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Bochinche: ¿con Delcy o con María Corina?

Bochinche: ¿con Delcy o con María Corina?

Los bochinches o disturbios son indeseables, porque el desenlace suele ser impredecible. El presidente Trump decidió dejar a Delcy Rodríguez en Miraflores para supuestamente evitar que la extracción de Maduro ocasionara bochinches, por desconfianza con nuestra oposición y dar un plazo para que se recuperare la economía. Algunos opinadores venezolanos predican que la elección presidencial

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial26 may. 2026

Venezuela ante la encrucijada: ¿Transición controlada o la inminencia de la explosión social?

La compleja situación política venezolana se encuentra en un punto de inflexión, atrapada entre visiones contrapuestas sobre el camino hacia una eventual transición. La posibilidad de una prolongada permanencia de Delcy Rodríguez en la silla de Miraflores, bajo un supuesto mandato de contención de la inestabilidad, colisiona con el creciente clamor por una elección presidencial expedita que legitime un nuevo rumbo para la nación. Esta disyuntiva plantea un escenario cargado de incertidumbre, donde el riesgo de un estallido social, o "bochinche" como lo denominan algunos analistas, pende sobre el futuro inmediato del país.

Diversos actores políticos y sociales han articulado argumentos sobre la mejor estrategia para salir del actual "gobierno tutelado". Un sector aboga por una elección presidencial lo más pronto posible, argumentando que la urgencia de la crisis demanda una resolución democrática inmediata. Otro grupo, sin embargo, prefiere una secuencia más pausada: primero la elección de una nueva Asamblea Nacional (AN), luego la designación de un Consejo Nacional Electoral (CNE) renovado y, finalmente, la espera de una mejora en la situación económica. Esta última postura, que en esencia busca dilatar los tiempos, se fundamenta en la premisa de evitar desórdenes contra un eventual nuevo gobierno, un temor que, paradójicamente, podría ser el catalizador de una mayor inestabilidad si la actual administración no logra canalizar el descontento popular.

La figura de Delcy Rodríguez ha emergido como un pivote central en este tablero político. Su ascenso a la cabeza del Ejecutivo ha estado rodeado de especulaciones, especialmente tras la extradición de Nicolás Maduro a Estados Unidos. La ausencia de protestas masivas en las calles al momento de su salida, salvo tímidas quejas internas en reuniones del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) dirigidas a Rodríguez y Diosdado Cabello por la supuesta falta de defensa del exmandatario, ha reforzado la percepción de una profunda desconexión entre el régimen y la base popular. De hecho, analistas han señalado un aumento en las sospechas de que la actual jefa de Estado habría jugado un papel decisivo en la entrega de Maduro, no por un beneficio menor, sino por el control de Miraflores, un movimiento que ha fracturado aún más las ya tensas relaciones dentro del chavismo-madurismo.

Libertad VZLA es periodismo ciudadano para Venezuela. Un equipo pequeño procesa reportes con apoyo de IA: verificamos lo que podemos y lo decimos. Cómo trabajamos

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En los meses transcurridos desde que Rodríguez asumió el poder, la población venezolana no ha percibido mejoras significativas en su calidad de vida. Las protestas, aunque mayormente pacíficas, persisten y se centran en demandas fundamentales: la liberación de los presos políticos, salarios dignos y el cese de las interrupciones en los servicios básicos, como la electricidad y el agua. La incapacidad de la administración de Rodríguez y su equipo para ofrecer soluciones tangibles a estos problemas crónicos ha exacerbado el descontento general. Este liderazgo, percibido como nulo o ineficaz, no solo alimenta la frustración ciudadana, sino que también genera una creciente ola de reclamos internos dentro de las filas oficialistas, donde se le acusa de traicionar a Maduro y de perseguir a sus partidarios. El caso de la extradición de Alex Saab, visto por algunos como un golpe demoledor, podría ser la "puntilla" que precipite un aumento de la inestabilidad social, llevando a "bochinches" de gran magnitud si la estadía de Rodríguez se prolonga indefinidamente.

Frente a este panorama, la experiencia electoral reciente ofrece lecciones cruciales. A pesar de las condiciones adversas, la elección presidencial ha demostrado ser un punto de articulación para la voluntad popular. La victoria de Edmundo González el 28 de julio de 2024, en un contexto hipotético pero ilustrativo, con una abrumadora mayoría, subraya la capacidad del electorado para expresarse contundentemente. El fraude, en este tipo de escenarios, no ha residido en fallas técnicas de las máquinas de votación, ni en la transmisión de datos, ni en el registro de votantes fallecidos, sino en la manipulación descarada de los resultados por parte de figuras como Elvis Amoroso, a quien se le atribuye la invención de cifras. Para contrarrestar esta modalidad de fraude, la clave reside en una estricta supervisión internacional, con acceso irrestricto a la sala de totalización y la capacidad de obtener copias de las actas de votación, replicando los esfuerzos exitosos de equipos que han logrado documentar la voluntad popular.

Sin embargo, el camino hacia una elección democrática no está exento de obstáculos. La actual Asamblea Nacional, con su composición predominante del PSUV, difícilmente nombrará un nuevo CNE que cumpla con los principios constitucionales de independencia y pluralidad. Esto implica que cualquier lucha por la democracia tendrá que librarse en condiciones adversas, aunque quizás no tan extremas como en el pasado reciente. Un nuevo gobierno, surgido de una elección legítima, enfrentaría el desafío de coexistir con una AN y una mayoría de gobernadores y alcaldes aún bajo el control del PSUV. No obstante, contaría con una ventaja fundamental: la legitimidad popular y, con ella, un mayor margen para negociar, pacificar y generar confianza tanto a nivel nacional como internacional.

La situación económica, que no se espera mejore de inmediato, es un factor determinante. Es previsible que se produzcan manifestaciones, no solo por parte de la población general que exige soluciones a la crisis, sino también por aquellos que han sido directamente afectados por los atropellos de las administraciones anteriores y que buscan compensaciones. En este contexto, un liderazgo robusto y con una profunda conexión con el pueblo se vuelve indispensable. La figura de María Corina Machado, hipotéticamente, al ganar la presidencia, podría generar una ola de esperanza que, aunque no resolvería los problemas de inmediato, sí permitiría encauzar gradualmente la situación, gestionando las demandas y enrumbando a Venezuela hacia un desarrollo sustentable.

En definitiva, la elección entre una prolongada permanencia de Delcy Rodríguez en el poder y una elección presidencial anticipada y legítima, es también una elección entre dos futuros posibles para la estabilidad social. La continuidad de la actual administración, con su percibida ineficacia y el creciente descontento tanto dentro como fuera de las filas oficialistas, augura una alta probabilidad de un escalada de "bochinches" graduales y descontrolados. Por el contrario, un cambio de liderazgo mediante un proceso democrático, aunque enfrentaría sus propios desafíos iniciales en términos de demandas y expectativas, ofrecería una base de legitimidad y esperanza que permitiría gestionar las inevitables manifestaciones de descontento, orientándolas hacia la búsqueda de soluciones. Por ello, y respetando las diversas posturas, la urgencia de una elección presidencial transparente y expedita se presenta como el camino más sensato para desandar el laberinto venezolano y evitar una explosión social de consecuencias impredecibles.