Caracas | Terremotos devastaron un ala del hospital Rísquez: vecinos denuncian que la estructura «cruje» con las réplicas

Caracas | Terremotos devastaron un ala del hospital Rísquez: vecinos denuncian que la estructura «cruje» con las réplicas

Caracas.- El ala de emergencia y hospitalización del Hospital Eduardo Rísquez de Caracas debe ser demolida, pero no por ahora, ya que la prioridad son las estructuras afectadas en La Guaira. Esta fue la respuesta que dieron dos ingenieros que inspeccionaron el centro de salud de Cotiza la semana pasada a comerciantes y vecinos que

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial13 jul. 2026

La estructura del Hospital Eduardo Rísquez, ubicado en Cotiza, Caracas, ha sufrido daños significativos como consecuencia de los terremotos registrados el 24 de junio, según reportó El Pitazo. Un ala del centro de salud, que albergaba los servicios de emergencia y hospitalización, quedó comprometida, con el desprendimiento de parte de la edificación desde la azotea y la destrucción de la planta baja y el primer piso. La situación ha generado alarma entre los residentes cercanos, quienes afirman escuchar "crujidos" en la infraestructura con las réplicas sísmicas, manteniendo a la comunidad en un estado de incertidumbre.

Ingenieros que inspeccionaron el hospital la semana pasada confirmaron a comerciantes y vecinos que el ala afectada requiere demolición. Sin embargo, se indicó que esta acción no es una prioridad inmediata, ya que la atención se concentra en las estructuras dañadas en el estado La Guaira. Esta postergación de las reparaciones en el Rísquez contrasta con la preocupación creciente de los habitantes de Cotiza y Anauco II, quienes perciben movimientos y ruidos en el edificio, incrementando el temor a un posible colapso.

Contexto Sísmico y Vulnerabilidad de Infraestructuras en Venezuela

Venezuela se encuentra en una zona de alta actividad sísmica, debido a su ubicación en el límite de las placas tectónicas del Caribe y Sudamericana. Históricamente, el país ha experimentado eventos telúricos de magnitud considerable, como el terremoto de Caracas de 1967, que causó extensos daños y pérdidas humanas. La recurrencia de estos fenómenos naturales subraya la importancia de la planificación urbana, el cumplimiento de códigos de construcción antisísmicos y el mantenimiento preventivo de las infraestructuras críticas, como los hospitales.

La infraestructura hospitalaria, en particular, debe cumplir con estándares rigurosos de seguridad y resiliencia para garantizar su operatividad durante y después de una emergencia. La capacidad de un hospital para resistir un sismo y seguir prestando servicios es fundamental para la respuesta ante desastres. En el caso del Hospital Eduardo Rísquez, los daños reportados tras los sismos del 24 de junio ponen de manifiesto la vulnerabilidad de algunas edificaciones y la necesidad de una evaluación exhaustiva de la infraestructura sanitaria a nivel nacional.

La respuesta de las autoridades, al priorizar las afectaciones en La Guaira, si bien puede obedecer a una evaluación de daños más extensos o críticos en esa región, genera inquietud en Caracas. La falta de una respuesta inmediata para un hospital que, según testimonios de pacientes como Ligia Marín, era uno de los pocos que "funciona bien en el país", expone las limitaciones de recursos y la capacidad de respuesta del Estado ante múltiples emergencias simultáneas. La población afectada en Caracas se encuentra en una situación de desprotección, sin acceso a un centro de salud vital y con la amenaza latente de una estructura inestable en sus cercanías.

Implicaciones Sociales y Sanitarias

El cierre de un ala del Hospital Eduardo Rísquez tiene amplias implicaciones sociales y sanitarias para la comunidad de Cotiza y áreas aledañas. Este centro de salud prestaba servicios esenciales en diversas especialidades, incluyendo pediatría, ginecología, traumatología, psiquiatría, cardiología y neurología. La interrupción de estas atenciones afecta directamente a pacientes con condiciones crónicas o agudas que dependían del Rísquez para sus tratamientos y consultas.

El testimonio de Ligia Marín, una paciente con glaucoma que se trataba en el Rísquez desde hace 20 años, ilustra la magnitud del impacto. Su dependencia del hospital para no "quedar ciega" y la falta de información oficial sobre la reanudación de los servicios o alternativas de atención, reflejan una situación de desamparo. Muchos pacientes se enteraron del cierre por redes sociales, evidenciando una falla en la comunicación oficial y la difusión de información crítica a la población. La presencia de una carpa con funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y vigilantes, quienes tampoco disponen de información para los pacientes, agrava la sensación de incertidumbre y abandono.

Más allá del impacto directo en la salud, la situación genera un profundo malestar social. Los vecinos del barrio Anauco II, ubicado detrás del hospital, han reportado escuchar "cómo el hospital se parte como una galleta" durante las réplicas. Este temor ha llevado a que al menos cuatro casas en el sector queden vacías, con sus ocupantes huyendo por miedo. Otros residentes, sin opciones para reubicarse, pasan sus días en la calle, observando con inquietud la estructura dañada. La percepción de riesgo se extiende también a un puente en desuso, que servía como conductor de cables de telefonía y que se estremeció con los sismos, aumentando la preocupación en una comunidad ya vulnerable.

La insatisfacción de los vecinos con la inspección realizada por los ingenieros, que consideraron incompleta debido a la ausencia de especialistas prometidos, subraya la desconfianza en la gestión de la emergencia. La priorización de La Guaira, aunque comprensible en términos de magnitud del desastre, no exime la necesidad de una respuesta efectiva y transparente para Caracas, especialmente cuando se trata de una infraestructura hospitalaria y la seguridad de los residentes. La comunidad demanda una evaluación completa y soluciones concretas, no solo para el hospital, sino también para otras estructuras potencialmente comprometidas, como el puente mencionado.

Desafíos en la Gestión de Riesgos y Respuesta a Desastres

La situación del Hospital Eduardo Rísquez pone de manifiesto los desafíos que enfrenta Venezuela en la gestión de riesgos y la respuesta a desastres naturales. La capacidad de un país para afrontar eventos sísmicos no solo depende de la preparación previa, sino también de la eficiencia en la evaluación de daños, la asignación de recursos y la comunicación con la ciudadanía.

La falta de mantenimiento preventivo y la obsolescencia de algunas infraestructuras públicas, incluyendo hospitales, son factores que pueden agravar el impacto de los desastres naturales. En un contexto de limitaciones económicas y escasez de recursos, la inversión en el reforzamiento estructural y la modernización de edificaciones críticas puede ser postergada, aumentando la vulnerabilidad ante eventos sísmicos. La cinta de seguridad de la "Policía Metropolitana" alrededor del hospital, un cuerpo policial que dejó de existir hace más de una década, es un símbolo de la precariedad y la falta de actualización en la gestión de emergencias.

La priorización de la reconstrucción en La Guaira sobre la de Caracas, sin una explicación detallada de los criterios técnicos que sustentan esta decisión para la población afectada, puede generar percepciones de inequidad y desatención. Una gestión de desastres efectiva requiere no solo la atención a las zonas más afectadas, sino también una evaluación integral de todos los daños y una comunicación clara sobre el plan de acción, incluyendo los tiempos estimados para la intervención en cada localidad.

Además, la falta de información oficial y la dependencia de las redes sociales para que los pacientes se enteren del cierre del hospital, resaltan la necesidad de mejorar los canales de comunicación en situaciones de crisis. Un protocolo de comunicación robusto es esencial para evitar la desinformación, reducir la ansiedad de la población y guiar a los afectados hacia alternativas de atención o refugio. La presencia de personal de seguridad sin la capacidad de ofrecer respuestas a los pacientes subraya esta deficiencia.

La situación del Rísquez se inscribe en un contexto más amplio de deterioro de la infraestructura sanitaria en Venezuela, que ha sido documentado por diversas organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación. La escasez de insumos, el éxodo de personal médico y la precariedad de las instalaciones son problemas preexistentes que se ven exacerbados por un evento sísmico. La pérdida de un hospital funcional, aunque sea parcialmente, representa un golpe adicional a un sistema de salud ya fragilizado.

Conclusión

Los daños en el Hospital Eduardo Rísquez tras los terremotos del 24 de junio, y la posterior respuesta de las autoridades, han generado una compleja situación social y sanitaria en Caracas. La necesidad de demoler un ala del hospital, la postergación de esta acción en favor de otras prioridades en La Guaira, y el temor de los vecinos ante los "crujidos" de la estructura con las réplicas, son elementos que configuran un escenario de incertidumbre y desprotección para la comunidad de Cotiza.

Este evento pone de manifiesto la vulnerabilidad de las infraestructuras en zonas sísmicas como Venezuela y la necesidad imperante de una política de mantenimiento preventivo y de cumplimiento de códigos de construcción. Asimismo, subraya la importancia de una gestión de desastres transparente y eficiente, que garantice la atención oportuna a todas las comunidades afectadas y una comunicación efectiva con la ciudadanía. La rehabilitación o reconstrucción del Hospital Eduardo Rísquez no es solo una cuestión de infraestructura, sino una necesidad fundamental para restaurar la confianza y garantizar el derecho a la salud de miles de caraqueños. La atención a esta situación es crucial para mitigar el impacto humano de los desastres naturales y fortalecer la resiliencia de las comunidades frente a futuras amenazas sísmicas.

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