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Comité de Postulaciones Judiciales solo escogerá 20 nuevos magistrados para el TSJ

Comité de Postulaciones Judiciales solo escogerá 20 nuevos magistrados para el TSJ

A finales de esta semana abrirán la convocatoria, por 15 días, para recibir nombres de candidatos a jueces del TSJ

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial22 may. 2026

Caracas, Venezuela – El anuncio del Comité de Postulaciones Judiciales de que solo seleccionará a 20 de los 32 magistrados que conformarán el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), tras la reciente reforma de la Ley Orgánica de la institución, ha encendido las alarmas en el ya precario panorama de la justicia venezolana. Lejos de ser un proceso de renovación integral que fortalezca la independencia del Poder Judicial, esta selección parcial, que mantiene en sus puestos a figuras clave con historiales de controversia, es interpretada por diversos analistas como una maniobra política más para consolidar el control sobre el máximo tribunal del país.

El Comité, instalado el pasado 20 de mayo y compuesto por 10 miembros de la sociedad civil y 11 diputados, tiene la tarea de evaluar en un plazo de 45 días a los postulantes. Sin embargo, su labor estará limitada a cubrir ocho vacantes por jubilación y doce nuevas posiciones creadas por la reforma del artículo 8 de la Ley Orgánica del TSJ, que elevó el número de magistrados de 20 a 32, distribuidos en siete para la Sala Constitucional y cinco para cada una de las Salas Penal, Político-Administrativa, Social, Civil y Electoral. Esta es la segunda renovación que sufre la institución en los últimos cuatro años, un ritmo inusual que sugiere más una reconfiguración política que una búsqueda de la excelencia judicial.

El diputado por el PSUV, Giuseppe Alessandrello, presidente del Comité, ha sido el encargado de clarificar el alcance de esta selección. La decisión de no renovar la totalidad de los magistrados implica que un significativo número de jueces permanecerá en sus cargos, muchos de ellos con una trayectoria que ha sido cuestionada por organizaciones de derechos humanos y juristas independientes. Esta situación plantea serias interrogantes sobre la verdadera intención detrás de la reforma y el proceso de postulación.

Entre los magistrados que se mantendrán en sus puestos, destacan nombres en salas de vital importancia. En la Sala Constitucional, Tania D’ Amelio y Laura Suárez Anderson seguirán ejerciendo. En la Sala Político-Administrativa, Jaime Jesús Báez permanecerá. Pero es en la Sala Electoral donde la continuidad genera mayor preocupación: Caryslia Beatriz Rodríguez, su presidenta; Fanny Márquez Cordero, vicepresidenta; e Inocencio Figueroa Arizaleta, no serán reemplazados. Estos magistrados, según la información disponible, son los mismos que en eventos electorales pasados han apoyado resultados del Consejo Nacional Electoral (CNE) que han sido ampliamente cuestionados por la falta de presentación de actas y transparencia en el escrutinio, incluyendo específicamente su respaldo a la proclamación de Nicolás Maduro como ganador en las presidenciales del 28 de julio de 2024, a pesar de la ausencia de las actas que corroboraran dicha victoria. La permanencia de estos jueces en una sala tan sensible, en el contexto de un año electoral crucial, es un indicativo potente de la estrategia de control sobre los procesos democráticos.

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La reforma de la Ley Orgánica del TSJ, que incrementó el número de magistrados, fue presentada por el gobierno como una medida para agilizar los procesos judiciales y adecuar la estructura del tribunal a las necesidades del país. Sin embargo, para la sociedad civil y la oposición, este tipo de reformas son a menudo herramientas para diluir la influencia de jueces independientes (si los hubiere) y asegurar la mayoría oficialista en todas las salas, facilitando así la toma de decisiones favorables al poder ejecutivo y al partido de gobierno. Al aumentar el número total de jueces, se crea un espacio para incorporar nuevas figuras leales, sin necesidad de remover a quienes ya se consideran afines.

El proceso de las "jubilaciones" de magistrados en abril pasado, que abrió las ocho vacantes, también ha sido objeto de escrutinio. Analistas políticos han calificado este movimiento como una "purga" estratégica, no necesariamente para depurar el sistema de corrupción o ineficiencia, sino para remover a jueces que, aunque previamente aliados del gobierno, podrían haber perdido la plena confianza o haber sido parte de facciones internas que ya no son deseables. Entre los magistrados "jubilados" figuran nombres de peso como Maikel Moreno, expresidente del TSJ; Edgar Gavidia Rodríguez, excuñado de Cilia Flores; Malaquías Gil; Juan Carlos Hidalgo y Henry Timaure, ambos generales retirados de la Fuerza Armada; Carmen Alves; Luis Fernando Damiani Bustillos; y Elsa Gómez. Esta "purga" sugiere una reestructuración interna del poder judicial, posiblemente buscando una lealtad aún más férrea y monolítica de cara a futuros desafíos políticos y electorales.

Implicaciones Profundas para la Independencia Judicial y el Estado de Derecho

La selección parcial de magistrados y la continuidad de figuras controvertidas tienen implicaciones devastadoras para la independencia judicial en Venezuela. En un sistema democrático, el Poder Judicial debe actuar como un contrapeso independiente a los poderes Ejecutivo y Legislativo, garantizando la protección de los derechos ciudadanos y la aplicación imparcial de la ley. Sin embargo, en Venezuela, el TSJ ha sido sistemáticamente señalado por organizaciones nacionales e internacionales como un brazo ejecutor de las políticas del gobierno, en lugar de un garante de la Constitución.

La permanencia de magistrados en la Sala Electoral que han validado resultados electorales cuestionables sin la debida transparencia socava la confianza pública en los procesos democráticos. Esto es particularmente grave en un contexto donde la legitimidad de las instituciones electorales ya está en entredicho. La señal que se envía es clara: el Poder Judicial está dispuesto a avalar decisiones políticas, incluso si estas carecen de un respaldo documental o de un proceso transparente.

Además, la forma en que se realiza esta "renovación" genera dudas sobre la meritocracia y la transparencia. El hecho de que un Comité, con una fuerte presencia oficialista, sea el encargado de la selección, y que el proceso se dé en un corto lapso de 45 días, sin una verdadera participación de la sociedad civil independiente o de gremios de abogados con voz crítica, perpetúa la percepción de que los nombramientos son el resultado de negociaciones políticas y no de una evaluación exhaustiva de la idoneidad y la independencia de los postulantes. La selección del Inspector General de Tribunales y del Director Ejecutivo de la Magistratura, también a cargo de este Comité, refuerza el control sobre la administración interna del sistema judicial.

Este escenario se inscribe en una estrategia más amplia de consolidación del poder por parte del oficialismo. Al controlar el TSJ, el gobierno asegura que cualquier desafío legal a sus políticas, decretos o resultados electorales sea desestimado, garantizando así la impunidad de sus acciones y el cierre de los canales democráticos para la resolución de conflictos. Para los ciudadanos, esto se traduce en una merma significativa en el acceso a la justicia y en la protección de sus derechos fundamentales. Sin un Poder Judicial independiente, el estado de derecho se debilita, y la arbitrariedad se convierte en la norma.

La comunidad internacional ha monitoreado de cerca la situación del Poder Judicial venezolano. Informes de la ONU, la OEA y diversas ONG han documentado la falta de independencia y la parcialidad del TSJ, lo que ha llevado a sanciones y llamados a la restauración de la democracia y el estado de derecho. Esta nueva "renovación" parcial, lejos de atender esas preocupaciones, parece profundizar la crisis institucional, enviando un mensaje de desafío a los principios de la justicia universal.

Un Llamado a la Transparencia y la Defensa de la Democracia

El proceso de selección de magistrados del TSJ no es un mero trámite administrativo; es un pilar fundamental para la salud democrática de una nación. En Venezuela, donde la confianza en las instituciones ha sido erosionada por años de injerencia política, este proceso debería ser una oportunidad para revertir la tendencia y demostrar un compromiso genuino con la justicia y la independencia judicial. Sin embargo, la limitada selección, la continuidad de figuras cuestionadas y el contexto de una "purga" previa, sugieren lo contrario.

Desde "Libertad VZLA", reiteramos nuestro compromiso con la defensa de la libertad de expresión y los valores democráticos. Es imperativo que este proceso sea vigilado con la máxima atención, exigiendo transparencia, meritocracia y, sobre todo, una verdadera independencia de los magistrados. La justicia no puede ser una herramienta al servicio del poder; debe ser el baluarte de los derechos de todos los venezolanos. La renovación parcial del TSJ, tal como se ha planteado, lejos de ser un avance, representa un nuevo eslabón en la cadena de control que ahoga la posibilidad de una justicia imparcial en Venezuela. El país merece y necesita un Poder Judicial que sirva a la Constitución y a los ciudadanos, no a intereses políticos. La publicación de la convocatoria para las postulaciones en los próximos días será el primer paso de un camino que, lamentablemente, ya parece marcado por la sombra de la politización.