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JEP: la emergencia post‑terremotos no puede borrar que 551 presos políticos siguen detenidos

JEP: la emergencia post‑terremotos no puede borrar que 551 presos políticos siguen detenidos

La ONG Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) recordó que si bien es cierto que en estos momentos la prioridad absoluta es apoyar a las víctimas del doblete sísmico del pasado 24 de junio, no se puede permitir que la emergencia invisibilice otra realidad igual de crítica: aún quedan tras las rejas 551 presos políticos. A

Luis Sambrano
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Luis Sambrano

Fundador y editor7 jul. 2026

La devastación causada por el doblete sísmico del pasado 24 de junio en Venezuela, que ha movilizado esfuerzos nacionales e internacionales para la asistencia y reconstrucción, no puede, bajo ninguna circunstancia, eclipsar otra crisis humanitaria de profundo calado que persiste en la nación: la detención de 551 personas por motivos políticos. Organizaciones no gubernamentales y familiares de los afectados advierten que, lejos de ser una situación secundaria, la emergencia post-terremotos ha agravado la vulnerabilidad de estos detenidos, cuya liberación ya se encontraba en un punto muerto mucho antes de los desastres naturales.

La Ineludible Realidad de los Presos Políticos en Medio de la Tragedia

Mientras el país se une en un esfuerzo titánico para atender a las víctimas y reconstruir la infraestructura dañada por los terremotos, la organización Justicia, Encuentro y Perdón (JEP) ha alzado su voz para recordar que la solidaridad nacional no puede ser selectiva. La ONG ha enfatizado que, si bien la respuesta inmediata a la catástrofe es una prioridad innegable, la situación de los presos políticos es igualmente crítica y merece atención urgente. Según JEP, el proceso de excarcelaciones, que ya mostraba un estancamiento preocupante antes del 24 de junio, ha quedado aún más relegado en la agenda pública, a pesar de que el sistema judicial y penitenciario, en su actual configuración, es percibido como un factor de vulnerabilidad tanto ante desastres naturales como en la esfera de los derechos humanos.

La retórica de unidad nacional, tan necesaria en momentos de adversidad, pierde su significado si se mantiene una política de exclusión y detención por motivos políticos. JEP sostiene que la verdadera reconstrucción de Venezuela tras los sismos no se limita a levantar estructuras físicas o rehabilitar vías de comunicación. Implica, fundamentalmente, restaurar los cimientos de la justicia, la dignidad y el respeto a los derechos humanos para todos los ciudadanos. La pervivencia de cientos de personas tras las rejas por razones políticas, en un país que busca sanar sus heridas y mirar hacia el futuro, representa una contradicción flagrante con cualquier ideal de cohesión y progreso. La organización ha descrito esta situación como la de ciudadanos que son mantenidos como "rehenes", una metáfora contundente que subraya la instrumentalización política de la justicia y la necesidad de una sociedad íntegra para su verdadera recuperación.

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Un Retrato de la Detención Política en Cifras

El último balance presentado por Justicia, Encuentro y Perdón ofrece una dolorosa radiografía de quiénes son estas 551 personas cuya libertad es reclamada. Las estadísticas revelan una diversidad de perfiles que desmienten cualquier intento de simplificar el fenómeno de la detención política en Venezuela. Del total, 67 son mujeres y 484 son hombres, una disparidad que refleja patrones de persecución y criminalización. La presencia de 23 extranjeros entre los detenidos subraya la internacionalización de esta crisis humanitaria, con implicaciones para las relaciones diplomáticas y la protección consular.

Un segmento particularmente afectado son los funcionarios de seguridad del Estado, con 189 efectivos militares y policiales privados de libertad. Estas cifras sugieren una purga interna o una represión de la disidencia dentro de las propias instituciones encargadas de velar por el orden y la seguridad. Además, 19 personas vinculadas a organizaciones políticas, un periodista bajo arresto domiciliario y tres sindicalistas engrosan la lista. La inclusión de un comunicador social y líderes sindicales evidencia la persecución de voces críticas y la restricción de libertades fundamentales como la expresión, la asociación y la defensa de los derechos laborales. Estos datos no son meros números; representan vidas, familias desmembradas y un tejido social que se desgarra bajo el peso de la represión. Cada cifra es un testimonio de la erosión del estado de derecho y la instrumentalización del sistema judicial para fines políticos.

El Grito de los Familiares: De la Protesta a la Ayuda Humanitaria y el Retorno a la Lucha

La Alianza y Movimiento de Familiares de Presos Políticos Civiles y Militares de Venezuela, un pilar fundamental en la defensa de estos derechos, ha protagonizado un giro conmovedor en su estrategia de visibilización. Recientemente, la Alianza había establecido un campamento permanente en las inmediaciones de la Embajada de los Estados Unidos en Caracas, un espacio diseñado para mantener viva la demanda de libertad de sus seres queridos. Sin embargo, ante la magnitud de la emergencia provocada por los terremotos del 24 de junio, estos familiares tomaron una decisión unánime y profundamente humanitaria: transformar su campamento de protesta en un centro de acopio y punto de apoyo para las víctimas de los sismos. Este acto de solidaridad, en medio de su propia aflicción, resalta la resiliencia y el espíritu de un pueblo que, a pesar de las adversidades impuestas, es capaz de extender la mano al prójimo.

A pesar de este paréntesis humanitario, la Alianza ha sido enfática en aclarar que la emergencia sísmica no ha diluido, sino que ha intensificado la urgencia de la situación de los presos políticos. Las consecuencias del terremoto han añadido una capa crítica de riesgo para los detenidos. Diversas instalaciones y recintos penitenciarios sufrieron daños estructurales significativos, lo que pone en peligro inminente la integridad física y la salud de quienes se encuentran allí recluidos. La vida en estas condiciones, ya de por sí precarias, se ha vuelto aún más peligrosa. Por ello, los familiares han anunciado que retomarán sus acciones de protesta y visibilización, exigiendo a las autoridades competentes y a la comunidad internacional la aplicación inmediata de medidas humanitarias para todos los presos políticos, tanto civiles como militares. Su llamado es un recordatorio de que la compasión y la justicia deben prevalecer incluso en los momentos más difíciles.

La convergencia de una catástrofe natural y una crisis de derechos humanos preexistente dibuja un panorama desolador para Venezuela. La reconstrucción de la nación, tanto material como social, exige un compromiso irrestricto con la verdad, la justicia y la dignidad humana. La liberación de los 551 presos políticos no es solo un acto de humanidad indispensable, sino un paso fundamental hacia una verdadera reconciliación nacional y la edificación de un futuro donde la exclusión y la represión no tengan cabida. Ignorar esta realidad en nombre de la emergencia sería perpetuar una herida profunda en el tejido social venezolano, impidiendo que el país se levante completo y unido.