La Mesa Técnica: ¿Un Gesto Hacia la Democracia o una Maniobra Política?
Horas después de su arribo, Dinorah Figuera se reunió en el Palacio Federal Legislativo con Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional controlada por el oficialismo. Este encuentro, presentado como un diálogo entre “representantes de los diputados del período de la Asamblea Nacional de 2015 a 2020” y el parlamento actual, culminó con un “firme compromiso institucional” para activar “mecanismos conjuntos de concertación”. El resultado más tangible es la “designación inmediata” de una “mesa técnica y política paritaria”, con una agenda estructurada, hitos y cronogramas concretos.
Los objetivos declarados de esta mesa son ambiciosos: el “fortalecimiento integral de la democracia, la consolidación definitiva de la paz interna y el diseño de un futuro de bienestar y prosperidad para el pueblo venezolano”. Estas formulaciones, amplias y cargadas de retórica, son comunes en los comunicados oficiales de diálogo en Venezuela y, a menudo, contrastan drásticamente con la realidad política del país. Es crucial recordar que Jorge Rodríguez fue designado para coordinar este diálogo político por Delcy Rodríguez, con el supuesto “aval de Estados Unidos”, lo que sugiere una línea de comunicación indirecta, pero activa, entre Washington y el gobierno de Nicolás Maduro a través de estos canales.
La creación de esta mesa, por tanto, no puede ser vista como un evento aislado. Se inserta en un patrón de acercamientos y negociaciones que, en el pasado, han generado más escepticismo que resultados concretos en términos de democratización. La historia reciente de Venezuela está plagada de mesas de diálogo que, si bien han aliviado momentáneamente las tensiones, no han logrado revertir la regresión democrática ni garantizar elecciones justas y transparentes, ni mucho menos el cese de la persecución política. La tarea de esta nueva instancia será titánica y su credibilidad dependerá de la capacidad de producir resultados verificables en un entorno de profunda desconfianza.
La Sombra de Washington y la Fragmentación Opositora
La participación del Departamento de Estado de los Estados Unidos en este proceso es un elemento central que no puede soslayarse. La propia Figuera reveló en abril que había sido invitada a una reunión en Washington, donde se abordó el “compromiso del gobierno de Trump con una transición hacia la democracia que sea sólida, ordenada y estable”. Esta referencia a la administración Trump, aunque anacrónica en el contexto actual, subraya la continuidad de una política estadounidense que busca, a través de diversos canales, influir en la dinámica interna venezolana. El hecho de que la invitación a Figuera provenga de la diplomacia estadounidense otorga a su regreso y a sus reuniones una legitimidad internacional que podría ser interpretada de diversas maneras.
Para algunos sectores de la oposición, este tipo de acercamientos con el oficialismo, especialmente con el respaldo de potencias extranjeras, podría ser visto como una oportunidad para abrir grietas en el sistema y forzar concesiones. Para otros, sin embargo, genera profunda desconfianza y alimenta la percepción de una oposición fragmentada, donde distintos actores persiguen agendas diversas, a veces sin la debida coordinación o transparencia con el grueso de las fuerzas democráticas. La ambigüedad de Figuera sobre sus contactos con María Corina Machado es particularmente relevante, ya que Machado representa actualmente la candidatura de mayor arrastre popular y ha sido el blanco principal de las inhabilitaciones por parte del CNE y el Tribunal Supremo de Justicia.
Este escenario plantea interrogantes cruciales sobre la unidad opositora de cara a los próximos comicios. ¿Es esta mesa técnica un intento de crear una nueva vía de negociación paralela, o incluso alternativa, a la Plataforma Unitaria? ¿Cómo afectará este nuevo canal de diálogo la estrategia de la oposición mayoritaria, que se ha esforzado por mantener un frente unido frente a las inhabilitaciones y las condiciones electorales adversas? La historia de la política venezolana está marcada por la proliferación de iniciativas de diálogo que, a menudo, han servido para dividir a la oposición y ganar tiempo para el régimen, sin producir cambios estructurales significativos.
Interrogantes y Proyecciones en el Horizonte Electoral
El establecimiento de esta "mesa técnica y política paritaria" se produce en un momento crítico para Venezuela, con un horizonte electoral cargado de incertidumbre y tensiones. Los objetivos declarados por Figuera y los suscritos en el comunicado oficial –un CNE creíble, libertad de expresión, fin de la persecución– son aspiraciones fundamentales para cualquier proceso democrático, pero su consecución en el contexto venezolano ha sido históricamente el mayor escollo. La credibilidad de esta nueva iniciativa se medirá no por las intenciones expresadas, sino por la capacidad real de generar cambios tangibles y verificables en estas áreas.
La comunidad internacional, y en particular Estados Unidos, juega un papel crucial en este delicado equilibrio. Al "avalar" el regreso de Figuera y la apertura de este canal, Washington asume una cuota de responsabilidad en el resultado de estas gestiones. La pregunta es si este nuevo mecanismo será una herramienta efectiva para presionar por condiciones electorales justas y una verdadera apertura democrática, o si, por el contrario, terminará por legitimar un proceso que no garantice la plena participación y el respeto a la voluntad popular. El escepticismo es alto, dada la persistente negativa del gobierno a ceder espacios de poder y a revertir las inhabilitaciones políticas.
En última instancia, el éxito o fracaso de esta mesa técnica dependerá de la voluntad política de todas las partes, pero especialmente de la disposición del oficialismo a hacer concesiones significativas. Para la oposición, el desafío será gestionar esta nueva vía de diálogo sin comprometer la unidad y la coherencia de su mensaje, y sin desmovilizar a una ciudadanía que anhela un cambio real y pacífico. La historia de los diálogos en Venezuela es una de promesas incumplidas; la expectativa, por tanto, debe ser cautelosa, mientras se observa si este nuevo capítulo logra, finalmente, abrir un camino hacia la verdadera democratización del país.