Colapso en escuela de San Félix pone en riesgo educación de más de 750 estudiantes

Colapso en escuela de San Félix pone en riesgo educación de más de 750 estudiantes

Sin pupitres suficientes, con baños fuera de servicio, problemas de agua, fallas eléctricas y jornadas académicas reducidas, representantes de la Escuela Bella Vista, en San Félix, estado Bolívar, temen que aumente la deserción escolar. Ciudad Guayana. En una escuela de San Félix, en el estado Bolívar, peligra la educación de más de 750 estudiantes ante […] La entrada Colapso en escuela de San Félix pone en riesgo educación de más de 750 estudiantes aparece primero en Crónica Uno - Los hechos como son

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial4 jun. 2026

En el corazón de San Félix, estado Bolívar, la educación de más de 750 niños y jóvenes pende de un hilo, atrapada entre el deterioro alarmante de sus infraestructuras y la desidia. La Unidad Educativa Nacional José María Zamora, un bastión del saber para la comunidad, se desmorona lentamente, dejando a sus estudiantes en un limbo de pupitres inexistentes y aulas anegadas por las lluvias.

La Escuela que se Niega a Morir, pero Lucha por Respirar

La Unidad Educativa Nacional José María Zamora, conocida por muchos aún como la entrañable Escuela Bella Vista, se erige en la parroquia 11 de Abril de Ciudad Guayana como un testigo mudo del paso del tiempo y, más recientemente, de la erosión de su propia estructura. Madres, padres y representantes de los alumnos observan con angustia cómo el plantel, que debería ser un santuario del aprendizaje, se convierte día a día en un espacio precario, amenazando con apagar la chispa del conocimiento en sus hijos.

Faymira López, una de las voces que clama por atención, relata el calvario de la falta de mobiliario. Desde hace más de dos años, los salones carecen de pupitres suficientes, una deficiencia que impacta directamente en la asistencia. “Están viendo clases tres veces a la semana, pero la realidad es que apenas cumplen dos, porque la afluencia de niños disminuye drásticamente ante la falta de un lugar digno donde sentarse”, explica López, reflejando una realidad que trasciende lo material para golpear la motivación de los estudiantes. La ironía se agudiza cuando los mismos padres, que ven sus esperanzas desvanecerse, son interpelados para aportar económicamente a la reparación de un mobiliario que el Estado, supuestamente, ya debería haber garantizado. La solicitud de diez dólares por representante para estas reparaciones resuena como un eco amargo ante la promesa de rehabilitaciones gubernamentales que nunca se materializaron, dejando una sensación de abandono y frustración.

Pero la carencia de pupitres es solo la punta del iceberg de una infraestructura en colapso. Los servicios básicos, pilares de cualquier institución, brillan por su ausencia o su mal funcionamiento. “No solo son las sillas; a veces no hay pizarras, el problema del agua es constante, los baños están inservibles, la electricidad falla. No hay ventiladores, y nuestros niños sufren el calor. Tampoco hay filtros de agua potable para ellos”, detalla otra madre, pintando un cuadro desolador de un ambiente hostil para el desarrollo educativo. La dirección del plantel ha peregrinado por diversas instancias gubernamentales, elevando quejas y solicitudes, pero la respuesta ha sido un silencio ensordecedor. Esta inacción genera un temor palpable entre los representantes: la deserción escolar, esa sombra que amenaza con llevarse a los alumnos que, desmotivados por las condiciones, decidan abandonar las aulas.

Un Legado en Ruinas y la Lucha de los Docentes

Ermita Valdez, otra madre comprometida con la causa, no oculta su dolor al hablar de la escuela. “Esta es una de las escuelas más antiguas y emblemáticas de Caroní. Duele ver cómo los entes gubernamentales le han dado la espalda, cómo no se han abocado a dotarla”, lamenta. Para Valdez, el deterioro no solo es físico; es una herida al alma de la comunidad, un obstáculo insalvable para el proceso de enseñanza y aprendizaje. “Los niños no están preparados para seguir así este año”, sentencia, con la voz cargada de preocupación por el futuro inmediato.

En medio de este panorama desolador, emerge la figura inquebrantable de los docentes. A pesar de las adversidades, de la falta de un lugar donde sentar a sus alumnos, de la ausencia de recursos básicos, el personal docente persiste. “Hay personal docente, el personal está dispuesto a trabajar. ¿Pero cómo lo hace? ¿Cómo lo hace si no tienen los medios, no tienen dónde sentarse, no hay un filtro?”, se pregunta Valdez, destacando el heroísmo silencioso de quienes, día a día, intentan impartir conocimiento en condiciones que desafían cualquier lógica. Su compromiso es un faro de esperanza en la oscuridad, pero también una denuncia tácita de la precariedad que enfrentan.

Un Grito de Alerta que Resuena en Todo Bolívar

La situación de la Unidad Educativa Nacional José María Zamora no es un caso aislado, sino un reflejo de una crisis educativa que se extiende por todo el estado Bolívar. Aida González, secretaria general del Colegio de Profesores en la entidad, ha alzado la voz, revelando un panorama alarmante. Los reportes que llegan a su oficina son consistentes: filtraciones masivas, inundaciones que transforman los salones en piscinas y el colapso generalizado de los servicios básicos, todo exacerbado por las recientes lluvias. “Las escuelas están llenas de filtraciones, el agua se mete dentro de los salones, dentro de la escuela. Los docentes, como quien dice, andan nadando sobre el agua”, denuncia González, con una imagen que grafica la magnitud del desastre.

La crisis sanitaria es otro frente de batalla. Numerosas instituciones presentan problemas severos: baños clausurados, aguas negras desbordándose dentro de los planteles, una amenaza latente para la salud de toda la comunidad educativa. El ejemplo de la Escuela Villa Bahía, en Puerto Ordaz, refuerza esta realidad; sus actividades académicas fueron suspendidas, y el plantel se convierte en un “río” cada vez que llueve. “Ahorita con las lluvias entró la crisis, la emergencia en todas las instituciones. No hay una institución salvada con eso”, afirma González, dibujando un escenario de emergencia educativa sin precedentes.

La Educación Venezolana en Cifras: Un Futuro en Riesgo

Este drama local y regional se inscribe en un contexto nacional preocupante, según los datos de la Encuesta Nacional sobre Condiciones de Vida (Encovi) de 2025. Venezuela cuenta con una población escolarizada de poco más de 7.1 millones de personas, frente a una demanda potencial que supera los 11 millones de niños, niñas y jóvenes entre 3 y 24 años. La brecha es alarmante: 1.2 millones de niños y adolescentes están excluidos del sistema escolar, privados de su derecho fundamental a la educación.

Los resultados de Encovi también revelan que un 44% de los estudiantes asisten de forma irregular a clases. Las razones son multifactoriales, pero consistentemente ligadas a la precariedad de los servicios: fallas en el suministro de agua y electricidad, la escasez de transporte público, la falta de alimentos tanto en el hogar como en las instituciones educativas, y la inasistencia de docentes, quienes también padecen las consecuencias de la crisis.

La situación de la Unidad Educativa Nacional José María Zamora no es solo la historia de una escuela, sino el eco de un sistema educativo que se desangra, dejando a su paso la promesa incumplida de un futuro mejor para miles de niños venezolanos. La comunidad de San Félix, y con ella, gran parte del país, espera respuestas y acciones concretas que rescaten la educación del abismo en el que se encuentra. El tiempo apremia, y el futuro de una generación entera está en juego.

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