Dólar en Venezuela: ¿qué pasó en el mercado cambiario después de los terremotos?
Caracas.- El mercado cambiario en Venezuela mantiene una dinámica de alta volatilidad tras los terremotos del 24 de junio, marcada por lo que los analistas definen como una “carrera” del ente emisor por alcanzar la cotización no oficial. Para este lunes 13 de julio, el tipo de cambio de referencia del BCV vigente es de
El mercado cambiario venezolano ha experimentado una dinámica de alta volatilidad en el período posterior a los eventos sísmicos del 24 de junio, una situación que, según analistas económicos, está marcada por la estrategia del Banco Central de Venezuela (BCV) de intentar equiparar la cotización oficial del dólar con la del mercado no oficial. Al 13 de julio, la tasa de referencia del BCV se estableció en 721,34 bolívares por dólar, reflejando una variación acumulada superior al 132 % en lo que va de año, de acuerdo con reportes de El Pitazo. Este movimiento ocurre en un contexto de persistente demanda de divisas, que, tras una breve desaceleración por la necesidad de liquidez en bolívares para la emergencia, vuelve a ejercer presión sobre un sistema cambiario que arrastra desequilibrios estructurales profundos.
Contexto de la Volatilidad Cambiaria
La economía venezolana ha estado inmersa en una prolongada crisis caracterizada por hiperinflación, una drástica contracción del Producto Interno Bruto (PIB) y la dolarización transaccional de facto. Desde 2018, la dinámica cambiaria ha sido un reflejo directo de la política monetaria y fiscal, con el tipo de cambio oficial sirviendo a menudo como un ancla nominal que, sin embargo, no logra contener la depreciación constante del bolívar frente a la divisa estadounidense. La estrategia gubernamental ha fluctuado entre estrictos controles de cambio y periodos de mayor flexibilidad, siempre buscando estabilizar el valor de la moneda nacional, una meta que ha resultado esquiva.
La inestabilidad se ha exacerbado por la persistencia de un déficit fiscal, financiado en gran medida a través de la expansión de la base monetaria, lo que inevitablemente impulsa la inflación y la depreciación. La escasez de divisas, producto de la caída de la producción petrolera y las sanciones internacionales, ha limitado la capacidad del BCV para intervenir eficazmente en el mercado, dejando al bolívar vulnerable a las presiones de la oferta y la demanda. Los terremotos de junio introdujeron un factor adicional de presión, al generar una demanda inicial de liquidez en bolívares para atender la emergencia, seguida por el retorno de la presión sobre las divisas.
Análisis de Implicaciones Económicas y Sociales
El economista y profesor del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), Aaron Olmos, explicó a El Pitazo que el comportamiento reciente del mercado cambiario no obedece a una dinámica económica natural, sino a decisiones políticas deliberadas. Olmos indicó que el BCV ha aplicado incrementos significativos y abruptos en el precio de la divisa, citando variaciones de hasta 14 bolívares en un solo día, lo cual no tiene precedentes en la historia reciente de la institución. Según el experto, esta estrategia busca aproximar la tasa oficial a la paralela, que ya se ubica en torno a los 830 bolívares, pero advierte que el resultado es una depreciación agresiva que afecta severamente el poder de compra de la población. Olmos enfatizó que se trata de una "carrera que se pierde", ya que, mientras la tasa oficial aumenta, el paralelo reacciona escalando aún más rápido.
Esta perspectiva es compartida por Rodrigo Cabezas, profesor de la Universidad del Zulia y exministro de Finanzas, quien calificó el esquema actual como "fiscalmente insostenible" e "incompleto". Cabezas precisó que el ajuste del dólar es de carácter administrativo y no de mercado, siendo fijado por autoridades que han decidido alcanzar el valor del dólar paralelo a costa del poder adquisitivo de los trabajadores. El profesor universitario resaltó que el poder de compra de la moneda nacional se redujo en un 43 % en un lapso de 30 días.
Cabezas también alertó sobre el crecimiento de la liquidez monetaria, que ha aumentado un 128 % desde enero, pasando de 939.000 millones de bolívares a 2.106 millones al cierre de junio. Para el académico, los intentos del BCV por estabilizar los precios y el tipo de cambio son insuficientes, habiendo "quemado" 7.700 millones de dólares de las reservas internacionales en seis meses sin lograr el objetivo. Bajo un ritmo de devaluación administrativa del 2 % diario, Cabezas proyectó que el mes de julio podría cerrar con la divisa superando los 1.000 bolívares, y que para diciembre de 2026, el precio podría aproximarse a los 15.000 bolívares. Estas proyecciones, de materializarse, tendrían un impacto devastador en la capacidad de ahorro y consumo de los venezolanos, quienes ya enfrentan salarios mínimos y pensiones que no cubren la canasta básica.
Inyección de Divisas y Desafíos Estructurales
Ante la escasez de divisas, el mercado ha recibido nuevas señales operativas. La economista jefe de Ecoanalítica, Graciela Urdaneta, señaló en un video publicado en Instagram que el BCV autorizó a la banca privada a combinar la venta de divisas electrónicas con ventas en efectivo, una medida destinada a aliviar las restricciones y mitigar la demanda interna. Urdaneta destacó que el ente emisor está permitiendo a las mesas de cambio de los bancos fluctuar con mayor libertad, lo que ha contribuido a que la brecha cambiaria se sitúe por debajo del 20 %, un nivel no visto en meses. Sin embargo, la economista insistió en que estas acciones son insuficientes si no se eliminan el Impuesto a las Grandes Transacciones Financieras (IGTF) en dólares y el control de cambio, factores que incentivan el arbitraje y la salida de divisas del sistema financiero.
Por su parte, el economista Asdrúbal Oliveros, en una reciente publicación en su blog, enfatizó que el tipo de cambio es un "espejo" de un problema fiscal más profundo, donde el Estado gasta más de lo que ingresa. Oliveros explicó que la llegada de lotes de billetes de dólares en efectivo fue posible gracias al restablecimiento de canales con la Reserva Federal tras el levantamiento de algunas sanciones al BCV. No obstante, advirtió que la magnitud de la tragedia de los terremotos introduce una presión adicional considerable. El experto estimó que la reconstrucción total de infraestructura y viviendas podría requerir entre 12.000 y 15.000 millones de dólares, una cifra significativa para un PIB de aproximadamente 110.000 millones de dólares. Oliveros sostuvo que, si este esfuerzo de reconstrucción no cuenta con suficiente financiamiento externo de organismos multilaterales, la presión fiscal se trasladará inevitablemente al mercado cambiario, debilitando aún más el bolívar.
En línea con esta visión, el economista y profesor de la Universidad de Los Andes (ULA), Douglas Ramírez, añadió que la economía venezolana enfrenta un efecto de "pass-through" (traslado a precios) superior a uno. Esto significa que por cada punto porcentual de devaluación de la moneda, la inflación interna aumenta en una proporción mayor, perpetuando un ciclo de empobrecimiento. La dolarización de facto de la economía, si bien ha contenido la hiperinflación en algunos bienes y servicios, no ha logrado estabilizar los precios de manera generalizada ni proteger el poder adquisitivo de quienes perciben ingresos en bolívares.
Conclusión
La volatilidad del mercado cambiario en Venezuela, acentuada tras los terremotos de junio, es el síntoma de desequilibrios estructurales profundos en la economía. La estrategia del Banco Central de Venezuela de intentar alcanzar la tasa no oficial mediante ajustes administrativos ha generado una depreciación acelerada del bolívar, con graves consecuencias para el poder adquisitivo de la población. Expertos como Aaron Olmos, Rodrigo Cabezas, Graciela Urdaneta, Asdrúbal Oliveros y Douglas Ramírez coinciden en que las medidas puntuales, como la mayor flexibilidad para la venta de divisas en efectivo, son insuficientes.
La situación se complejiza con la necesidad de una cuantiosa inversión para la reconstrucción post-terremotos, que, si no es financiada externamente, ejercerá una presión adicional sobre las finanzas públicas y, por ende, sobre el tipo de cambio. La persistencia del déficit fiscal, la expansión de la liquidez monetaria, la falta de confianza institucional y la ausencia de un programa económico coherente y de largo plazo continúan siendo los principales motores de la inestabilidad. Para lograr una estabilización duradera, Venezuela requiere un programa económico integral que aborde la disciplina fiscal, genere seguridad jurídica y restaure la confianza en las instituciones económicas, permitiendo así una recuperación sostenible del poder de compra de sus ciudadanos.