Escuelas usadas como refugios retrasan recuperación emocional de estudiantes a 107 días de los sismos

Escuelas usadas como refugios retrasan recuperación emocional de estudiantes a 107 días de los sismos

Más de 100 días después del doble sismo, las aulas reabrieron con grietas y sin balances oficiales de reparación. Cecodap resalta que la ayuda en campamentos redujo la ideación suicida a 9 %, aunque persisten graves secuelas emocionales. Caracas. 107 días después de los terremotos del 24 de junio pasado, la reapertura de las aulas […] La entrada Escuelas usadas como refugios retrasan recuperación emocional de estudiantes a 107 días de los sismos aparece primero en Crónica Uno - Los hechos como son

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial9 oct. 2026

El inicio de las actividades escolares tras los sismos del pasado 24 de junio ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad del sistema educativo venezolano, donde el 17 % de los planteles educativos funciona actualmente como refugio temporal para familias damnificadas. De acuerdo con datos reportados por la organización Cecodap y la Agencia de Periodistas Amigos de la Niñez y la Adolescencia (Agencia PANA), el doble evento telúrico afectó al menos 900 escuelas distribuidas en nueve entidades del país, entre ellas Miranda, La Guaira, Carabobo y el Área Metropolitana de Caracas, en un contexto marcado por la falta de un balance oficial definitivo sobre las reparaciones estructurales por parte del Ministerio de Educación.

La reanudación de las actividades se produce en aulas que exhiben marcas de evaluación de riesgo, grietas visibles y espacios habilitados de manera parcial. Esta situación ha generado desconfianza entre los representantes sobre la seguridad de las instalaciones y la efectividad de los protocolos de atención ante eventuales emergencias.

Instalaciones comprometidas y falta de balances oficiales

La ocupación de recintos escolares como campamentos transitorios respondió a la necesidad de resguardar a las personas que perdieron sus viviendas, debido a que las estructuras educativas disponen de servicios básicos como agua, baños y cocinas. Sin embargo, el informe titulado "100 días de los terremotos en Venezuela", elaborado por la ONG Cecodap, señala que esta medida de emergencia inicial ha terminado por comprometer el desarrollo regular del año escolar 2026-2027.

La ausencia de informes técnicos detallados por parte de los organismos gubernamentales mantiene en incertidumbre a las comunidades educativas. Familias de zonas como El Junquito han expresado dudas sobre el nivel de preparación de los colegios frente a posibles réplicas o nuevos eventos naturales, lo que ha derivado en inasistencias voluntarias durante las primeras semanas de clase.

Un caso que ilustra esta situación es el de Francelis Sulbarán, quien prefirió postergar el envío de su hijo a las aulas durante el comienzo del periodo lectivo. Según declaró la representante al medio digital Crónica Uno, el temor a que se produjera un nuevo temblor y la falta de información clara sobre planes de contingencia condicionaron su decisión inicial. La madre explicó que el proceso de retomar la rutina cotidiana ha sido complejo tras haber sufrido la pérdida de allegados y amigos durante el desastre, por lo que mantiene una atención continua ante cualquier eventualidad mientras su hijo asiste a las actividades de adaptación psicoemocional.

Duelo y secuelas psicológicas en el entorno escolar

El impacto del evento telúrico trasciende los daños físicos en la infraestructura de las escuelas. Abel Saraiba, coordinador del Servicio de Atención Psicológica de Cecodap, puntualizó que la presencia de fisuras y el deterioro en las paredes actúan como detonantes de ansiedad tanto para el alumnado como para el personal docente que vivió la pérdida de seres queridos o la destrucción de sus hogares.

El balance de las consecuencias humanas del doble sismo, que registró magnitudes de 7.5 y 7.2, contabiliza más de 6.400 personas fallecidas en el territorio nacional. Esta cifra convierte al duelo por muerte y pérdidas materiales en el segundo motivo de consulta clínica atendido por la organización de derechos de la infancia.

El equipo de especialistas de Cecodap ha comparado el cuadro emocional derivado de los terremotos con el generado por las operaciones militares del pasado 3 de enero, cuando fuerzas estadounidenses concretaron la captura de Nicolás Maduro. Según el análisis de la organización, aunque la angustia fue el síntoma inicial en ambos escenarios, las características del trauma difieren significativamente.

Mariana Porras, psicóloga del equipo de Cecodap, explicó que durante los acontecimientos de enero prevaleció el miedo a la persecución política, lo cual ralentizó la apertura de espacios de conversación en los planteles educativos. En contraste, tras el terremoto de junio la búsqueda de contención psicológica por parte de los adultos se produjo de forma inmediata, libre de temores asociados a represalias institucionales.

Porras detalló que los síntomas detectados tras los sismos se han mantenido a lo largo del tiempo. Entre las manifestaciones más recurrentes se encuentran las alteraciones del sueño, la resistencia a salir de las viviendas y el temor persistente a permanecer dentro de espacios cerrados. Los procesos de demolición de estructuras dañadas, las réplicas telúricas menores y el inicio de las precipitaciones fluviales actúan como factores que reactivan de manera constante las crisis de ansiedad en los niños y adolescentes.

Testimonios recabados por los profesionales de la salud mental reflejan la percepción de la población infantil sobre su entorno. Registros de Cecodap recogen expresiones de niños que asocian ruidos cotidianos, como el tránsito de vehículos pesados, con detonaciones, o que manifiestan el fin de sus espacios de estudio tras la destrucción física de los inmuebles.

Estadísticas de salud mental y el modelo de escuelas restaurativas

Los datos recabados por el servicio de atención psicológica de la ONG indican que ocho de cada diez personas atendidas tras la emergencia presentaron alteraciones del estado de ánimo, registrándose la mayor incidencia en mujeres y niñas.

A pesar del incremento en las solicitudes de ayuda por ansiedad y duelo, la medición sobre el riesgo suicida mostró una disminución durante la fase posterior al desastre, ubicándose en un 9 % de las consultas. Esta cifra representa una contracción al compararse con el 31 % registrado por Cecodap en el primer semestre del año 2026 bajo condiciones habituales.

Saraiba atribuyó esta reducción temporal a la activación inmediata de mecanismos de acción humanitaria y redes de apoyo comunitario, las cuales funcionaron como un factor de contención psicosocial directa en los campamentos y sectores afectados. No obstante, el especialista advirtió que los niveles de riesgo pueden incrementarse en la medida en que la asistencia externa disminuya y las familias tengan que afrontar las secuelas de la crisis sin el acompañamiento especializado.

Para abordar la problemática en los planteles, Cecodap propone la implantación de un modelo de "escuelas restaurativas". Este enfoque pedagógico plantea estructurar programas de convivencia y bienestar integral que combinen la atención psicoemocional con la mitigación de riesgos dentro de las escuelas, mediante un trabajo conjunto entre docentes, estudiantes, padres y representantes.

Asimismo, la organización enfatiza que el retorno pleno a las actividades académicas en los planteles utilizados como refugios requiere la ejecución de planes gubernamentales de transición, reubicación digna para las familias damnificadas y saneamiento profundo de las instalaciones antes de habilitar las aulas para el uso pedagógico regular.

La reestructuración del sistema escolar en las zonas afectadas permanece supeditada a la capacidad de las instituciones estatales para ejecutar las obras de ingeniería requeridas y a la continuidad de los programas de apoyo psicosocial que atienden el trauma derivado de la emergencia sismológica.

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