Cicpc de Guárico detiene a preso político excarcelado hace dos semanas del Rodeo II

Cicpc de Guárico detiene a preso político excarcelado hace dos semanas del Rodeo II

Pedro Domingo Díaz Diaz salió de la cárcel del Rodeo II, en el estado Miranda, el 21 de mayo pasado, luego de que le otorgaron una medida humanitaria porque padece de cáncer (un carcinoma de amígdala izquierda). Llevaba cuatro años preso sin juicio. De vuelta a su hogar en Altagracia de Orituco, estado Guárico, funcionarios

Redacción Libertad VZLA
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Equipo editorial6 jun. 2026

La Reincidencia de la Injusticia: El Caso Pedro Díaz y el Frágil Estado de Derecho en Venezuela

En un alarmante giro que subraya la precariedad del sistema judicial venezolano, Pedro Domingo Díaz Díaz, un transportista excarcelado hace apenas dos semanas por motivos humanitarios debido a un avanzado cáncer, fue nuevamente detenido por funcionarios del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) en Altagracia de Orituco, estado Guárico. Su recaptura, ocurrida el pasado 6 de junio en la plaza Bolívar de su pueblo natal, desafía una boleta de excarcelación válida y pone en evidencia una profunda desconexión institucional que condena a ciudadanos vulnerables a un ciclo de arbitrariedad judicial y policial.

Díaz, quien padece un carcinoma de amígdala izquierda, había recuperado una libertad provisional el 21 de mayo tras cuatro años de reclusión sin juicio en la cárcel de El Rodeo II. Su liberación se enmarcó, al menos en la superficie, en una medida humanitaria que permitía anticipar el tratamiento médico urgente que su condición exige. Sin embargo, la reciente acción del Cicpc, que ignoró su documento de excarcelación alegando una supuesta orden de captura aún vigente en sus sistemas, no solo contraviene una decisión judicial, sino que expone la fragilidad de cualquier garantía de derechos humanos en el país.

Cuatro Años de Detención Arbitraria y Maltrato

La historia de Pedro Díaz es un sombrío reflejo de las deficiencias y abusos que caracterizan el sistema de justicia venezolano. Su detención inicial se produjo el 21 de abril de 2022 en el contexto de la llamada "Operación Trueno", un vasto despliegue de seguridad estatal cuyo objetivo declarado era desarticular la banda criminal conocida como el Tren del Llano. Díaz, que en ese momento trabajaba como transportista cubriendo la ruta entre Altagracia de Orituco y San Juan de los Morros, fue, según su defensa, vinculado de manera injusta y sin pruebas contundentes a dicha organización criminal.

Durante los cuatro años que permaneció privado de libertad, Díaz fue trasladado por al menos tres centros de detención: La Yaguara, San Agustín del Sur y El Rodeo II. El abogado Ezequiel Monsalve, de la ONG Defiende Venezuela, ha denunciado que la detención de Díaz constituyó una violación flagrante del artículo 230 del Código Orgánico Procesal Penal venezolano. Dicha normativa establece un límite máximo de dos años para la prisión preventiva sin condena, un plazo que en el caso de Díaz se duplicó sin que se produjera un juicio o una sentencia firme, lo que debía haber conllevado el decaimiento de su medida privativa de libertad.

Más allá de la arbitrariedad de su prolongada detención, Monsalve también ha revelado que Díaz fue víctima de torturas durante su encarcelamiento. Estas prácticas inhumanas buscaban forzarlo a confesar delitos que no cometió o a incriminar a otras personas, una denuncia que se alinea con los patrones documentados por organizaciones de derechos humanos sobre el uso sistemático de la tortura en centros de detención venezolanos.

La Batalla por la Salud y la Desidia Penitenciaria

La situación médica de Pedro Díaz se ha deteriorado gravemente durante su reclusión. Además de su diagnóstico de cáncer, sufrió una septicemia de origen renal que requirió una intervención quirúrgica. Durante esa operación, se le implantó un catéter doble J que, al no ser retirado a tiempo, se calcificó, provocándole infecciones constantes y un dolor insoportable. Actualmente, el retiro de este catéter es una urgencia médica ineludible, no solo por las infecciones que genera, sino porque es un paso previo indispensable para que pueda iniciar el tratamiento oncológico que su vida demanda.

La precariedad de los servicios de salud en las cárceles venezolanas es una crisis humanitaria crónica, donde la falta de atención médica adecuada y oportuna es una sentencia adicional para muchos reclusos. El caso de Díaz ilustra cómo la negligencia y la desidia institucional pueden transformar una enfermedad tratable en una condición terminal, agravando el sufrimiento de los detenidos y exponiendo la crueldad inherente al sistema penitenciario.

La Farsa de las "Medidas Humanitarias" y la Intervención Internacional

La excarcelación de Pedro Díaz se produjo pocos días después de que el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, anunciara la liberación de más de 300 privados de libertad que cumplían con criterios de vulnerabilidad, como ser menores de edad, mayores de 70 años, mujeres embarazadas o en período de lactancia, o personas con patologías de salud graves. Díaz, con su cáncer avanzado y su prolongada detención, encajaba perfectamente en estos criterios. Su re-aprehensión, sin embargo, despoja de toda credibilidad a tales anuncios, sugiriendo que estas liberaciones son más una maniobra cosmética que un compromiso genuino con los derechos humanos o la justicia.

La situación de Díaz no ha pasado desapercibida a nivel internacional. Fue beneficiario de dos importantes medidas de protección: la opinión número 38/2024 del Grupo de Trabajo sobre la Detención Arbitraria de la ONU y una medida cautelar emitida por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Estas intervenciones internacionales, que deberían ser vinculantes y respetadas por el Estado venezolano, evidencian el reconocimiento de la arbitrariedad de su detención y la necesidad urgente de su protección. La reciente recaptura de Díaz no solo ignora la justicia nacional, sino que también desprecia los llamados y mecanismos de derechos humanos a nivel global.

Un Andamiaje Administrativo Desconectado y Perjudicial

El abogado Monsalve ha calificado la nueva detención de Díaz como una "práctica policial muy perjudicial", producto de un "desconocimiento expreso de la orden de un tribunal". Según el jurista, la situación podría haberse resuelto con una simple llamada al fiscal de la causa que solicitó la medida cautelar sustitutiva de libertad o al tribunal de guardia en Caracas para verificar la validez de la boleta de excarcelación. Esta falta de coordinación entre los tribunales y los cuerpos de seguridad no es un incidente aislado, sino un reflejo de un "andamiaje administrativo" disfuncional que se presta a la arbitrariedad y al abuso de poder.

La familia de Díaz ha sido informada de que será trasladado a San Juan de los Morros para ser puesto a la orden de un tribunal. Esta nueva etapa de su calvario judicial se suma a la incertidumbre y el temor por su ya deteriorado estado de salud. La reincidencia en la detención de un individuo en su condición, a pesar de las pruebas irrefutables de su excarcelación y la urgencia de su tratamiento médico, es una afrenta directa a los principios de humanidad y justicia.

El caso de Pedro Domingo Díaz Díaz es un crudo recordatorio de la vulnerabilidad de los ciudadanos ante un Estado que, en lugar de garantizar la justicia y proteger los derechos fundamentales, opera con una lógica de arbitrariedad y desprecio por la vida humana. Su historia no es solo la de un hombre, sino la de un sistema judicial que parece haber perdido su rumbo, atrapando a los más débiles en un ciclo interminable de injusticia y sufrimiento. La exigencia de su inmediata liberación y la garantía de su derecho a la salud no es solo un acto de humanidad, sino un clamor por el respeto al Estado de Derecho en Venezuela.

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