El Banco Central de Venezuela (BCV) ha modificado su estrategia cambiaria, abandonando el sistema de flotación administrada conocido como crawling-peg, que estuvo vigente desde el 2 de julio. Este esquema buscaba una devaluación predecible y controlada del bolívar. La nueva orientación implica movimientos diarios del tipo de cambio superiores al 2%, con el objetivo de reducir la brecha entre el dólar oficial y el paralelo, asumiendo el impacto inflacionario que esto pueda generar.
Impacto en el Tipo de Cambio Oficial y el Consumo
En un período de 13 días, la cotización oficial del dólar experimentó un incremento del 13,89%, pasando de 633,36 bolívares a 721,34 bolívares. Este ajuste repercute directamente en el poder adquisitivo interno, dado que una parte significativa de los bienes y servicios en el país indexa sus precios al tipo de cambio. La variación, según el reporte, se traduce en un deterioro del consumo.
Alejandro Grisanti, economista y socio director de Ecoanalítica, observa que, a pesar de una devaluación más pronunciada en los últimos días, también se ha registrado una mayor oferta de divisas, una mejora en la disponibilidad de efectivo y una continuidad en la normalización del mercado cambiario. El BCV ha anunciado la combinación de intervenciones tradicionales con ventas de divisas en efectivo y ha retomado el uso del tipo de cambio promedio de las mesas cambiarias como referencia para sus operaciones. Se prevé una inyección de más de 1.869 millones de dólares durante el mes de julio, una de las cifras más altas de los últimos años.
Estas acciones, según Grisanti, han contribuido a que la brecha cambiaria se sitúe por debajo del 20%, el nivel más bajo desde 2024, cuando Venezuela operó con una unificación cambiaria de facto. El analista destaca que las mesas de cambio del sistema financiero han estado operando con mayor autonomía, y el BCV ha respetado los precios resultantes, sin anular operaciones como ocurría anteriormente. Esto sugiere un avance hacia una mayor normalización del mercado.



