Entre panes dulces y cotillones: la solidaridad busca devolver una sonrisa a los niños afectados por los terremotos

Entre panes dulces y cotillones: la solidaridad busca devolver una sonrisa a los niños afectados por los terremotos

Caracas.- A casi un mes de los terremotos que sacudieron a Venezuela el pasado 24 de junio, las heridas en el asfalto, así como en las paredes de Caracas y La Guaira comienzan a ser eclipsadas por un movimiento que no busca destruir, sino reconstruir. Este domingo 19 de julio cuando se celebra el Día

Redacción Libertad VZLA
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Equipo editorial18 jul. 2026

Casi un mes después de los terremotos que impactaron a Venezuela el 24 de junio, generando daños en Caracas y La Guaira, la sociedad civil ha impulsado una serie de iniciativas de apoyo. En este contexto, organizaciones y voluntarios se movilizaron para conmemorar el Día del Niño, celebrado el 19 de julio, buscando ofrecer momentos de alegría a los menores afectados por los sismos. Las acciones se centraron en la distribución de alimentos y regalos, demostrando una respuesta coordinada ante la emergencia.

Dos de estas iniciativas destacaron por su alcance y dedicación. Por un lado, el Instituto Europeo del Pan (Iepan) transformó sus instalaciones en un centro de producción de alimentos, horneando miles de sándwiches y, posteriormente, meriendas dulces destinadas a los niños. Paralelamente, en el colegio Aprada Tepui, voluntarios prepararon más de mil cotillones con golosinas y juguetes, con el objetivo de llevar una sonrisa a los pequeños en las zonas damnificadas. Estos esfuerzos, según reportó El Pitazo, reflejan la capacidad de la comunidad para organizarse y brindar asistencia en momentos de necesidad.

El Impacto de los Sismos en Venezuela y la Respuesta Social

Los terremotos del 24 de junio, aunque no detallados en su magnitud en la información proporcionada, causaron afectaciones significativas en infraestructuras y generaron desplazamiento de familias en estados como La Guaira y en sectores específicos de Caracas. La tragedia, que dejó un número no especificado de fallecidos y heridos, activó una inmediata respuesta por parte de la sociedad civil venezolana. Esta reacción se manifestó a través de la creación de cocinas comunitarias, centros de acopio y la movilización de voluntarios y organizaciones no gubernamentales que trabajaron para atender las necesidades básicas de los afectados.

La historia de Venezuela está marcada por eventos sísmicos y desastres naturales que han puesto a prueba la resiliencia de su población. Uno de los episodios más recordados es la tragedia de Vargas en diciembre de 1999, un evento que dejó miles de fallecidos, desaparecidos y damnificados, y que transformó profundamente la geografía y la dinámica social de la región costera. Esta experiencia, junto a otros sismos de menor escala pero con impacto local, ha forjado una memoria colectiva sobre la importancia de la solidaridad y la respuesta comunitaria en momentos de crisis.

En este contexto, la movilización ciudadana tras los sismos recientes no es un fenómeno aislado, sino una manifestación recurrente de la capacidad de autoorganización y apoyo mutuo que emerge en el país ante las adversidades. La respuesta del sector gastronómico, por ejemplo, fue rápida y significativa. Numerosos cocineros, algunos incluso provenientes de otras regiones, se unieron para preparar alimentos en Caracas, y diversas empresas donaron productos esenciales. Juan Carlos Bruzual, director de Iepan, destacó que la sociedad civil respondió "muy rápido y con mucha responsabilidad", lo que permitió la creación de una "gran red de apoyo", según informó El Pitazo.

Iniciativas para Alimentar el Cuerpo y el Espíritu

El Instituto Europeo del Pan (Iepan) se convirtió en un epicentro de esta ayuda humanitaria. Juan Carlos Bruzual, quien hace 27 años fue víctima de la tragedia de Vargas en 1999, experimentó en primera persona el impacto de un desastre natural. Esta vivencia personal lo motivó a actuar de inmediato tras los recientes sismos. Al día siguiente del evento, Bruzual organizó una campaña que inicialmente se propuso elaborar "Mil sándwiches para Vargas", pero que rápidamente superó las expectativas. Según sus declaraciones, la iniciativa llegó a producir más de 5.000 sándwiches, multiplicando por cinco su meta original. Cada jornada implicaba la producción artesanal de pan en la escuela, que temporalmente se transformó en un centro de ayuda.

Con la proximidad del Día del Niño, Iepan adaptó su menú sin cambiar su propósito fundamental. Prepararon mil meriendas que consistían en pan dulce con mantequilla y mermelada. Bruzual explicó que esta elección tenía un significado personal y emocional, evocando un "viaje directo a la infancia" y a "recuerdos felices". La elaboración de estos alimentos fue posible gracias a la colaboración de decenas de voluntarios, incluyendo exalumnos, estudiantes universitarios, cocineros y panaderos, así como el apoyo de empresas que contribuyeron con donaciones e insumos. La logística fue intensa, con días en los que se elaboraban mil sándwiches diarios, lo que requería una constante búsqueda de ingredientes y la coordinación de hasta veinte personas trabajando simultáneamente, dada la naturaleza artesanal de la producción.

Una de las voluntarias en Iepan fue Larissa Hernández, periodista de profesión, quien durante semanas cambió su labor habitual por la de elaborar pan. Hernández llegó a Iepan tras colaborar en el centro de acopio de Ciudad Universitaria, donde identificó la necesidad de alimentos para voluntarios, rescatistas y las comunidades afectadas. Aprendió a hornear pan y enfatizó que "cualquiera puede ayudar", incluso dedicando solo "un ratico, dos horas para empacar, cocinar o clasificar donaciones". Su mensaje subraya la importancia de la participación colectiva, señalando que "nunca será suficiente lo que hagamos, pero si todos damos un poquito podremos salir adelante más rápido". Hernández también hizo un llamado a mantener el compromiso más allá de la celebración del Día del Niño, destacando que el acompañamiento continuo es lo que "realmente cambia las cosas".

Cotillones de Esperanza y Acompañamiento Emocional

Mientras la actividad en Iepan se centraba en la producción de alimentos, otro movimiento solidario tomaba forma en el colegio Aprada Tepui. Allí, madres voluntarias, docentes y colaboradores se dedicaron a preparar más de mil cotillones que serían distribuidos en Caracas y La Guaira. La iniciativa surgió de una pregunta de Dayana Rodríguez: "¿Cómo hacemos para que tengan un día diferente?". Inspirada por un video de otra voluntaria, Tilena Szepesi, quien también buscaba preparar una comida especial para los niños, ambas comenzaron a organizar la campaña.

Inicialmente, la meta era elaborar cien cajitas, pero la receptividad superó las expectativas, y la cifra ascendió a mil, con la posibilidad de entregar cientos de cotillones adicionales gracias a las continuas donaciones. Rodríguez destacó el "movimiento inmenso de juguetes y peluches", y la voluntad de la gente de ayudar, sirviendo ellos como "puente para que todo llegue a los niños". La distribución de estos cotillones se planificó para tres días, con voluntarios organizados en grupos para alcanzar tanto refugios como comunidades afectadas.

Tilena Szepesi, quien forma parte del grupo Ven al Corazón, compartió su experiencia en el trabajo colectivo. Desde el día siguiente al terremoto, su grupo comenzó cocinando en una casa y evolucionó hasta operar en un centro de producción que ha distribuido más de 2.000 comidas. Szepesi describió el proceso como un "aprendizaje sobre la marcha" y atribuyó el crecimiento de la iniciativa al apoyo de la gente. Al igual que con los cotillones, la idea inicial de cien "cajitas felices" se multiplicó, y la campaña también incluyó a niños en Caracas y a pacientes oncológicos del Hospital San Juan de Dios, ampliando el alcance de la ayuda.

Más allá de la entrega de bienes materiales, las docentes del colegio Aprada Tepui incorporaron una dimensión de acompañamiento emocional. Mariana Oropeza, directora académica, explicó que durante las semanas previas al Día del Niño, visitaron refugios para realizar actividades recreativas y educativas con los menores. Según Oropeza, llegaron a unas 300 familias, buscando que los niños pudieran "jugar, distraerse y vivir actividades que les permitan dejar atrás, aunque sea un rato, todo lo que han sufrido". La directora académica enfatizó que las muestras de cariño de los pequeños son el "combustible para seguir adelante" y que el trabajo continuará durante las vacaciones escolares, con el personal docente manteniendo el acompañamiento. La invitación a unirse a estos esfuerzos sigue abierta, ya que, según Oropeza, "lo que realmente funciona aquí es el cariño".

Implicaciones Sociales y la Resiliencia Comunitaria

La respuesta social ante los terremotos del 24 de junio en Venezuela pone de manifiesto varias implicaciones sociales relevantes. En primer lugar, subraya la capacidad de autoorganización y resiliencia de la sociedad civil venezolana frente a la adversidad. En un contexto donde las instituciones estatales pueden enfrentar limitaciones en la gestión de emergencias, la comunidad ha demostrado una notable habilidad para movilizar recursos, coordinar esfuerzos y brindar apoyo directo a los afectados. Esto no solo cubre necesidades inmediatas, sino que también genera un sentido de pertenencia y esperanza en las comunidades golpeadas.

En segundo lugar, la participación de diversos sectores, desde panaderos y cocineros hasta periodistas y docentes, ilustra la transversalidad de la solidaridad. Profesionales de distintas áreas se unieron para aplicar sus habilidades y conocimientos en favor de una causa común, superando barreras y demostrando que la cooperación puede surgir desde cualquier ámbito. La rapidez con la que se articuló esta red de apoyo, como lo señaló Bruzual, es un indicador de una cultura de respuesta comunitaria que se activa en momentos críticos.

Finalmente, el énfasis en el Día del Niño y en la provisión de "meriendas dulces" y "cotillones" va más allá de la simple asistencia material. Estas acciones buscan atender el bienestar emocional de los menores, reconociendo que los desastres naturales no solo causan daños físicos, sino también psicológicos. Ofrecer un momento de alegría, un recuerdo feliz, o la oportunidad de jugar, como lo describió Oropeza, es fundamental para el proceso de recuperación y para mitigar el trauma. La continuidad del acompañamiento, como lo sugirió Hernández, es crucial para asegurar que el impacto positivo no sea efímero y que los niños reciban el apoyo necesario a largo plazo.

En un país que, según los organizadores, "lastimosamente no sale de una tragedia", la respuesta de la sociedad civil venezolana a los terremotos ha sido un testimonio de la fuerza de la solidaridad. La movilización de voluntarios, la coordinación de organizaciones y la dedicación de individuos como Juan Carlos Bruzual, Larissa Hernández, Dayana Rodríguez, Tilena Szepesi y Mariana Oropeza, han permitido que miles de niños afectados reciban no solo alimentos y regalos, sino también un mensaje de que no están solos. Entre panes dulces y cotillones, la comunidad ha reafirmado que, a pesar de los temblores de la tierra, la capacidad de ayuda mutua se mantiene firme.

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