Wilmer Azuaje también regresa a Venezuela después de un exilio forzado por la persecución política
Comenzó su militancia política en el chavismo, pero después se fue a la oposición. Lo encarcelaron en dos oportunidades
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El Pitazo
31 may. 2026
Wilmer Azuaje Regresa a Venezuela: Un Retorno Marcado por el Exilio y la Persecución, en Medio de una Oleada de Reingresos Políticos
Caracas, Venezuela – El exdiputado a la Asamblea Nacional, Wilmer Azuaje, ha puesto fin a un exilio forzado por la persecución política, regresando a Venezuela este domingo 31 de mayo. Su retorno, anunciado a mediados de mes y concretado con una emotiva despedida familiar en República Dominicana, no es un hecho aislado. Se inscribe en una reciente y significativa oleada de figuras políticas y activistas de derechos humanos que, tras años en el exilio o tras períodos de detención, han vuelto al país, marcando un momento de compleja lectura en el ajedrez político venezolano.
Azuaje, cuya trayectoria es un espejo de la polarización política de Venezuela en las últimas dos décadas, inició su carrera en las filas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en el estado Barinas. Sin embargo, su compromiso con la transparencia y su valentía para denunciar irregularidades, incluso dentro de su propia organización, lo llevaron a un quiebre. Sus señalamientos contra los hermanos del entonces presidente Hugo Chávez, particularmente contra Argenis Chávez, resultaron en su expulsión del partido oficialista. Este acto de disidencia marcó el inicio de un camino de persecución que lo llevaría a la oposición y, eventualmente, al exilio.
Su paso a las filas opositoras lo catapultó a un escaño en la Asamblea Nacional, donde continuó su labor de denuncia. La respuesta del poder no se hizo esperar. En 2010, fue arrestado y su inmunidad parlamentaria allanada, un patrón que se repetiría con otros legisladores en años posteriores. Tras un período de detención, fue liberado, pero la sombra de la persecución nunca lo abandonó. En 2017, siendo nuevamente diputado por Barinas, fue encarcelado por segunda vez. Durante su reclusión, Azuaje denunció haber sido víctima de torturas, una acusación grave que se suma a la larga lista de denuncias de violaciones a los derechos humanos en los centros de detención venezolanos. Después de un año de prisión, la presión y la realidad lo obligaron a abandonar Venezuela en 2019, buscando refugio y llevando su caso a instancias internacionales. Sus denuncias resonaron en el Congreso de Estados Unidos y en la Corte Penal Internacional en La Haya, evidenciando la magnitud de la crisis de derechos humanos y la falta de garantías en su país de origen.
El regreso de Azuaje, con el peso de su historia de lucha y sufrimiento, plantea interrogantes sobre las circunstancias que propician estos retornos. ¿Es una señal de una apertura política genuina por parte del gobierno, o una estrategia calculada en el contexto de un año electoral crucial?
La llegada de Wilmer Azuaje a Maiquetía se suma a una lista creciente de figuras que, en los últimos días y semanas, han desfilado por el principal aeropuerto del país. Dirigentes que, al igual que Azuaje, se vieron forzados a exiliarse o fueron encarcelados por acusaciones y causas penales consideradas por muchos como fabricadas o políticamente motivadas.
Uno de los pioneros en este reciente "goteo" fue el dirigente zuliano y exdiputado regional Lester Toledo. Toledo, quien estuvo fuera de Venezuela desde 2016, enfrentaba varios procedimientos judiciales, incluyendo la acusación de ser responsable de un supuesto hackeo al sistema automatizado y la página web del Consejo Nacional Electoral (CNE). Su retorno, en vísperas de un proceso electoral presidencial, es particularmente simbólico.
También retornó el exdiputado José Guerra, quien presidió la Comisión de Finanzas del Parlamento de 2015 y pasó siete años en el exilio. Guerra, un reconocido economista y crítico de la política económica del gobierno, no tardó en ofrecer una cruda reflexión sobre la realidad nacional: "Caracas está más cara que Washington, más cara que Nueva York", sentenció. Esta observación, que ha mantenido en sus redes sociales a lo largo de su exilio, pone de manifiesto la persistencia de una de las inflaciones más altas del mundo y el deterioro del poder adquisitivo de los venezolanos.
La abogada, activista de derechos humanos y presidenta de la ONG Control Ciudadano, Rocío San Miguel, también regresó al país. Su caso es uno de los más emblemáticos de la represión reciente. Detenida arbitrariamente y sometida a una desaparición forzada el 9 de febrero de 2024, San Miguel pasó casi dos años encarcelada antes de su excarcelación. Su hermano ha solicitado respeto a su privacidad, mientras la abogada busca reencontrarse con su familia y resolver la causa judicial en su contra. Su retorno, tras un largo calvario, subraya la brutalidad de la persecución y el coste personal que implica la defensa de los derechos humanos en Venezuela.
Junto a ellos, el activista opositor Marcos Velazco, miembro del partido Vente Venezuela, liderado por María Corina Machado, también concretó su regreso. "La promesa de regresar se cumplió. Estoy de vuelta en mi país, estoy en casa. Vine a reencontrarme con mi familia, a abrazar a mi hijo, a volver a ver a viejos amigos, a caminar nuestras calles y apreciar la grandeza de nuestra nación", expresó en Instagram, con una fotografía de su llegada a Maiquetía. Su emotivo mensaje resalta la profunda conexión con la tierra y la familia que impulsa a muchos exiliados a volver, a pesar de los riesgos.
Finalmente, Roberto Marrero, exsecretario de la Asamblea Nacional de 2015 y también ex preso político, regresó junto a José Guerra. Marrero fue detenido en marzo de 2019, acusado de estar detrás del masivo apagón que sumió a Venezuela en la oscuridad ese mes. Fue excarcelado el 31 de agosto de 2020, beneficiado por un indulto presidencial. Marrero, quien se desvinculó de Voluntad Popular durante su exilio, ha manifestado su intención de reincorporarse a la actividad política, definiéndose en la red social X como "militante de la unidad".
Implicaciones Políticas, Sociales y Económicas de los Retornos
Estos regresos no son meros viajes personales; son eventos cargados de implicaciones políticas, sociales y económicas que merecen un análisis profundo.
Desde la perspectiva política, la oleada de retornos puede interpretarse de varias maneras. Para el gobierno, podría ser un intento de proyectar una imagen de "normalización" y apertura democrática de cara a la comunidad internacional y, crucialmente, ante las próximas elecciones presidenciales. La posibilidad de alivio de sanciones o de mejorar su imagen exterior podría estar detrás de estas "concesiones". Sin embargo, la persistencia de causas judiciales abiertas contra muchos de estos individuos, o la naturaleza de su excarcelación (como en el caso de San Miguel, quien no ha podido pronunciarse públicamente), sugiere que el control estatal sobre la disidencia sigue siendo férreo. No es una amnistía general, sino más bien un manejo selectivo de casos.
Para la oposición, estos regresos representan un arma de doble filo. Por un lado, la reincorporación de líderes y activistas experimentados puede inyectar nueva energía y conocimiento en la lucha interna. Por otro lado, la diversidad de circunstancias y las posibles restricciones impuestas a su libertad política podrían generar fricciones o desconfianza. La mención de Marrero como "militante de la unidad" resalta la eterna búsqueda de cohesión en una oposición históricamente fragmentada. La gran pregunta es si estos retornos se traducirán en una mayor fuerza electoral o en un escenario más complejo de negociación y cohabitación.
En el ámbito social, la vuelta de estos líderes genera una mezcla de esperanza y escepticismo entre la población. Para muchos, es un signo de que la lucha no está perdida y que la posibilidad de cambio persiste. Sin embargo, para otros, especialmente para los millones de venezolanos que aún se encuentran en el exilio forzado por la crisis humanitaria y económica, estos retornos pueden parecer distantes de su propia realidad de desarraigo y desesperanza. La memoria de la represión, las torturas y las violaciones de derechos humanos que sufrieron muchos de estos individuos sigue siendo una herida abierta en el tejido social. La justicia y la rendición de cuentas por estos crímenes son asignaturas pendientes que ningún retorno, por muy significativo que sea, puede borrar.
Las implicaciones económicas, como bien señaló José Guerra, son ineludibles. El hecho de que Caracas sea "más cara que Washington o Nueva York" es un testimonio elocuente de la profunda crisis económica que sigue azotando a Venezuela. A pesar de los intentos del gobierno por estabilizar la economía y dolarizar de facto algunas transacciones, la inflación sigue siendo rampante, los salarios miserables y el costo de vida insostenible para la mayoría. La vuelta de economistas como Guerra podría revitalizar el debate público sobre la gestión económica y proponer alternativas, pero la capacidad real de influencia de estos actores en un sistema cerrado sigue siendo incierta. La realidad económica de los ciudadanos de a pie contrasta fuertemente con las maniobras políticas, recordando que la solución a la crisis va mucho más allá de las figuras que transitan por Maiquetía.
Un Futuro Incierto, pero con Nuevos Actores en Escena
La reaparición de Wilmer Azuaje y otros líderes en el panorama venezolano es un acontecimiento que "Libertad VZLA" seguirá con máxima atención. Estos retornos, aunque bienvenidos por muchos, no deben ser interpretados como una señal de plena normalización democrática o de que las condiciones que forzaron su exilio han desaparecido por completo. Las causas judiciales pendientes, la ausencia de garantías plenas y la persistencia de un sistema que ha demostrado su capacidad de represión, son factores que no pueden ser ignorados.
El valor de estos hombres y mujeres al regresar a un país donde fueron perseguidos, encarcelados y torturados es innegable. Su presencia añade nuevas voces y experiencias al ya complejo mosaico político venezolano. Sin embargo, el desafío ahora es determinar si su reincorporación contribuirá a una verdadera apertura y a la construcción de un camino hacia la democracia y el respeto de los derechos humanos, o si, por el contrario, se convertirán en parte de una estrategia mayor de un régimen que busca legitimarse sin ceder el control.