La Trilogía de Caracas: Un Retrato Ficticio de la Realidad Venezolana
La obra de Ulive-Schnell se inscribe en una trilogía de novela negra que busca desglosar la realidad venezolana contemporánea. La inspiración para esta serie proviene de la trilogía Marsellesa de Jean Claude Izzo y de la obra cinematográfica "Los tres colores" de Kieślowski. El autor concibe su trilogía de Caracas en tres tonos: "Caracas blanca" por la cocaína, "rojo" por la sangre, y una tercera parte que proyecta en "negro" por el petróleo.
La primera entrega, titulada "Los peces del Guaire" en español y "Le poisson de Caracas" en francés, fue publicada por Editions Intervalles. Ambientada en la Caracas de 2012, durante la era chavista, la novela sigue a un detective de la brigada criminal obsesionado con la mitología griega. Originalmente escrita en español para el mercado español, y luego traducida al inglés con miras al mercado estadounidense (proyecto que se vio frustrado por la pandemia de COVID-19), fue finalmente reescrita y adaptada por el propio autor al francés.
Esta novela emplea metáforas crudas para representar la crisis institucional venezolana. La imagen del contaminado río Guaire desbordándose para inundar Caracas con petróleo, excrementos y cadáveres simboliza la descomposición política, los escándalos de corrupción como el caso Pudreval y los fracasos industriales del gobierno, como la fábrica de autos iraníes Venirauto. A través de la ficción policial, Ulive-Schnell expone la fractura social del país: una "burbuja" caraqueña de opulencia, alimentada por el dinero del petróleo, los negocios gubernamentales y el tráfico ilícito, en contraste con la precaria realidad del resto de la población.
"Coco Exprés" (Perico Express), la segunda parte de la trilogía, se sitúa en la Venezuela de 2014, un período marcado por masivas y violentas protestas callejeras. A diferencia de la narrativa lineal y en primera persona de la primera novela, esta secuela es descrita por el autor como una "cornucopia de historias distintas que se entrelazan", permitiendo conectar múltiples voces y capas de la sociedad. El detective Enrique Dávila reaparece, pero el peso central de la trama recae en Iker Castellano, un periodista catalán con problemas de adicción a la cocaína que viaja a Venezuela para investigar el narcotráfico. El personaje se enfrenta a la paradoja de intentar mantenerse sobrio en un país donde la droga es accesible y económica, según se describe en la nota de El Pitazo. La tercera parte de la trilogía proyecta cerrar el ciclo hacia el año 2019.
Ficción que Interpela la Realidad Política y Social
Un aspecto central de "Coco Exprés" es su abordaje ficcionado del Cártel de los Soles y la corrupción institucional. Ulive-Schnell enfatiza que, aunque los elementos narrativos puedan parecer exagerados, los datos sobre los esquemas de extorsión y delincuencia organizada que se vivían en Venezuela en 2014 están respaldados por la realidad. Esta afirmación subraya la intención del autor de utilizar la ficción como un vehículo para reflejar y analizar situaciones políticas y sociales complejas.
La narrativa de Ulive-Schnell también se proyecta hacia un futuro hipotético del país. El autor reflexiona críticamente sobre la posibilidad de que, tras una eventual caída de Nicolás Maduro, el poder se recentralice en figuras como Delcy Rodríguez y su hermano, consolidando el control militar y ministerial. Esta visión, aunque parte de la ficción, dialoga con debates reales sobre la estructura del poder en Venezuela y la efectividad de los procesos democráticos en un contexto de profunda polarización. El autor también menciona el papel de figuras políticas como María Corina Machado en este entramado.
El prólogo poético de "Coco Exprés" introduce una metáfora sobre la "maldición del petróleo", describiendo cómo este recurso natural, que Dios habría creado el octavo día, distorsionó la moral del país y cultivó una mentalidad rentista. En esta perspectiva, el ciudadano común justifica el robo bajo la premisa de "ladrón que roba a ladrón", una reflexión que apunta a la erosión de los valores éticos en una sociedad marcada por la corrupción.
Ulive-Schnell comenzó los primeros esbozos de la novela en 2014, dedicando más de una década a su proyecto. Como en su obra anterior, escribe en español y se encarga personalmente de la traducción y reescritura al francés. El autor ha expresado que ya no viaja a Venezuela por motivos de seguridad. Tras publicar columnas de opinión analizando el fraude electoral y debido al tono subversivo de sus novelas, ha sido objeto de acoso, incluso por parte del personal de la embajada venezolana en París, y teme figurar en "listas negras" del gobierno.
La Literatura como Sanación y Memoria
A pesar de las dificultades y los riesgos personales, Vicente Ulive-Schnell mantiene la convicción de que la literatura puede ser una herramienta de sanación, referencia y memoria. Considera que, a través de la escritura, es posible transformar el dolor y la indignación en historias que, en ocasiones, superan la ficción. Sus libros, como "Yo maté a Simón Bolívar", que ofrece dos versiones de los eventos del 11 de abril de 2002, se han convertido en referentes para comprender la complejidad de la historia reciente de Venezuela desde diversas perspectivas.
La ficción, en este contexto, se presenta como un medio para trascender una realidad que, en palabras del autor, es "tan dura". La obra de Ulive-Schnell no solo documenta y analiza el presente venezolano, sino que también plantea interrogantes sobre su futuro. La pregunta "¿Venezuela renacerá?" se formula no solo en el ámbito literario, sino como una esperanza y una proyección que suscita la propia creación artística. En un país donde la información y la expresión suelen estar bajo presión, la literatura de autores como Ulive-Schnell ofrece un espacio para la reflexión crítica y la preservación de la memoria colectiva, contribuyendo a un entendimiento más profundo de las dinámicas sociales y políticas.
El reconocimiento de "Coco Exprés" en París, con la rápida venta de sus ejemplares, demuestra el interés internacional por las narrativas que emergen de la crisis venezolana. Este tipo de obras no solo conectan con la diáspora venezolana, sino que también informan y sensibilizan a un público más amplio sobre las complejidades de un país que busca encontrar su camino en medio de desafíos históricos. La literatura, en este sentido, reafirma su papel como testimonio y catalizador de conciencia.