN en El Helicoide y, posteriormente, al Centro Penitenciario Yare II, lugares donde permaneció recluido y en los cuales denunció haber sido víctima de tratos crueles, inhumanos y degradantes.

Al presentarse a la séptima audiencia de su juicio oral y público, Carrillo reafirmó su inocencia ante los medios de comunicación y las organizaciones que acompañan su caso, señalando que la interrupción forzada de sus actividades académicas se debió a un procedimiento arbitrario en el momento en que se encontraba próximo a obtener su título universitario.

Cronología de las irregularidades y retardo procesal

El expediente tramitado en contra de Jonathan Carrillo contempla cinco cargos penales: migración ilícita, usurpación de funciones, uso de documento público falso, forjamiento de documentos públicos y asociación para delinquir. Las autoridades del Ministerio Público vincularon estos delitos con una presunta logística para el ingreso irregular de un ciudadano extranjero al país.

A lo largo de los casi cuatro años que ha tomado el proceso judicial, la defensa técnica ha documentado faltas al debido proceso y dilataciones injustificadas. La audiencia preliminar debió ser reprogramada y ejecutada en cuatro oportunidades distintas y en jurisdicciones diferentes. Dos de estos actos se celebraron en tribunales ordinarios del estado La Guaira y otros dos ante los Tribunales con Competencia en Materia de Terrorismo radicados en Caracas.

En ese sentido, el caso permaneció asignado durante dos años y siete meses al Tribunal Tercero de Primera Instancia en Funciones de Juicio con Competencia en Casos Vinculados al Terrorismo, a cargo de la jueza Alejandra Romero. Durante este lapso, según las declaraciones prestadas por el imputado, no se realizaron las actuaciones ni las diligencias de investigación orientadas a comprobar la veracidad de las acusaciones o el esclarecimiento de los hechos.

Carrillo detalló asimismo que, durante una de las fases desarrolladas en la jurisdicción de La Guaira, las autoridades judiciales le propusieron someterse a un procedimiento de admisión de hechos o negociación procesal, propuesta que fue rechazada por el estudiante argumentando la ausencia de responsabilidad penal en los actos imputados.

El juicio formal se inició el 29 de junio del presente año. Desde esa fecha, el debate oral ha registrado suspensiones continuas. De un total de nueve funcionarios del SEBIN promovidos por la fiscalía en calidad de testigos promovidos para sustentar la acusación, únicamente dos han acudido a declarar. Dichas comparecencias se concretaron el 7 de octubre durante la sexta audiencia del proceso.

De acuerdo con lo expuesto por el procesado y sus representantes legales, las declaraciones rendidas por los funcionarios actuantes no aportaron elementos que permitan vincular directamente a Carrillo con la comisión de los cinco delitos atribuidos. Asimismo, la defensa privada denunció que solo se le permitió formalizar su juramentación y acceder a la totalidad de las actas procesales cuatro años después de iniciada la investigación, constatando la carencia de pruebas de convicción en las actas de la fiscalía.

A las puertas del juzgado, Carrillo cuestionó la aplicación de la legislación antiterrorista y la Ley contra el Odio en casos vinculados a la libertad de expresión e información, señalando que el ejercicio periodístico o la formación en el área de la comunicación social no constituyen tipos penales, por lo que instó a revisar las garantías constitucionales que protegen el debido proceso en la República.

Consecuencias personales, familiares y del entorno gremial

La dilación de los juicios penales genera un desgaste severo en la estructura familiar de los ciudadanos sometidos a medidas cautelares u órdenes de aprehensión. María Jiménez, madre de Jonathan Carrillo, debió trasladarse desde el estado Bolívar hasta la ciudad de Caracas para asumir el seguimiento directo de las incidencias judiciales y denunciar las condiciones de detención de su hijo.

Jiménez manifestó que el encarcelamiento y las restricciones posteriores afectaron la estabilidad económica y la salud emocional de su núcleo familiar. Detalló que las exigencias para el mantenimiento de un privado de libertad en los centros de reclusión del país implican gastos constantes en traslado, alimentación y medicinas, aunado al impacto psicológico generado por la incertidumbre jurídica. La madre reiteró la exigencia de emitir la absolución definitiva para cerrar el expediente iniciado en 2022.

Desde el punto de vista institucional y gremial, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) y la organización no gubernamental Espacio Público han llevado el registro de este expediente. Las cifras consolidadas por estas organizaciones indican que Carrillo permanece como la última persona procesada judicialmente vinculada al área comunicacional, dentro de un grupo de más de 40 trabajadores de la prensa que mantenían investigaciones abiertas o medidas restrictivas a principios del presente año.

Carlos Correa, director ejecutivo de Espacio Público, enfatizó la necesidad de que los órganos de administración de justicia emitan el sobreseimiento formal. Según la valoración de la ONG, la persecución penal y el uso de tribunales con competencias especiales han sido utilizados como herramientas de amedrentamiento hacia los profesionales de la comunicación. Correa apuntó que la extinción formal de estas causas penales representa un paso indispensable para la restitución de las garantías del ejercicio periodístico y el cese del temor a detenciones arbitrarias entre los profesionales del sector.

Implicaciones para la libertad de prensa y el debido proceso

El caso de Jonathan Carrillo sintetiza los patrones observados por organismos internacionales en relación con el sistema judicial venezolano. El uso recurrente de la detención preventiva prolongada sin acusaciones firmes, la fragmentación de audiencias y la intervención de jurisdicciones especiales en delitos ordinarios o administrativos contravienen los estándares fijados en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y en la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

La figura de las medidas cautelares sustitutivas, aunque permite al procesado abandonar los centros de reclusión, mantiene la limitación de derechos fundamentales como el libre tránsito, la inserción laboral plena y el desarrollo de actividades académicas. Para la comunidad universitaria y los sectores gremiales, la resolución definitiva de este expediente sienta un precedente sobre el estatus de la libertad de expresión en el país, en un contexto donde el cierre de procesos judiciales pendientes es exigido por diversas instancias de protección de derechos humanos para garantizar el ejercicio del periodismo sin condicionamientos estatrales.

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