En Cumaná se desata el negocio de las cisternas tras más de tres meses sin agua

En Cumaná se desata el negocio de las cisternas tras más de tres meses sin agua

La crisis del túnel Guamacán agrava la escasez crónica en el estado Sucre, donde los ciudadanos pagan hasta 30 dólares por agua y expertos advierten que las reparaciones oficiales son solo temporales. Cumaná. Para José Fuente, habitante de Campeche en Cumaná, estado Sucre, la emergencia hídrica no comenzó el 25 de febrero pasado, cuando se […] La entrada En Cumaná se desata el negocio de las cisternas tras más de tres meses sin agua aparece primero en Crónica Uno - Los hechos como son

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial4 jun. 2026

La Sed de Cumaná: Un Negocio de Cisternas Florece Sobre la Desidia y el Olvido del Agua

Cumaná, la primogénita del continente americano, se ahoga en una paradoja cruel: una ciudad costera, bañada por el Caribe, lleva más de tres meses sumida en una emergencia hídrica que ha transformado el acceso al agua potable de un derecho fundamental en una mercancía de lujo. El colapso del túnel trasvase Guamacán, parte vital del embalse Turimiquire, ha expuesto una década de desinversión y ha desatado un lucrativo negocio de cisternas que exprime aún más los ya maltrechos bolsillos de sus habitantes.

La crisis, que estalló públicamente el 25 de febrero con el anuncio del daño en la infraestructura, no fue una sorpresa para muchos cumaneses. Para José Fuente, residente del sector Campeche, la intermitencia del servicio era una constante mucho antes. En su hogar, el agua por tubería llegaba apenas una vez a la semana, un hilo de esperanza que apenas abastecía el tanque comunitario y, de allí, se distribuía con dificultad a las viviendas. La normalidad para José, su esposa, sus dos hijos y su nieto de cinco años, era la ausencia del servicio, una realidad que se ha agudizado hasta límites insospechados.

La Carga Diaria de la Supervivencia

Antes de la emergencia, José se las ingeniaba para transportar agua desde el sector Tataracual, en la parroquia San Juan, hasta su casa, utilizando la camioneta de su trabajo para llenar bidones desde la tubería matriz en La Llanada. Era una rutina agotadora, pero gestionable. Sin embargo, con el agravamiento de la escasez, esa opción se volvió inviable. Ahora, la única alternativa es recurrir a los camiones cisternas que, como buitres, recorren las calles de Cumaná, ofreciendo el líquido vital a precios exorbitantes. José se ve obligado a desembolsar hasta 15 dólares semanales por mil litros de agua, una cifra que pulveriza el ya ajustado presupuesto familiar y lo sumerge aún más en la precariedad.

La historia de José no es un caso aislado. Normelis Figuera, cuya casa en la avenida Cancamure permaneció un mes entero sin una sola gota de agua, relata una experiencia similar. Tras algunas intervenciones de la empresa hídrica, el servicio comenzó a llegar, aunque de forma errática, una vez a la semana a la tubería de su jardín. No obstante, la intermitencia y la insuficiencia la han forzado a pagar en dos ocasiones hasta 30 dólares por 2000 litros de agua a los mismos camiones cisternas. "En este momento, el agua llega cada cinco días por 36 horas", explica Normelis con resignación, "pero la mayoría de veces no se cumple ese tiempo y la quitan antes". La promesa de un suministro regular se desvanece en la realidad de cortes intempestivos, dejando a las familias en una constante incertidumbre.

Incluso los negocios, que requieren un suministro constante para operar, se han visto estrangulados por esta situación. Marielena Domínguez, una doctora con consultorio en un centro comercial, ha sido testigo de cómo el costo del agua se ha disparado. Si antes pagaban 70 dólares por 5000 litros, ahora han logrado conseguirla por 30 dólares, aunque sigue siendo un gasto considerable y una preocupación constante. "El agua es el negocio del momento", sentencia Marielena, reflejando el sentir de una ciudad que ve cómo un derecho humano fundamental se convierte en una mercancía especulativa. "Pasamos de comprar tanques, contenedores y bombas, a pagar por el agua que es nuestro derecho humano".

Un Colapso Anunciado: La Voz de los Expertos

La magnitud de la crisis trasciende las vivencias individuales para revelar un problema estructural profundo. El 28 de mayo, la gobernadora del estado Sucre, Johanna Carrillo, ofreció un balance oficial, informando sobre la movilización de 200 hombres para trabajar en la reparación del túnel trasvase Guamacán. Detalló la instalación de estructuras metálicas, conocidas como "costillas", destinadas a reforzar la infraestructura dañada. Sin embargo, esta intervención, aunque necesaria, no es la solución definitiva que Cumaná necesita.

Rommel Contreras, físico de la Universidad de Oriente (UDO Sucre), ha seguido de cerca la emergencia desde febrero, compartiendo análisis detallados en sus redes sociales. Sus publicaciones se han convertido en una fuente crucial para entender la complejidad del problema que afecta a tres municipios de Sucre y al estado Nueva Esparta. Tras las declaraciones oficiales, Contreras advirtió que las labores en curso son de "estabilización de emergencia" y "no equivalen a una rehabilitación estructural integral del túnel". Según el experto, las "costillas metálicas" son una medida paliativa, empleadas para sostener zonas inestables o colapsadas mientras se define una solución permanente, lo que sugiere que la recuperación total del sistema Turimiquire podría ser un proceso largo y complejo.

La visión de Contreras se alinea con las conclusiones del Programa Venezolano Educación Acción en Derechos Humanos (Provea), que, tras una visita a Cumaná y en colaboración con el informe del Colegio de Economistas del Estado Sucre (CEES), determinó que la emergencia hídrica no es el resultado de un fenómeno natural imprevisible. Por el contrario, es la consecuencia directa de una serie de "decisiones públicas erráticas, omisiones presupuestarias y una desinversión real sostenida durante más de una década". Esta falta de mantenimiento y planificación a largo plazo ha dejado a la infraestructura hídrica del estado en un estado de vulnerabilidad crítica, con consecuencias devastadoras para la población.

Ayuda Internacional y la Incertidumbre de su Ejecución

Ante la gravedad de la situación, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) anunció a principios de mayo la asignación de dos millones de dólares de su Fondo de Emergencia Global para socorrer la crisis hídrica en Sucre. Una noticia que, aunque esperanzadora, viene acompañada de una preocupante falta de claridad. Hasta la fecha, no se han precisado los mecanismos de distribución y ejecución de estos recursos, generando incertidumbre sobre cómo y cuándo esta ayuda llegará realmente a los afectados. Extraoficialmente, se ha mencionado que la gestión podría realizarse a través de organizaciones sociales sin fines de lucro, pero la opacidad en este proceso solo alimenta la desconfianza en una población ya exhausta.

El Clamor por una Reforma Institucional Urgente

La sed de Cumaná es un síntoma de una enfermedad más profunda: la necesidad imperiosa de una reforma institucional que garantice la gestión eficiente y transparente de los servicios públicos. Expertos coinciden en que la recuperación del servicio de agua no puede limitarse a reparaciones puntuales o parches de emergencia. Requiere una reestructuración profunda, una planificación a largo plazo y una inversión sostenida que ponga fin a la década de abandono y negligencia.

Mientras tanto, en las calles de Cumaná, el sonido de los camiones cisterna se ha convertido en la banda sonora de la desesperación, un recordatorio constante de que, en la tierra de la primogénita, el agua no es un derecho, sino un privilegio que se paga a precio de oro. La ciudad clama por soluciones duraderas, por un futuro donde el acceso al agua potable no sea una lucha diaria, sino una garantía fundamental para la vida y el desarrollo de sus ciudadanos.

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