Paparoni advierte que $346 millones para reconstrucción por terremotos terminará en manos de la corrupción

El exdiputado y dirigente político de Primero Justicia, Carlos Paparoni, cuestionó la transparencia en el manejo de los 346 millones de dólares provenientes del Fondo Monetario Internacional (FMI) que fueron asignados a la administración de Delcy Rodríguez para la recuperación del país tras los terremotos del 24 de junio. Advirtió que esta suma de dinero

Redacción Libertad VZLA
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Equipo editorial19 jul. 2026

La asignación de 346 millones de dólares por parte del Fondo Monetario Internacional (FMI) a la administración de Nicolás Maduro, destinados a atender los daños causados por los sismos del pasado 24 de junio, ha generado alertas en los sectores políticos de oposición debido a la ausencia de mecanismos de fiscalización. El dirigente de la organización Primero Justicia, Carlos Paparoni, denunció que la falta de contraloría sobre estos recursos extraordinarios facilitará su desvío hacia redes de corrupción, según una información publicada por el portal informativo El Pitazo. El político opositor cuestionó la capacidad y la voluntad del Ejecutivo liderado por Delcy Rodríguez para administrar estos fondos de manera transparente, señalando que los precedentes de gestión pública en el país justifican la desconfianza de la ciudadanía y de la comunidad internacional.

De acuerdo con los reportes de prensa, la entrega de estos recursos financieros se concretó luego de gestiones directas realizadas por la vicepresidenta oficialista, Delcy Rodríguez. El pasado 8 de julio, Rodríguez sostuvo una conversación telefónica con la directora del FMI, Kristalina Georgieva, con el propósito de solicitar el acceso a fondos que permanecían bloqueados en el organismo financiero multilateral. El gobierno venezolano argumentó que la liberación del tramo de reserva era indispensable para mitigar el impacto del terremoto en las comunidades vulnerables, al tiempo que insistió en que las sanciones internacionales vigentes dificultan las tareas de reconstrucción y el restablecimiento de los servicios públicos básicos en las zonas afectadas.

Frente a los anuncios oficiales que prometen el uso de estos recursos para la protección del pueblo, Paparoni presentó un balance de las obras de infraestructura que podrían financiarse con el monto asignado si se aplicaran criterios de eficiencia y honestidad administrativa. En un video difundido a través de sus plataformas digitales, el exparlamentario detalló el potencial de inversión en el estado La Guaira, una de las regiones históricamente vulnerables ante eventos sísmicos y deslaves. Según sus estimaciones, con una fracción de los 346 millones de dólares se podría construir un desarrollo habitacional completo con capacidad para más de 800 apartamentos. Adicionalmente, el presupuesto permitiría reparar de forma integral unas 4.000 viviendas que sufrieron daños estructurales, incluyendo la rehabilitación de la red vial, escuelas y sistemas de distribución de agua y energía eléctrica, lo que beneficiaría de forma directa a unas 5.000 familias de la entidad costera.

El análisis del dirigente político también contempló la situación de la capital venezolana, donde la densidad poblacional y la fragilidad de las construcciones en zonas populares elevan el riesgo ante desastres naturales. Paparoni utilizó como referencia el costo promedio de construcción y acondicionamiento de una vivienda digna en la parroquia Caricuao, estimado en unos 30.000 dólares por unidad. Bajo este esquema de costos, el dirigente gremial y político calculó que los fondos del FMI serían suficientes para garantizar soluciones habitacionales seguras a 11.500 familias caraqueñas que se encuentran damnificadas o en situación de alto riesgo. La comparación busca evidenciar la brecha entre el costo real de las obras civiles y el destino final que suelen tener las partidas presupuestarias bajo la administración actual.

El debate sobre la transparencia y los precedentes de gestión

La advertencia sobre el destino de los 346 millones de dólares se enmarca en un contexto de denuncias por el manejo opaco de los recursos públicos en Venezuela. Organizaciones no gubernamentales dedicadas a la contraloría social han documentado durante años la ausencia de presupuestos detallados, la falta de licitaciones públicas transparentes y la inexistencia de informes de gestión accesibles a los ciudadanos. Para la oposición venezolana, la entrega de divisas sin condiciones previas de supervisión representa un riesgo sistémico que debilita los esfuerzos por restablecer la institucionalidad y el Estado de derecho en el país.

Por su parte, la administración de Nicolás Maduro sostiene que los obstáculos para la reconstrucción no derivan de la gestión interna, sino de las restricciones financieras impuestas por la comunidad internacional. Delcy Rodríguez ha reiterado en sus intervenciones públicas que las sanciones económicas limitan la capacidad operativa del Estado para adquirir insumos de construcción y tecnología necesaria para la estabilización de terrenos y reparación de servicios. No obstante, los sectores críticos señalan que el discurso gubernamental utiliza las sanciones para eludir la rendición de cuentas y justificar el deterioro estructural

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