Con aval de EE.UU.: Dinorah Figuera regresa del exilio y acuerda “mesa técnica” con Jorge Rodríguez

Con aval de EE.UU.: Dinorah Figuera regresa del exilio y acuerda “mesa técnica” con Jorge Rodríguez

La dirigente política Dinorah Figuera arribó este 18 de junio a Venezuela después de años de exilio para participar en una agenda de reuniones entre distintos sectores. La primera de ellas fue con el presidente de la AN de corte oficialista, Jorge Rodríguez, y también conversará con el encargado de negocios de EE.UU., John Barret.

Redacción Libertad VZLA
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Equipo editorial18 jun. 2026

La dirigente política Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015, ha regresado a Venezuela tras ocho años de exilio para iniciar una serie de reuniones de alto nivel, incluyendo un significativo encuentro con Jorge Rodríguez, presidente del parlamento de orientación oficialista, y una cita pendiente con el encargado de negocios de Estados Unidos, John Barrett. Este retorno, que Figuera asegura cuenta con el aval y la invitación formal del Departamento de Estado estadounidense, ha culminado en la conformación de una “mesa técnica y política paritaria” con el oficialismo, abriendo un nuevo y controvertido capítulo en el convulso panorama político venezolano.

Un Retorno Estratégico y Sus Múltiples Lecturas

La llegada de Dinorah Figuera al Aeropuerto Internacional de Maiquetía este 18 de junio no fue un evento cualquiera. Acompañada por Ramón López Colina, diputado también de la legislatura de 2015 y miembro de Primero Justicia, Figuera puso fin a un exilio que la llevó a perder su residencia y a vivir fuera del país por casi una década. Su presencia, según sus propias palabras, responde a una invitación directa del Departamento de Estado de los Estados Unidos, una circunstancia que añade una capa de complejidad y escrutinio sobre sus movimientos y los objetivos subyacentes.

Figuera ha insistido en la naturaleza “institucional” de su cometido, desmarcando su agenda de cualquier aspiración política personal. En sus declaraciones, ha subrayado su rol como presidenta de la Asamblea Nacional de 2015, una institución cuya legitimidad ha sido reconocida por Washington. Su misión, según explicó, se centra en impulsar una agenda que garantice la libertad de expresión, la conformación de un Consejo Nacional Electoral (CNE) transparente y creíble, el respeto a los partidos políticos y el cese de la persecución política en el país. Este discurso, aunque resonante con demandas históricas de la oposición, se produce en un momento de máxima tensión preelectoral y con figuras clave de la disidencia inhabilitadas.

La negativa de Figuera a revelar si ha mantenido conversaciones con líderes de la Plataforma Unitaria o con María Corina Machado, la candidata de la principal fuerza opositora, es un indicio de la delicada línea que intenta trazar. Su enfoque en lo "institucional" busca, quizás, generar un espacio de negociación que trascienda las divisiones internas de la oposición, pero al mismo tiempo, corre el riesgo de ser percibido como un desvío o una legitimación de procesos paralelos que podrían debilitar la unidad ya frágil. La mención del “Acuerdo de Panamá” como una instancia para que alguna candidatura asuma una responsabilidad histórica añade otra capa a la compleja red de posibles negociaciones y alianzas.

La Mesa Técnica: ¿Un Gesto Hacia la Democracia o una Maniobra Política?

Horas después de su arribo, Dinorah Figuera se reunió en el Palacio Federal Legislativo con Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional controlada por el oficialismo. Este encuentro, presentado como un diálogo entre “representantes de los diputados del período de la Asamblea Nacional de 2015 a 2020” y el parlamento actual, culminó con un “firme compromiso institucional” para activar “mecanismos conjuntos de concertación”. El resultado más tangible es la “designación inmediata” de una “mesa técnica y política paritaria”, con una agenda estructurada, hitos y cronogramas concretos.

Los objetivos declarados de esta mesa son ambiciosos: el “fortalecimiento integral de la democracia, la consolidación definitiva de la paz interna y el diseño de un futuro de bienestar y prosperidad para el pueblo venezolano”. Estas formulaciones, amplias y cargadas de retórica, son comunes en los comunicados oficiales de diálogo en Venezuela y, a menudo, contrastan drásticamente con la realidad política del país. Es crucial recordar que Jorge Rodríguez fue designado para coordinar este diálogo político por Delcy Rodríguez, con el supuesto “aval de Estados Unidos”, lo que sugiere una línea de comunicación indirecta, pero activa, entre Washington y el gobierno de Nicolás Maduro a través de estos canales.

La creación de esta mesa, por tanto, no puede ser vista como un evento aislado. Se inserta en un patrón de acercamientos y negociaciones que, en el pasado, han generado más escepticismo que resultados concretos en términos de democratización. La historia reciente de Venezuela está plagada de mesas de diálogo que, si bien han aliviado momentáneamente las tensiones, no han logrado revertir la regresión democrática ni garantizar elecciones justas y transparentes, ni mucho menos el cese de la persecución política. La tarea de esta nueva instancia será titánica y su credibilidad dependerá de la capacidad de producir resultados verificables en un entorno de profunda desconfianza.

La Sombra de Washington y la Fragmentación Opositora

La participación del Departamento de Estado de los Estados Unidos en este proceso es un elemento central que no puede soslayarse. La propia Figuera reveló en abril que había sido invitada a una reunión en Washington, donde se abordó el “compromiso del gobierno de Trump con una transición hacia la democracia que sea sólida, ordenada y estable”. Esta referencia a la administración Trump, aunque anacrónica en el contexto actual, subraya la continuidad de una política estadounidense que busca, a través de diversos canales, influir en la dinámica interna venezolana. El hecho de que la invitación a Figuera provenga de la diplomacia estadounidense otorga a su regreso y a sus reuniones una legitimidad internacional que podría ser interpretada de diversas maneras.

Para algunos sectores de la oposición, este tipo de acercamientos con el oficialismo, especialmente con el respaldo de potencias extranjeras, podría ser visto como una oportunidad para abrir grietas en el sistema y forzar concesiones. Para otros, sin embargo, genera profunda desconfianza y alimenta la percepción de una oposición fragmentada, donde distintos actores persiguen agendas diversas, a veces sin la debida coordinación o transparencia con el grueso de las fuerzas democráticas. La ambigüedad de Figuera sobre sus contactos con María Corina Machado es particularmente relevante, ya que Machado representa actualmente la candidatura de mayor arrastre popular y ha sido el blanco principal de las inhabilitaciones por parte del CNE y el Tribunal Supremo de Justicia.

Este escenario plantea interrogantes cruciales sobre la unidad opositora de cara a los próximos comicios. ¿Es esta mesa técnica un intento de crear una nueva vía de negociación paralela, o incluso alternativa, a la Plataforma Unitaria? ¿Cómo afectará este nuevo canal de diálogo la estrategia de la oposición mayoritaria, que se ha esforzado por mantener un frente unido frente a las inhabilitaciones y las condiciones electorales adversas? La historia de la política venezolana está marcada por la proliferación de iniciativas de diálogo que, a menudo, han servido para dividir a la oposición y ganar tiempo para el régimen, sin producir cambios estructurales significativos.

Interrogantes y Proyecciones en el Horizonte Electoral

El establecimiento de esta "mesa técnica y política paritaria" se produce en un momento crítico para Venezuela, con un horizonte electoral cargado de incertidumbre y tensiones. Los objetivos declarados por Figuera y los suscritos en el comunicado oficial –un CNE creíble, libertad de expresión, fin de la persecución– son aspiraciones fundamentales para cualquier proceso democrático, pero su consecución en el contexto venezolano ha sido históricamente el mayor escollo. La credibilidad de esta nueva iniciativa se medirá no por las intenciones expresadas, sino por la capacidad real de generar cambios tangibles y verificables en estas áreas.

La comunidad internacional, y en particular Estados Unidos, juega un papel crucial en este delicado equilibrio. Al "avalar" el regreso de Figuera y la apertura de este canal, Washington asume una cuota de responsabilidad en el resultado de estas gestiones. La pregunta es si este nuevo mecanismo será una herramienta efectiva para presionar por condiciones electorales justas y una verdadera apertura democrática, o si, por el contrario, terminará por legitimar un proceso que no garantice la plena participación y el respeto a la voluntad popular. El escepticismo es alto, dada la persistente negativa del gobierno a ceder espacios de poder y a revertir las inhabilitaciones políticas.

En última instancia, el éxito o fracaso de esta mesa técnica dependerá de la voluntad política de todas las partes, pero especialmente de la disposición del oficialismo a hacer concesiones significativas. Para la oposición, el desafío será gestionar esta nueva vía de diálogo sin comprometer la unidad y la coherencia de su mensaje, y sin desmovilizar a una ciudadanía que anhela un cambio real y pacífico. La historia de los diálogos en Venezuela es una de promesas incumplidas; la expectativa, por tanto, debe ser cautelosa, mientras se observa si este nuevo capítulo logra, finalmente, abrir un camino hacia la verdadera democratización del país.

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