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Geóloga Luiraima Salazar: “Prevenir cuesta dinero, pero la reconstrucción tras un sismo cuesta muchísimo más”

Geóloga Luiraima Salazar: “Prevenir cuesta dinero, pero la reconstrucción tras un sismo cuesta muchísimo más”

La ingeniera geóloga Luiraima Salazar alertó sobre la crítica infraestructura nacional tras el doble sismo del 24 de junio. Durante un forochat organizado por Crónica Uno, la experta exhortó a mejorar la planificación de las ciudades frente a las fallas tectónicas activas que amenazan al país. Caracas. Para dimensionar la magnitud del doble sismo que […] La entrada Geóloga Luiraima Salazar: “Prevenir cuesta dinero, pero la reconstrucción tras un sismo cuesta muchísimo más” aparece primero en Crónica Uno - Los hechos como son

Luis Sambrano
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Luis Sambrano

Fundador y editor8 jul. 2026

La tierra venezolana, siempre viva bajo nuestros pies, nos recordó su inmensa fuerza el pasado 24 de junio con un doble sismo que estremeció a gran parte del país. La energía liberada por estos movimientos telúricos, de magnitudes 7.5 y 7.2, fue tan vasta que, según la ingeniera geóloga Luiraima Salazar, equivaldría a 242 bombas atómicas como la de Hiroshima, una comparación que pone en perspectiva la magnitud de lo que vivimos.

La Cruda Realidad Sísmica de Venezuela: Una Amenaza Constante

La impactante analogía de la ingeniera Salazar, compartida durante el forochat “Vulnerabilidad geológica en Venezuela” organizado por Crónica Uno, sirvió como un llamado urgente a la conciencia. Lejos de ser un evento extraordinario, los sismos del 24 de junio son una manifestación natural de la dinámica interna de nuestro planeta, un recordatorio de que Venezuela es un país sísmicamente activo. La especialista enfatizó que estos movimientos estuvieron directamente vinculados al segmento sismogénico de la falla de Boconó, una de las arterias geológicas más importantes del territorio nacional.

Salazar, una voz autorizada en la materia, desglosó la diferencia crucial entre amenaza sísmica y riesgo sísmico. La amenaza, explicó, es la probabilidad de que ocurra un evento natural de cierta magnitud en un lugar y tiempo determinados, algo inherente a nuestra geografía. El riesgo, sin embargo, es la combinación de esa amenaza con la vulnerabilidad de las poblaciones y sus infraestructuras. Es en este último punto donde reside nuestra capacidad de acción y mitigación. Venezuela posee una elevada vulnerabilidad geológica, no solo por la presencia de múltiples fallas activas capaces de generar grandes sismos, sino también por su exposición a otros fenómenos como deslizamientos de tierra, erosión acelerada, inundaciones y subsidencia o hundimiento del terreno. Comprender esta distinción es el primer paso para construir una sociedad más resiliente, una que sepa que, si bien la tierra se moverá, las consecuencias devastadoras no tienen por qué ser una fatalidad.

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Vulnerabilidad Construida: El Peligro Más Grande

Los recientes sismos no solo evidenciaron la amenaza natural esperada, sino que también desnudaron profundas debilidades institucionales y sociales que hemos permitido crecer a lo largo de los años. La ingeniera Salazar fue contundente al señalar que la vulnerabilidad se agrava por factores como la deficiente calidad estructural de muchas edificaciones, especialmente aquellas levantadas sobre sedimentos, el flagrante incumplimiento de las normas sismorresistentes y el deterioro de una infraestructura que acusa el paso del tiempo. Hemos construido, en palabras de la experta, "vulnerabilidad sobre vulnerabilidad".

Esta fragilidad se manifiesta en la falta de una cultura sólida de prevención, mitigación y preparación ciudadana ante terremotos. La ausencia de un monitoreo constante y la pérdida de infraestructura clave son ejemplos preocupantes. La ingeniera Salazar, al desmitificar el rol de los investigadores en la predicción sísmica, hizo un llamado de atención sobre el destino de un sensor sísmico crucial. Mencionó al reconocido geólogo y sismólogo venezolano, profesor Franck Audemard, quien ha denunciado la "desaparición" de un sensor que monitoreaba la vital falla de Boconó, instalado en 2013 en el sector La Chicharronera, entre Morón y Barquisimeto. La ausencia de estos ojos y oídos en nuestra tierra nos deja a ciegas ante los murmullos del subsuelo.

En contraste, la experta se refirió al caso de Ciudad Caribia, fundada en 2011, cuyos 137 edificios solo reportaron afectaciones leves tras los sismos. Este ejemplo, aunque no exento de matices, subraya que una planificación y construcción adecuadas, bajo criterios sismorresistentes, pueden marcar una diferencia sustancial en la protección de vidas y bienes. La tragedia no es el sismo en sí, sino la vulnerabilidad que, como sociedad, hemos decidido edificar.

El Camino Hacia la Resiliencia: Ciencia, Educación y Planificación

Ante este panorama, Luiraima Salazar delineó un camino claro hacia la resiliencia, basado en la ciencia, el conocimiento y la acción colectiva. Para ella, es fundamental la realización de estudios geológicos y geotécnicos detallados, así como la microzonificación sísmica. Estas herramientas son esenciales para planificar adecuadamente el desarrollo urbano, evitando construir en zonas de alto riesgo y adaptando las edificaciones a las particularidades geológicas de cada lugar, lo que a su vez reduciría futuras pérdidas humanas y económicas.

La especialista propuso una estrategia integral que va más allá de la ingeniería. Implica fortalecer la cultura científica en el país, optimizar la educación sobre gestión de riesgos desde las escuelas hasta los hogares, y estrechar los lazos entre la investigación académica y las políticas públicas. La información debe fluir desde los expertos hacia los tomadores de decisiones y, finalmente, hacia cada ciudadano. Los terremotos, insistió Salazar, no se pueden predecir ni evitar, pero sus consecuencias sí pueden mitigarse de manera significativa. Para ello, ofreció recomendaciones clave: implementar educación y simulacros periódicos que preparen a la población para actuar correctamente; realizar inspecciones técnicas rigurosas en edificaciones antiguas para evaluar su estado y reforzarlas si es necesario; planificar el territorio con un criterio geológico inquebrantable, evitando a toda costa la ocupación de zonas inadecuadas; y, crucialmente, combatir activamente la desinformación que genera pánico y desvía la atención de las medidas preventivas reales. La buena educación y el conocimiento son, en definitiva, nuestras únicas defensas verdaderas.

Despejando Sombras: Mitos y la Inquietud de Cabo Codera

En medio de la incertidumbre que sigue a un evento sísmico de gran magnitud, la desinformación puede ser tan peligrosa como el propio movimiento telúrico. La ingeniera Salazar dedicó un espacio importante a desmentir rumores y teorías conspirativas que a menudo circulan en redes sociales y otros medios. Aclaró que la ocurrencia de un "doblete sísmico" en la región no es un fenómeno inaudito y que, desde el punto de vista científico, la afirmación de que el doble terremoto del 24 de junio fue provocado en un laboratorio carece por completo de fundamento, calificándola de teoría conspirativa. La ciencia y los datos son las únicas herramientas fiables para comprender estos fenómenos.

Una de las inquietudes más recurrentes entre la población, y que la ingeniera abordó con detenimiento, fue la posibilidad de una activación del tramo de Cabo Codera, una zona que provocó el terremoto de 1900 de magnitud aproximada de 8. La preocupación por una posible transferencia de energía a este tramo y un sismo a corto plazo es palpable. Salazar fue clara: "hay que hacer monitoreo permanente en esa zona, estar pendiente de las redes de información oficial, es decir, USGS, Servicios Geológico Colombiano, Funvisis". Explicó que, hasta el momento, solo se ha percibido sismicidad de bajas magnitudes hacia la Isla Tortuga y que es "imposible hacer una predicción". Aunque un sismo grande "seguro pasará, pero no sabemos cuándo". Para definir un enjambre sísmico, se requiere de muchos sismos e información de microsismicidad en una zona, y en Cabo Codera, según los datos actuales, no se observa tal actividad. La clave, una vez más, es la vigilancia constante y la confianza en fuentes de información científica y oficial.

Los terremotos, en su esencia, son fenómenos naturales inevitables. Sin embargo, la tragedia que a menudo los acompaña no lo es. La ingeniera Luiraima Salazar lo resumió con una frase que debería resonar en cada rincón del país: "Los terremotos no matan por sí solos, lo que producen las tragedias es la vulnerabilidad que construimos como sociedad". En los últimos años, Venezuela ha edificado vulnerabilidad sobre vulnerabilidad. La amenaza geológica siempre estará allí, pero nuestra responsabilidad ineludible es disminuir el riesgo. Esto solo se logrará mediante la ciencia, el conocimiento aplicado, una ingeniería robusta, una planificación territorial consciente y, sobre todo, una educación que nos prepare para vivir en armonía con la tierra que nos sostiene.