Estudiantes de la Universidad Marítima: “Creímos que moriríamos con los terremotos”

Estudiantes de la Universidad Marítima: “Creímos que moriríamos con los terremotos”

Las historias de quienes sobrevivieron a los terremotos muestran cómo en medio del miedo a morir y de sentir que vivieron una película de terror, la fe y la esperanza los acompañaron en todo momento. Los relatos de los estudiantes reflejan cómo la amistad también salva vidas Por Lorena Bornacelly Todos tienen una historia o

Redacción Libertad VZLA
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Equipo editorial26 jul. 2026

Los movimientos telúricos registrados el pasado 24 de junio en el estado La Guaira dejaron profundas secuelas físicas, materiales y emocionales en la población. Entre los sectores más afectados se encuentran los jóvenes del interior del país que se trasladan a la región costera para cursar estudios superiores. De acuerdo con testimonios recabados por el medio digital El Pitazo, estudiantes de la Universidad Marítima del Caribe (UMC) enfrentaron el desplome de sus residencias, la pérdida de pertenencias y el fallecimiento de compañeros de clases en medio del desastre.

La UMC, ubicada en la parroquia Catia La Mar, es la principal institución de educación superior encargada de formar a los profesionales del sector marítimo y naval de Venezuela. Muchos de sus cursantes provienen de estados andinos como Táchira, tras egresar de instituciones como el Liceo Militar Jáuregui en La Grita, y se establecen en las zonas residenciales de Playa Grande y Catia La Mar para continuar su formación académica.

El impacto en Playa Grande y la pérdida de infraestructura

El sector de Playa Grande, una de las zonas residenciales adyacentes a la universidad, registró graves daños estructurales durante el evento sísmico. María Daniela Moncada, estudiante de 20 años originaria de La Grita, relató a El Pitazo que se encontraba en su apartamento junto a sus primos en el momento del sismo. El complejo habitacional donde residía constaba de cuatro torres, de las cuales tres colapsaron por completo debido a la intensidad del movimiento.

Moncada describió que el polvo generado por el desplome de las estructuras redujo la visibilidad a menos de diez metros de distancia. Tras el sismo principal, se registraron explosiones e incendios en edificaciones cercanas, lo que incrementó el pánico ante el temor de posibles réplicas o de un evento marino adverso debido a la cercanía con la línea costera. La estudiante perdió la totalidad de sus pertenencias, logrando recuperar únicamente su computadora portátil, herramienta esencial para sus estudios de comercio internacional.

La infraestructura de la propia Universidad Marítima del Caribe también sufrió daños de consideración. Los reportes estudiantiles confirmaron la caída del icónico faro de la institución, una estructura emblemática para la comunidad académica y la Marina Mercante nacional. Adicionalmente, las actividades académicas debieron suspenderse debido a los daños estructurales y a la pérdida de vidas dentro de la comunidad universitaria.

Desplazamientos de emergencia y colapso de servicios

El sismo provocó la interrupción inmediata de los servicios de energía eléctrica y telecomunicaciones en gran parte del estado La Guaira, lo que dificultó las labores de rescate y la confirmación del estado de las víctimas por parte de sus familiares en otras regiones del país. Kleyder Urbina, estudiante de 19 años oriundo de Seboruco, estado Táchira, se encontraba retornando de Caracas hacia Catia La Mar cuando ocurrió el segundo temblor.

Según su testimonio provisto a El Pitazo, el transporte público en el que se trasladaba estuvo cerca de volcarse por la fuerza del movimiento. Ante la imposibilidad de retornar a su vivienda en las zonas altas debido a la suspensión del transporte rústico, Urbina y otros compañeros de la UMC se refugiaron en el estadio de béisbol de la localidad, considerado un espacio abierto seguro frente a las réplicas.

La falta de conectividad telefónica generó desinformación en las horas posteriores al suceso. Urbina señaló que, al lograr encender su teléfono tras restablecerse temporalmente el servicio en su zona, constató que su fotografía circulaba en redes sociales bajo el estatus de desaparecido. Ante los rumores de alertas de tsunami y la inestabilidad de la zona, el joven optó por trasladarse a pie hacia la autopista Caracas-La Guaira para buscar refugio con familiares en la capital y, posteriormente, retornar a su estado natal en el occidente del país.

El impacto psicológico y el duelo de los sobrevivientes

La experiencia del desastre natural ha dejado secuelas psicológicas persistentes en los sobrevivientes, caracterizadas por trastornos de ansiedad, hipervigilancia y estrés postraumático. Yorleni Sánchez, de 19 años, relató a El Pitazo el proceso de evacuación del anexo donde residía en Playa Grande. La joven, quien se encontraba convaleciente por un cuadro viral, debió abandonar la estructura en medio de la pérdida de las escaleras de acceso y una densa nube de polvo.

Sánchez, quien actualmente recibe atención terapéutica debido a constantes ataques de pánico, describió la dificultad de procesar el retorno a su hogar en La Grita y la posterior confirmación del fallecimiento de una de sus amigas más cercanas debido al sismo. Las reacciones de sobresalto ante ruidos cotidianos, como el viento sobre láminas de techo o sonidos fuertes, son comunes entre los jóvenes que lograron evacuar la zona del desastre.

A pesar de la paralización de sus proyectos académicos, los estudiantes sobrevivientes han canalizado parte de su proceso de recuperación a través de actividades de apoyo humanitario. El grupo de estudiantes retornados al estado Táchira organizó jornadas de recolección de insumos médicos, alimentos no perecederos y prendas de vestir en la localidad de La Grita, con el fin de enviarlos a las familias damnificadas que permanecen en el estado La Guaira. Asimismo, la UMC ha funcionado temporalmente como centro de acopio y coordinación de asistencia para las comunidades afectadas de la costa central.

Implicaciones para el sector educativo y la Marina Mercante

La paralización de las actividades en la Universidad Marítima del Caribe representa un revés para la formación de oficiales de la Marina Mercante en Venezuela. Esta institución es clave para el desarrollo del comercio exterior y el transporte marítimo del país. La pérdida de infraestructura física, sumada al desplazamiento forzoso de decenas de estudiantes de bajos recursos hacia sus estados de origen, plantea interrogantes sobre la continuidad del período académico y la capacidad de la institución para reconstruir sus espacios de enseñanza.

El retorno de estos jóvenes a sus regiones de origen, bajo condiciones de trauma emocional y pérdida material, resalta la vulnerabilidad de la población estudiantil interna en Venezuela, que carece de redes de apoyo económico sólidas ante emergencias de gran escala. Mientras las autoridades evalúan los daños estructurales en el litoral central, la comunidad estudiantil de la UMC se debate entre la incertidumbre sobre su futuro profesional y la necesidad de atención psicológica a largo plazo para superar las consecuencias del evento sísmico del 24 de junio.

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