Colapso vial por las lluvias obliga a tachirenses a mover cosechas a pie y en mula
Más de 850 familias se encuentran incomunicadas en el municipio Junín, luego de dos semanas de aguaceros. Las comunidades de San Vicente de la Revancha, La Petrolea y Río Chiquito son las más afectadas, así como La Virginia en el municipio Córdoba, por donde tampoco hay paso vehicular. San Cristóbal. Más de 850 familias están […]
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En las montañas andinas de Venezuela, el tiempo parece haberse detenido, no por elección, sino por la fuerza implacable de la naturaleza y la desidia. En el corazón del estado Táchira, más de 850 familias se encuentran sumidas en una angustiante incomunicación, con sus vías de acceso colapsadas por las intensas lluvias de las últimas dos semanas, forzando a los productores a un regreso doloroso a métodos ancestrales: las mulas, la única esperanza para salvar las cosechas y el sustento de sus hogares.
El Lamento de la Montaña: Años de Olvido, Semanas de Tormento
El municipio Junín, y en particular el sector San Vicente de la Revancha, se ha convertido en el epicentro de esta emergencia humanitaria. Quince años de promesas incumplidas y abandono gubernamental han dejado estas carreteras en un estado de vulnerabilidad extrema, donde un simple aguacero puede significar la ruina. Comunidades como San Vicente de la Revancha, La Petrolea, Río Chiquito en Junín, y La Virginia en el municipio Córdoba, son hoy testigos silenciosos de las consecuencias de ese olvido.
La vida en estas zonas rurales gira en torno a la tierra. Aquí se cultivan las frutas y verduras que alimentan a buena parte del país, pero hoy, esos campos fértiles están estancados. Las cosechas, maduras y listas para la distribución, permanecen prisioneras, imposibilitadas de llegar a los mercados del interior del estado o de otras regiones venezolanas. Un alud de tierra, arrastrado por la furia del agua, ha cortado la vital arteria vial, transformando el paisaje en una barrera infranqueable.
"Estamos en una crisis que nos ahoga", lamenta un productor local, cuya voz refleja la desesperación de muchos. "Necesitamos movilizar nuestras verduras y frutas con urgencia, porque de esto depende el pan de cada día en mi hogar. Alguien tiene que escucharnos, alguien tiene que voltear la mirada hacia acá". Su llamado es un eco de la necesidad que se palpa en cada rincón afectado.
La cruda realidad ha empujado a estos hombres y mujeres del campo a una regresión forzada. Ante la ausencia de un paso vehicular viable, la única opción es recurrir a las mulas, bestias de carga que, con paso firme, desafían los senderos intransitables. José Gregorio Rivas, otro productor de San Vicente de La Revancha, describe el esfuerzo con resignación: "Cargo la mercancía en mula para rescatar lo poco que puedo, pero es un trabajo inhumano. Las vías ya no aguantan más, es imperativo que nos tiendan una mano". Esta imagen de resiliencia forzada se ha vuelto cotidiana, un recordatorio vívido de la precariedad que asola la región.
La importancia de esta vía trasciende las fronteras municipales y estatales. Por ella no solo transitan los camiones cargados con la producción local del municipio Junín, sino también con mercancía proveniente del departamento Norte de Santander, en Colombia, destinada a los mercados mayoristas de otros estados venezolanos. El colapso, por tanto, no solo afecta a los productores tachirenses, sino que impacta la cadena de suministro alimentario a nivel nacional.
Más Allá de las Cosechas: Educación y Servicios Básicos en Jaque
El drama de las lluvias no se limita al sector agrícola. Los derrumbes y la intransitabilidad de las vías han puesto en jaque la vida de la comunidad en múltiples dimensiones. Seis instituciones educativas de la zona han visto sus aulas vacías. La ausencia de alumnos es palpable, pues el camino hacia el saber se ha convertido en un peligro inminente para niños, niñas y adolescentes.
Una docente, que prefiere mantener su identidad en el anonimato por razones de seguridad, relata la difícil situación. "Al no haber paso, nuestros alumnos no pueden llegar a la escuela. Hemos intentado implementar clases virtuales, pero es una solución precaria". Su testimonio subraya otro flagelo que azota al Táchira: los constantes apagones. Los habitantes de la región reportan cortes de electricidad cada cuatro horas, sumiéndolos en la oscuridad y la zozobra, especialmente en medio de una tormenta que no da tregua. La falta de energía eléctrica convierte la educación a distancia en un espejismo, dejando a los estudiantes en un limbo académico.
La vida cotidiana en Táchira se ha transformado en una lucha constante contra la adversidad. Los cortes de luz no solo impiden la educación virtual, sino que también dejan a las familias incomunicadas, aisladas y vulnerables, intensificando la angustia ante la incertidumbre que trae cada nueva precipitación.
La Lucha Comunitaria y el Grito de Auxilio Institucional
Frente a la inacción o la lentitud de las respuestas oficiales, los vecinos, en un acto de desesperación y autogestión, han tomado la iniciativa. En articulación con la alcaldía, lograron conseguir maquinaria pesada para intentar despejar la vía. Sin embargo, la persistencia de las lluvias, que según el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inameh) se mantendrán en Los Andes y otras regiones del país, frustra cualquier avance significativo. Lo que se limpia un día, al siguiente vuelve a ser devorado por el lodo y las rocas.
El alcalde del municipio Junín, Jackson Carrillo, ha elevado un clamor de auxilio urgente a la gobernación del estado Táchira. Recordó que el 15 de mayo ya había decretado el estado de emergencia en el municipio debido a la magnitud de las lluvias. La alcaldía, sin embargo, carece de las condiciones técnicas y económicas para afrontar una problemática de tal envergadura, que no solo afecta a San Vicente de la Revancha, sino también a otros importantes sectores como El Cafetalembaulamiento Alí Primera, Machirí, Mata de Caña, El Fiquero, La Palmita, Bicentenario, Pozo Azul y Cañaveral. La crisis es multifacética y desborda las capacidades locales.
El Inameh ha advertido sobre la continuidad de las precipitaciones en varias regiones de Venezuela, incluyendo los Andes, Guayana Esequiba, Amazonas, Bolívar, la región Oriental, los Llanos Centrales y Occidentales, y Zulia. Esta situación climática compleja agrava la fragilidad de las infraestructuras en Táchira. El director de Protección Civil Táchira, Yesnardo Canal, ha informado que diversos organismos están trabajando en el despeje de vías ante la caída de árboles, especialmente en San Cristóbal, e instó a la población a mantenerse alerta. No obstante, la magnitud de los derrumbes en Junín y Córdoba exige una intervención mucho mayor y más coordinada.
Esta no es la primera vez que Táchira enfrenta contingencias por lluvias. En abril pasado, el municipio Michelena reportó 20 viviendas y una escuela afectadas, un precedente que subraya la necesidad de una atención más robusta y preventiva.
Un Futuro Incierto en el Corazón de los Andes
Las familias de San Vicente de la Revancha y las comunidades aledañas no piden un milagro, sino soluciones concretas y urgentes. Exigen que las autoridades miren hacia sus montañas antes de que la naturaleza termine de cumplir su amenaza y los deje completamente aislados del resto de la entidad andina. La imagen de las mulas cargando el futuro de una región es un poderoso recordatorio de la necesidad de inversión, planificación y voluntad política. El Táchira, una tierra de trabajo y producción, no puede permitirse seguir retrocediendo en el tiempo mientras sus habitantes luchan por no ser olvidados. La montaña, con su furia desatada, espera una respuesta.