EN FOTOS| La red de túneles que topos sostienen para encontrar los cuerpos de sus familiares en La Guaira
A casi 40 días del doble terremoto del 24 de junio, los voluntarios y parientes de las víctimas persisten entre los escombros del estado que sufrió mayores daños, con la intención de rescatar los cuerpos de sus seres queridos. La Guaira. Casi 40 días después del doblete sísmico aún los familiares cavan entre los escombros, […]
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Transcurridos casi cuarenta días desde el doble sismo registrado el pasado 24 de junio, las labores en las estructuras colapsadas del estado La Guaira han dado un giro definitivo hacia la recuperación de los fallecidos. Familiares y rescatistas voluntarios continúan excavando de forma manual entre toneladas de concreto y polvo, en una jornada donde la prioridad ya no es localizar supervivientes, sino permitir que las familias puedan despedir a sus allegados. De acuerdo con los testimonios recogidos en las zonas afectadas, el trabajo se realiza en condiciones de extrema inestabilidad estructural y bajo un ambiente marcado por el deterioro ambiental de los espacios.
El esfuerzo técnico en el edificio El Caribe
En el sector de Caraballeda, el edificio El Caribe, una estructura que anteriormente albergaba a unas 1200 personas, se mantiene como uno de los puntos de operaciones más complejos. En este lugar, el ingeniero civil Luis Felipe Urbaneja, originario de Maturín, coordina y ejecuta labores de excavación en espacios confinados. Urbaneja, a quien los vecinos y colaboradores apodan el "topo de Maturín" debido a su capacidad para trabajar en cavidades estrechas, ha logrado recuperar 52 cuerpos de entre las ruinas del complejo residencial.
El especialista detalló que el movimiento telúrico provocó el colapso total de cuatro niveles de la edificación, lo que causó un desplazamiento lateral de toda la estructura. El desplome completo del edificio no se concretó debido al apoyo físico que ejercieron las residencias colindantes, las cuales sirvieron como cuñas de contención. A pesar del temor generalizado sobre un derrumbe inminente, Urbaneja sostiene que, desde el punto de vista técnico, la estructura no necesariamente va a colapsar de inmediato. Por esta razón, el ingeniero y los familiares de las víctimas se oponen a una demolición anticipada por parte de las autoridades, argumentando que aún quedan cuerpos atrapados bajo las losas que deben ser recuperados.
Urbaneja se trasladó a La Guaira desde el estado Monagas tras observar las dimensiones de los daños causados por el sismo doble, el cual afectó a un total de siete estados del país. Aunque inicialmente llegó acompañado por un equipo de veinte profesionales de la medicina que ya retornaron a sus hogares, el ingeniero tomó la decisión de permanecer en el sitio de manera voluntaria hasta que concluyan las tareas de localización.
La búsqueda familiar sin maquinaria en Caraballeda
A poca distancia de la zona donde trabaja Urbaneja, otros grupos de ciudadanos realizan búsquedas independientes utilizando herramientas básicas. Jenny Medina y su hermano Pablo, procedentes del estado Barinas, concentran sus esfuerzos en localizar a su hermana, Norelbys Medina. Al momento del sismo, ella se encontraba trabajando en un local comercial situado en la planta baja del edificio El Caribe.
A falta de maquinaria pesada, los hermanos Medina emplean palas, barras de metal y el apoyo físico de otros voluntarios de la comunidad. Las labores de excavación se realizan mediante el diseño de túneles manuales. A diferencia de las rutas de acceso vertical que suelen abrirse desde las partes superiores de los escombros, este grupo ha construido una galería subterránea que ingresa por un lateral de la estructura y realiza un desvío hacia la izquierda, siguiendo las hipótesis sobre la trayectoria que pudo tomar la víctima al intentar evacuar el comercio.
Las condiciones dentro de estas excavaciones artesanales son complejas: el paso de la luz solar es nulo, lo que mantiene las temperaturas extremadamente bajas en el interior, y el espacio está delimitado por placas de concreto fracturadas que amenazan con ceder. Jenny Medina explicó que la motivación para continuar con estas tareas, a pesar de los riesgos físicos evidentes, radica exclusivamente en la necesidad de brindar una sepultura digna a su familiar, tras haber logrado previamente el rescate con vida de su madre y de una sobrina.
Rescates y pérdidas personales en Playa Grande
En el sector Playa Grande, las operaciones de búsqueda en el edificio Belo Horizonte contaron con la participación de la organización voluntaria Perros de Guerra Venezuela. José Gregorio Ochoa, miembro de este equipo, reportó que durante las primeras setenta y dos horas posteriores al evento sísmico lograron extraer con vida a doce personas de la edificación afectada.
Ochoa describió las complejidades éticas y operativas de las labores de rescate en la zona. Durante los primeros días, una madre de la comunidad ofreció una compensación económica de 3000 dólares para priorizar la extracción de su hijo de diez años, quien se encontraba atrapado bajo placas de concreto, una nevera y una estructura metálica de seguridad. El rescatista declinó el pago, señalando que las operaciones de salvamento se ejecutan bajo principios de solidaridad y asistencia humanitaria sin fines de lucro.
La motivación de Ochoa para sumarse a las brigadas de rescate también tiene un trasfondo personal. Durante el sismo del 24 de junio, perdió a una tía y a tres primos en el urbanismo OPP-20 de la Gran Misión Vivienda Venezuela. El voluntario explicó que la ayuda recibida por su propia familia durante la emergencia fue el detonante para incorporarse activamente a las labores de apoyo a otras familias damnificadas en la región litoral.
El cambio de condiciones en la zona de desastre
Con el paso de las semanas, la dinámica de trabajo en los municipios afectados de La Guaira ha transitado de la urgencia del rescate de sobrevivientes a una planificación más pausada y técnica para la recuperación de cadáveres. El uso continuo de herramientas como rotomartillos, cinceles y equipos de demolición manual ha modificado sustancialmente la configuración de las ruinas, haciendo que los accesos sean cada vez más estrechos y peligrosos.
Las organizaciones de socorro y los grupos de voluntarios independientes coordinan esfuerzos mínimos para evitar accidentes adicionales dentro de los túneles improvisados. A pesar del cese de las alertas de supervivencia, la presencia de familiares en los perímetros de seguridad de edificios como El Caribe y Belo Horizonte se mantiene constante, a la espera de que los trabajos de excavación manual permitan cerrar los procesos de búsqueda iniciados tras el sismo.