El Eco de los Sueños Rotos: Impacto en la Formación
La Licenciatura en Gestión de la Hospitalidad y la Administración Hotelera son dos de las carreras más demandadas en la USB Litoral, ofreciendo a los estudiantes una inmersión práctica en el mundo de los negocios y el servicio. Parte fundamental de esta formación es el Restaurante Escuela Camurí Alto (RECA), concebido como un laboratorio vivencial donde los futuros profesionales aprenden desde la preparación de recetas y cócteles hasta la gestión de un negocio y la atención al comensal. No obstante, la realidad ha golpeado duramente este espacio vital. La planta donde se proyectaba el RECA, con sus áreas específicas para cocina, comensales y zonas de atención preferencial, se encuentra hoy deshabitada e inoperante, un testimonio mudo de la falta de recursos.
Maríalejandra Cabrera, estudiante de Comercio Exterior y dirigente estudiantil, relata con frustración cómo las prácticas del RECA han tenido que ser reubicadas provisionalmente en una cocina menor dentro del área del cafetín. Esta medida, producto de la escasez presupuestaria, limita significativamente la calidad y el alcance de la formación práctica que los estudiantes merecen. La situación se agrava aún más al conocer que los fondos recaudados por los propios alumnos para financiar estas evaluaciones técnicas fueron retenidos en la sede central de Sartenejas. La justificación, según explica Maríalejandra, fue el desconocimiento de las autoridades caraqueñas sobre las necesidades del campus litoralense, asumiendo que este operaba sin contratiempos. Este episodio no solo evidencia una desconexión administrativa, sino que también desmotiva el esfuerzo y la autogestión de una comunidad estudiantil que se niega a rendirse.
El impacto en la calidad educativa se extiende más allá de las cocinas. En las aulas y laboratorios, los ductos del sistema principal de ventilación están dañados, forzando a los estudiantes a soportar un calor sofocante que dificulta la concentración y el aprendizaje. Las jardineras internas, concebidas para embellecer los espacios, se han transformado en focos de humedad, moho y profundas filtraciones que conviven con escaleras rotas y tuberías colapsadas. A este deterioro físico se suma una obsolescencia tecnológica preocupante: gran parte de las computadoras y equipos, muchos de ellos donados por egresados, son modelos antiguos y desactualizados, incapaces de responder a las exigencias de las carreras técnicas modernas. Una situación que se agravó drásticamente durante la pandemia, cuando el robo de equipos terminó de mermar los ya escasos recursos tecnológicos.
Promesas Inconclusas y Espacios Fantasma
El recorrido por el campus de la USB Litoral es un viaje a través de un paisaje de promesas rotas y proyectos inconclusos. El auditorio de la universidad es quizás el ejemplo más doloroso de esta parálisis. Esta estructura permanece en obra gris, desprovista de butacas y de los acabados técnicos mínimos. Sus filtraciones y la acumulación de desechos no solo representan un riesgo de colapso, sino que también simbolizan una herida profunda en el corazón de la comunidad universitaria. Estudiantes, consultados en el lugar, comparten la amarga realidad de no poder graduarse en su propio campus. "Aunque firmamos las actas y las defensas de pasantías ocurren en el litoral, nos vemos obligados a viajar a Caracas para recibir nuestros títulos universitarios. Nuestro sueño es poder graduarnos en nuestro campus", expresan con una mezcla de resignación y esperanza. La inversión necesaria para reparar este espacio, según estimaciones de la gobernación, asciende a miles de dólares, una cifra que parece inalcanzable en el contexto actual.
La desidia también ha devorado los espacios destinados a la recreación y el deporte. Las dos áreas designadas para canchas de fútbol y béisbol son un reflejo de este abandono. La primera, ubicada cerca de la entrada principal, es un terreno baldío y árido donde apenas se distinguen las ruinas oxidadas de una arquería, un fantasma de lo que alguna vez pudo ser un campo de juego. La segunda, de usos múltiples, nunca recibió los trabajos de nivelación necesarios para su aprovechamiento. Aunque existen otras áreas deportivas con pavimento, estas presentan superficies irregulares y fracturas causadas por el movimiento del suelo, haciendo imposible su uso seguro. El deterioro no es solo estético; es una agresión directa a la calidad de vida de los estudiantes y al desarrollo integral que toda institución educativa debería ofrecer.
Un Grito Silencioso por la Educación
La situación de la USB Litoral es un espejo de la profunda crisis que atraviesa la educación superior pública en Venezuela. El abandono presupuestario, la falta de mantenimiento y la desconexión entre las autoridades centrales y las necesidades de los campus regionales han creado un círculo vicioso de deterioro que amenaza con asfixiar el futuro de miles de jóvenes. Esta universidad, que con tanto esfuerzo se levantó de las cenizas de una tragedia natural, se encuentra ahora al borde de otra, provocada por la desatención humana.
La comunidad estudiantil, el personal docente y administrativo, a pesar de las adversidades, siguen aferrándose a la esperanza y al compromiso con la excelencia. Su resiliencia es admirable, pero no puede ser la única respuesta a una problemática de tal magnitud. Es imperativo que las voces de la USB Litoral sean escuchadas, que se reconozca el valor incalculable de esta institución y que se tomen acciones concretas para rescatarla del abismo. El futuro de una generación y el prestigio de una de las universidades más importantes del país dependen de ello. La inversión en educación no es un gasto, sino la base fundamental para el desarrollo de una nación, y la USB Litoral merece ser salvada.