Voces Oficiales y la Cruda Realidad del Sistema Eléctrico
Ante el creciente clamor ciudadano, el gobernador de Carabobo, Rafael Lacava, reconoció el pasado 8 de mayo el sufrimiento que padecen los carabobeños. El mandatario explicó que los cortes se dividen en dos categorías: los programados, que suelen durar unas cinco horas, y aquellos producto de averías imprevistas. Solo en tres semanas, su administración reportó haber atendido más de quinientas fallas en los circuitos, además de otras vinculadas a la sobrecarga del sistema.
Lacava no ocultó la complejidad del problema. "Todos conocen el desafío que enfrenta nuestro sistema eléctrico", afirmó, señalando años de errores acumulados, la dificultad para adquirir repuestos, las limitaciones financieras y los problemas estructurales en la generación y distribución de energía que se arrastran desde hace más de una década. El gobernador atribuyó la presión inédita sobre el Sistema Eléctrico Nacional al incremento de la demanda energética, con el Sistema Interconectado Nacional superando los 15.000 megavatios de consumo, una cifra que vinculó a factores climáticos y a un repunte en la actividad económica. En Carabobo, los picos de consumo han llegado a los 1.300 megavatios en un solo día, superando con creces los 800 megavatios que la administración regional espera como máximo. Esta brecha entre la oferta y la demanda se traduce directamente en la oscuridad que envuelve los hogares.
El Desgaste Emocional y Físico de una Madre
Karina, como tantas madres venezolanas, vive en carne propia el desgaste que genera esta crisis. "Yo sacrifico mi sueño también", confiesa. Noche tras noche, se dedica a abanicar a sus hijos, impidiendo que el calor los despierte y los sumerja en el llanto o la irritabilidad. Apenas logra conciliar un sueño profundo, consciente de que debe estar alerta. "Es un desgaste emocional y físico que no podemos evitar", lamenta.
Cuando la noche ha sido especialmente dura, Karina prefiere no enviar a sus hijos al colegio. Sabe que se quedarían dormidos en clase, y considera que en esas condiciones no se puede garantizar una educación óptima. "El rendimiento decae", explica con preocupación. Lo que más le angustia es ver a sus pequeños estresados, irritables y con una incomodidad constante que nada parece calmar.
La Psicología de la Oscuridad: Rutinas Rotas y Miedos Avivados
La psicoterapeuta gestalt, Eglantina Durrego, ofrece una perspectiva profesional sobre el impacto de los apagones en la salud mental de niños y adolescentes. Para la experta, el estrés y la irritabilidad observados en los menores son una reacción natural a un contexto que ha alterado radicalmente sus rutinas. Durrego explica que las "rutinas ancla", esas actividades diarias y fijas en el horario, son fundamentales para la estabilidad emocional de los niños. Al verse interrumpidas por los cortes eléctricos, el impacto en su bienestar es innegable.
La oscuridad, además, juega un papel crucial en la psique infantil. Aviva los miedos inherentes a la infancia. "Mientras más pequeño, más seguro necesita sentirse", enfatiza Durrego. Los apagones prolongados afectan directamente la higiene del sueño, un pilar fundamental para el desarrollo. La consecuencia: niños y niñas con mayor irritabilidad, comportamientos "más eléctricos" y una notable disminución en su capacidad de atención. De ahí surgen los llantos sin una causa aparente o las reacciones explosivas ante situaciones triviales, que no son más que la manifestación de un cúmulo de emociones que no logran procesar. La niñez, por su propia naturaleza, carece de la capacidad para comprender la magnitud de estos cambios.
La Brecha Educativa se Profundiza: Un Desafío para Docentes y Alumnos
Nelly López, docente que imparte clases tanto en Cojedes como en Carabobo, observa con preocupación cómo los apagones profundizan la brecha educativa ya existente. "Ahora nos enfrentamos a jóvenes que desean cumplir con sus asignaciones, pero simplemente no pueden", relata.
En la era digital, Nelly asigna investigaciones, ejercicios en plataformas en línea y lecturas en documentos PDF. Sin embargo, cuando la electricidad falla, los estudiantes no pueden encender sus equipos, ni acceder a datos móviles. La interrupción no es solo momentánea; muchos alumnos le confiesan a Nelly que, al regresar el servicio, toda la información de sus trabajos se ha perdido. Solo aquellos con sistemas UPS (unidades de alimentación ininterrumpida) tienen una ventaja, lo que a su vez acentúa las desigualdades socioeconómicas dentro del aula.
La docente también percibe el estrés, la ansiedad y el constante temor de sus alumnos a no poder entregar las tareas o a ser penalizados por incumplimiento, a pesar de que la culpa no es suya. Los dolores de cabeza son cada vez más frecuentes en las aulas, y Nelly ve con alarma las posibles afectaciones cognitivas a largo plazo. "Algo tan sencillo como un trabajo grupal se arruina, y todo esto genera desmotivación", lamenta.
Nelly hace un llamado al sistema educativo para que se proporcionen herramientas que ayuden a mitigar el problema. No se refiere a costosas plantas eléctricas, sino a soluciones más sencillas y accesibles, como guías impresas o bancos de carga para las familias más vulnerables. "Como docentes, debemos asumir esta situación y ser solidarios con esas angustias", concluye, consciente de que la educación se ha convertido en otro campo de batalla en la crisis eléctrica. La organización Cecodap, por su parte, ha documentado en un comunicado cómo las altas temperaturas y las interrupciones de servicios en los centros educativos venezolanos revelan problemas acumulados de infraestructura, como la falta de ventilación, que se suman a esta compleja realidad.
Los apagones en Carabobo y en toda Venezuela son mucho más que una simple interrupción del servicio. Son una herida abierta en el tejido social, un obstáculo formidable para el desarrollo de la niñez y la adolescencia. Mientras la oscuridad persista, la infancia venezolana seguirá luchando contra el cansancio, la incertidumbre y la interrupción de un futuro que, por derecho, debería ser brillante.