¿Comenzó realmente la transición en Venezuela?

¿Comenzó realmente la transición en Venezuela?

Los terremotos del 24 de junio encontraron a Nelson Eduardo Bocaranda, Oswaldo Ramírez y Edgard Gutiérrez a segundos de comenzar a grabar Bestiario Político. Desde sus pantallas vieron cómo la casa de Ramírez se sacudía, cómo desaparecía la señal y cómo la tragedia cambiaba, en apenas 93 segundos, la realidad del país. Un mes después,

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial24 jul. 2026

La ocurrencia de los terremotos del pasado 24 de junio expuso de manera directa las limitaciones estructurales del Estado venezolano para gestionar situaciones de desastre, dejando la respuesta inmediata en manos de la organización vecinal y la ayuda de la diáspora. En paralelo a esta crisis humanitaria y de infraestructura, el panorama político registra movimientos externos con el anuncio de una nueva fase de la estrategia de los Estados Unidos para el país, la cual contempla un proceso de negociación parlamentaria previsto para iniciarse a principios de agosto. Este doble escenario, donde confluyen la emergencia social y el rediseño de la agenda de gobernabilidad, es el eje del análisis presentado por el portal de investigación Runrun.es, a partir de las deliberaciones de los especialistas Nelson Eduardo Bocaranda, Oswaldo Ramírez y Edgard Gutiérrez en el espacio de discusión Bestiario Político.

La parálisis institucional ante el desastre natural

El sismo del 24 de junio, que tuvo una duración de 93 segundos, no solo causó daños físicos y dejó un saldo de miles de personas afectadas, sino que también funcionó como un indicador del estado de las instituciones públicas. De acuerdo con el análisis publicado por Runrun.es, el evento sísmico evidenció una asimetría en las capacidades del Estado venezolano. Los analistas señalan que mientras las estructuras estatales muestran un alto nivel de preparación y equipamiento para labores de control de orden público y seguridad interna, carecen de las herramientas operativas, la logística y la coordinación necesarias para ejecutar labores de rescate técnico, atención de emergencias médicas masivas o canalización de asistencia internacional.

Ante este vacío en la gestión de riesgos, la dinámica de respuesta fue asumida de forma autónoma por la sociedad civil. El reporte detalla que fueron las comunidades organizadas, redes de voluntarios locales y agrupaciones de la diáspora venezolana en el exterior las que coordinaron de manera directa la remoción de escombros, la recaudación de insumos médicos, la provisión de alimentos y el apoyo logístico a las familias damnificadas. Este comportamiento refleja un patrón donde la ciudadanía sustituye las funciones de un aparato estatal ausente o inoperante ante contingencias de gran magnitud.

El esquema de negociación promovido por Washington

Mientras la población enfrentaba las consecuencias directas del desastre natural, el panorama político internacional registró variaciones significativas. Según la información difundida por Runrun.es, el senador estadounidense Marco Rubio anunció que a comienzos de agosto se pondrá en marcha la tercera fase del plan diseñado por el gobierno de los Estados Unidos para Venezuela, centrado en lo que denominan una transición democrática.

Este plan contempla el establecimiento de una mesa de negociación bipartita. Por un lado, se plantea la representación de la Asamblea Nacional electa en el año 2015, cuya conducción se encuentra bajo la responsabilidad de la diputada Dinorah Figuera. Por el otro extremo de la mesa, se ubica la representación del parlamento de mayoría oficialista que sesiona en Caracas, bajo la dirección de Jorge Rodríguez.

Este diseño institucional genera diversas interrogantes entre los especialistas consultados en el espacio Bestiario Político. Entre los puntos de debate se encuentra el origen y la legitimidad de la selección de los negociadores por la acera opositora, considerando el tiempo transcurrido desde la elección de dicho parlamento en 2015. Asimismo, los analistas cuestionan la aparente exclusión de esta mesa de negociación de figuras de liderazgo emergente y de alta tracción interna, como María Corina Machado, lo que abre interrogantes sobre la viabilidad de los acuerdos que allí se alcancen y sobre si el bloque gobernante participa con una voluntad real de apertura o bajo una estrategia orientada a dilatar los tiempos políticos.

Visiones encontradas sobre el proceso de cambio

El debate entre los analistas expone tres lecturas diferenciadas sobre el momento político que atraviesa Venezuela y la viabilidad de una ruta de transición.

Por una parte, Nelson Eduardo Bocaranda sostiene la tesis de que el proceso de transición en el país ya se inició de manera formal, tomando como punto de partida los acontecimientos políticos e institucionales registrados con posterioridad al 3 de enero. Desde esta perspectiva, los movimientos actuales forman parte de una secuencia ya en desarrollo, independientemente de las tensiones internas.

En contraste, Edgard Gutiérrez mantiene una postura de cautela analítica. Gutiérrez advierte que, hasta la fecha, no se observan indicadores concretos ni gestos verificables por parte del gobierno que demuestren una voluntad real de iniciar una apertura democrática o de ceder espacios de poder efectivo. Para este analista, el esquema propuesto corre el riesgo de convertirse en un mecanismo formal sin repercusiones reales en la estructura de toma de decisiones del país.

Por su parte, Oswaldo Ramírez enfoca su análisis en el comportamiento de la sociedad civil tras el impacto de los terremotos. Ramírez destaca que la gravedad de la crisis humanitaria y habitacional ha generado un desplazamiento del temor social. Según su lectura, la acumulación de demandas insatisfechas, el dolor por las pérdidas materiales y personales, y la frustración ante la ineficiencia gubernamental poseen el potencial de transformarse en vectores de presión política organizada, reconfigurando la relación entre los ciudadanos y el poder central.

El reto financiero y la transparencia en la reconstrucción

La magnitud de los daños causados por el evento telúrico plantea un desafío de reconstrucción que supera las capacidades presupuestarias ordinarias de la nación. Los datos analizados en el informe de Runrun.es indican que la recuperación de las zonas afectadas requerirá de una inversión estimada en miles de millones de dólares, así como de un plan de ejecución técnica proyectado a varios años.

Este escenario financiero introduce un debate complejo sobre la gobernanza de los recursos. En el contexto de la dualidad institucional que persiste en el país, no existe claridad sobre qué organismos o figuras jurídicas tendrían la potestad de recibir, administrar y ejecutar los fondos internacionales destinados a la reconstrucción. Los analistas advierten sobre la necesidad de diseñar mecanismos de auditoría independientes y plataformas técnicas que garanticen la transparencia en el uso de los recursos económicos, evitando que la ayuda humanitaria sea utilizada con fines de control social o sufra desvíos debido a la debilidad de los controles institucionales vigentes en el país.

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