«¿Dónde están los dólares?» Ciudadanos y comerciantes aseguran que tienen restricciones para acceder a divisas
Caracas.- «Dólares en físico ahorita está bastante difícil. Cuando la consigues tienes que comprar a 750 – 740 (bolívares). Una barbaridad total», ese es el comentario que se repite entre los comerciantes consultados por El Pitazo en Caracas. La frase resume la angustia de quienes intentan mantener sus negocios a flote en una economía donde […]
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Fuente Original
El Pitazo
5 jun. 2026
La Odisea del Dólar en Venezuela: ¿Dónde Están las Divisas y Quién Accede a Ellas?
Caracas, Venezuela. La pregunta resuena en cada esquina, en cada negocio, en cada hogar venezolano: "¿Dónde están los dólares?". Lo que para cualquier economía sería una divisa de referencia o un instrumento de ahorro, en Venezuela se ha convertido en una moneda de supervivencia, cuya adquisición es una verdadera odisea, marcada por la escasez, la opacidad y un sistema cambiario que castiga a la mayoría. Ciudadanos y comerciantes por igual se enfrentan a un laberinto de restricciones que profundiza la crisis económica y pone en jaque la ya frágil estabilidad de los pequeños y medianos emprendimientos.
La realidad que se vive en las calles de Caracas y en el interior del país es cruda. "Dólares en físico ahorita está bastante difícil. Cuando la consigues tienes que comprar a 750 – 740 bolívares. Una barbaridad total", es el lamento común entre los comerciantes, quienes ven cómo el acceso a la moneda extranjera se transforma en un privilegio de pocos, mientras ellos luchan por mantener sus puertas abiertas. Esta frase no solo resume una preocupación económica, sino la angustia de un sector que, a pesar de las adversidades, insiste en generar empleo y dinamismo en un entorno hostil.
El Laberinto Cambiario: Tres Tasas, Una Realidad Distorsionada
La complejidad del panorama económico venezolano se manifiesta en la coexistencia de al menos tres tasas de cambio para el dólar, una anomalía que genera una distorsión profunda y sistémica en el comercio y la vida cotidiana. En el escalón más bajo se encuentra la tasa fijada por el Banco Central de Venezuela (BCV), que, como señala el economista José Guerra, es una cifra "para poner las carteleras en los negocios para cobrar en bolívares y nada más", siendo virtualmente inaccesible para la población general. Este "dólar BCV" sirve más como un referente ficticio que como una herramienta transaccional real.
Un segundo nivel lo constituye el llamado "dólar de intervención", una tasa ligeramente superior que el BCV inyecta periódicamente en el sistema bancario. Aunque se anuncien intervenciones cambiarias con miles de millones de dólares, la demanda de divisas supera con creces la oferta, dejando a la mayoría de los usuarios de la banca nacional con las manos vacías. Los reportes de los clientes bancarios son unánimes: adquirir divisas por los canales oficiales es un "martirio" que implica "intentar 10 mil veces" frente a pantallas de error, dedicando hasta hora y media a la persistente pulsación de un botón, solo para que el sistema finalmente procese una transacción, si es que lo hace. Esta ineficiencia no es solo una molestia; es una barrera que excluye a quienes no tienen el tiempo, la paciencia o la conexión a internet para sortearla.
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Ante la imposibilidad de acceder a las vías oficiales, ciudadanos y pequeños empresarios son empujados inexorablemente hacia el tercer nivel: el mercado paralelo. Plataformas como Binance o el intercambio informal se han convertido en la única alternativa real para obtener divisas, donde la tasa de cambio puede superar holgadamente los 750 bolívares por dólar. Esta brecha entre el dólar oficial inalcanzable y el dólar paralelo, que se acerca a duplicar el precio, es un reflejo de la disfuncionalidad del sistema. Como bien lo explica el economista Guerra, "los venezolanos que no satisfacen sus necesidades de divisa en ese mercado (oficial), ¿a dónde van? Al paralelo".
Comerciantes en la Cuerda Floja: Maniobras para no Quebrar
La escasez de billetes físicos y las trabas digitales tienen un impacto devastador en el día a día de los negocios. "Se nos están entubando los dólares en físico y por eso cada vez hay menos", comenta el encargado de una tienda de ropa, resumiendo la creciente dificultad para obtener efectivo, incluso en divisas. Esta situación obliga a los comerciantes a desarrollar estrategias desesperadas para evitar pérdidas y mantener un mínimo de flujo de caja.
Una de estas tácticas es ofrecer descuentos significativos si el pago se realiza en efectivo, lo que crea una disparidad de precios que confunde al consumidor y erosiona aún más la confianza en el sistema. "BCV te queda como en 200, pero si pagas en divisa te va a quedar como en 150", explica un vendedor, evidenciando cómo el valor real del bolívar se desploma frente al dólar en efectivo.
La estructura de precios también se ve comprometida. Un comerciante de repuestos ilustra el absurdo: si un producto tiene un costo de 20 dólares, al cobrarlo a la tasa oficial, debe marcarlo al equivalente de casi 40 dólares en bolívares para reponer inventario, un monto que los clientes perciben como "muy caro" e inalcanzable. Para concretar una venta y "moverse con eso", muchos optan por recibir el dólar a una tasa intermedia, como 725 o 730 bolívares, sacrificando un margen de ganancia ya estrecho con tal de no paralizar el negocio. Esta constante adaptación y pérdida de rentabilidad es insostenible a largo plazo y condena a muchos a la quiebra silenciosa.
A esto se suma la reticencia de los ciudadanos a gastar sus pocos dólares. "La gente no quiere gastar sus dólares. Los que tienen 200, 300 dólares por ahí guardados no los quieren usar", señala otro comerciante. En un país donde la moneda nacional pierde valor a diario, las divisas se han convertido en un refugio de valor, un colchón de seguridad ante la incertidumbre, lo que agrava la escasez de circulación y frena el consumo.
Opacidad y Fuga de Capitales: Los Ejes de una Crisis Profunda
Para el economista José Guerra, el problema de fondo es estructural y está directamente relacionado con la opacidad del sistema de intervención del Banco Central de Venezuela. Las subastas de divisas electrónicas carecen de transparencia; "se lo están adjudicando a algunas empresas y algunos ciudadanos, pero no se sabe el criterio", denuncia Guerra. Esta falta de claridad alimenta la sospecha de una "fuga de capitales espectacular" disfrazada, donde los recursos inyectados por el BCV no llegan a la economía real, sino que terminan en manos de unos pocos privilegiados o salen del país.
El origen de este desequilibrio radica en el financiamiento del déficit fiscal. Mientras el BCV inyecta dólares por un lado para contener la cotización de la divisa, por el otro, "emite dinero para financiar al fisco. Dinero que llaman inorgánico, papelillos. Dinero de la nada", explica Guerra. Estos bolívares sin respaldo salen a circular, incrementando la demanda de dólares y anulando el efecto de la intervención cambiaria. Es un círculo vicioso que deprecia la moneda nacional, alimenta la inflación y perpetúa la necesidad de más inyecciones de divisas.
La ausencia de cifras claras sobre cuánto ingresa por exportaciones petroleras y a dónde se destinan esos recursos es un clamor constante. "¿Dónde están los reales? El pueblo venezolano quiere saber dónde están los reales", cuestiona Guerra, haciendo eco de una demanda ciudadana por la rendición de cuentas y la transparencia en la gestión de los fondos públicos. En un país con las mayores reservas de petróleo del mundo, la escasez de divisas y la pobreza generalizada son un recordatorio constante de la mala administración y la corrupción.
Implicaciones: Más Allá de lo Económico
Las implicaciones de esta odisea del dólar trascienden lo puramente económico:
Económicas: La distorsión de precios genera una economía de facto de dos velocidades, donde solo quienes tienen acceso al dólar barato pueden competir. Esto desincentiva la inversión, fomenta la informalidad, reduce los márgenes de ganancia y erosiona el poder adquisitivo de la mayoría. La "dolarización de facto" se ha dado sin un marco legal ni políticas públicas que la acompañen, creando más problemas que soluciones.
Sociales: La angustia y la incertidumbre son constantes. La dificultad para acceder a divisas afecta la capacidad de ahorro, la planificación familiar y el acceso a bienes y servicios esenciales. Genera una profunda desigualdad entre quienes tienen acceso privilegiado a las divisas y la gran mayoría que lucha por obtenerlas, fragmentando aún más el tejido social. La pérdida de confianza en el sistema bancario y en la moneda nacional es un reflejo de la desarticulación institucional.
Políticas: La opacidad y la falta de transparencia en la gestión económica minan la credibilidad del Estado y profundizan la crisis de gobernabilidad. La incapacidad de estabilizar la economía y proporcionar un acceso equitativo a las divisas genera un descontento social que se suma a la ya compleja situación política del país. La promesa de una recuperación económica se ve constantemente socavada por estas realidades cotidianas.
Hacia una Solución Integral: Transparencia y Reformas Estructurales
La inyección de divisas por sí sola no es una solución si no se acompaña de cambios estructurales profundos. Para el economista José Guerra, es imperativo detener la impresión de "dinero de la nada" para controlar la inflación. Además, sugiere fijar un tipo de cambio que sea "representativo del mercado" y "sostenible", evitando tanto el agotamiento de las reservas como el disparo de la inflación. La credibilidad, un bien escaso en la economía venezolana, podría reforzarse, según Guerra, con el uso de líneas de crédito de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que implicaría un cambio drástico en la política económica actual.
La odisea del dólar en Venezuela es un síntoma de una enfermedad económica crónica que requiere un diagnóstico honesto y un tratamiento integral. La demanda de los ciudadanos y comerciantes no es solo por billetes verdes, sino por transparencia, estabilidad y un sistema económico justo que les permita planificar, invertir y vivir con dignidad. Desde "Libertad VZLA", seguiremos insistiendo en la necesidad de políticas económicas coherentes, rendición de cuentas y un compromiso real con la libertad económica, elementos fundamentales para que Venezuela pueda, finalmente, superar esta compleja crisis y responder a la pregunta de "¿Dónde están los dólares?" con acciones concretas y beneficios para todos.