8 de cada 10 venezolanos considera que la situación económica “es mala” según Latam Pulse

8 de cada 10 venezolanos considera que la situación económica “es mala” según Latam Pulse

Ocho de cada 10 venezolanos considera que la situación económica actual de Venezuela “es mala”. Así lo reveló el informe Latam Pulse mayo 2026, elaborado por la empresa de investigación de mercado AtlasIntel en alianza con Bloomberg.  El pesimismo también se traslada al ámbito personal y profesional: el 60% de los consultados califica su economía familiar

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial29 may. 2026

La abrumadora mayoría de los venezolanos, ocho de cada diez, percibe la situación económica actual del país como "mala", una cifra que subraya la profunda crisis que ha marcado la última década. Este sombrío panorama se desprende del informe Latam Pulse de mayo de 2026, una iniciativa conjunta de la firma de investigación de mercado AtlasIntel y el gigante de la información financiera Bloomberg, que ofrece una cruda instantánea de la realidad nacional.

El estudio, que forma parte de un monitoreo regional mensual en siete naciones latinoamericanas, incluyendo Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México, Perú y Venezuela, se basa en una robusta muestra de 3.626 encuestas digitales, con un margen de error de solo ±2 puntos porcentuales. Sus hallazgos no solo confirman la percepción generalizada de deterioro, sino que también profundizan en las dimensiones personales y sistémicas de este malestar.

La Realidad Cotidiana del Deterioro Económico

Más allá de la percepción macro, el informe Latam Pulse revela cómo la precariedad ha calado en el tejido social y económico del venezolano promedio. Un contundente sesenta por ciento de los encuestados califica su economía familiar como negativa, una cifra que refleja la erosión del poder adquisitivo, la inestabilidad de los ingresos y la dificultad para cubrir las necesidades básicas. Esta realidad se manifiesta en la lucha diaria para acceder a alimentos, medicinas y servicios esenciales, en un contexto de salarios mínimos irrisorios y una dolarización transaccional que, si bien ofrece cierta estabilidad en los precios de bienes importados, profundiza la brecha para quienes solo perciben ingresos en bolívares.

Aún más desolador es el panorama laboral, donde un setenta y cinco por ciento de los consultados considera que las condiciones del mercado de trabajo no son buenas. Esta estadística no solo habla de la escasez de empleos formales y bien remunerados, sino también de la proliferación de la economía informal, la precariedad contractual y la fuga de talentos que ha vaciado el país de profesionales y mano de obra calificada. La migración masiva de venezolanos en busca de oportunidades en el extranjero es un testimonio viviente de esta crisis laboral, dejando atrás familias fragmentadas y un país con una capacidad productiva mermada. La falta de inversión, la contracción del sector privado y la asfixia regulatoria son factores que impiden la generación de nuevos puestos de trabajo y perpetúan un ciclo de estancamiento.

Un Optimismo Inexplicable Frente a la Adversidad

Paradójicamente, en medio de este pesimismo generalizado, el estudio Latam Pulse detecta una brizna de esperanza: seis de cada diez venezolanos expresan expectativas de mejoría económica para el próximo semestre. Este optimismo, aparentemente contradictorio con la cruda realidad actual, podría interpretarse de varias maneras. Podría ser un reflejo de la resiliencia inherente del venezolano, acostumbrado a navegar en la incertidumbre y aferrarse a la posibilidad de un cambio. También podría estar anclado en la esperanza de transformaciones políticas o en la anticipación de una recuperación, por mínima que sea, impulsada por factores externos o internos aún no materializados.

Sin embargo, esta expectativa contrasta fuertemente con la tendencia económica observada y la ausencia de reformas estructurales profundas que sustenten una recuperación sostenida. El optimismo, en este contexto, podría ser más una manifestación de deseo que de análisis racional, una señal de la profunda necesidad de un giro positivo en un país que lleva años en caída libre. La historia reciente de Venezuela ha enseñado que las promesas de recuperación a menudo se desvanecen frente a la inercia de políticas económicas erráticas y la falta de un rumbo claro.

Los Males Fundamentales: Corrupción, Democracia y Pobreza

El informe no se limita a la economía; también indaga sobre los problemas más importantes que aquejan a Venezuela. La respuesta de los encuestados es contundente y reveladora, señalando una tríada de males que subyacen a la crisis multidimensional del país. En primer lugar, la "corrupción" emerge como la preocupación principal. Este flagelo, percibido como endémico, no solo desvía recursos públicos vitales que podrían invertirse en infraestructura, salud o educación, sino que también socava la confianza en las instituciones y perpetúa un sistema de impunidad que beneficia a unos pocos en detrimento de la mayoría. La percepción de corrupción generalizada es un veneno que corroe la moral pública y frena cualquier intento de desarrollo equitativo.

En segundo lugar, el "debilitamiento de la democracia" es identificado como un problema crucial. Esta preocupación apunta directamente a la erosión de las libertades civiles, la concentración del poder, la falta de independencia de los poderes públicos y la restricción del espacio cívico. Un sistema democrático debilitado impacta directamente en la economía al ahuyentar la inversión, generar incertidumbre jurídica y limitar la capacidad de los ciudadanos para exigir rendición de cuentas. La ausencia de contrapesos y la fragilidad institucional crean un caldo de cultivo para la arbitrariedad y la ineficiencia, factores que inevitablemente repercuten en la calidad de vida de la población.

Finalmente, la "pobreza, desempleo y falta de oportunidades" cierra este trío de preocupaciones fundamentales. Esta categoría resume las consecuencias directas de los dos problemas anteriores y de una gestión económica deficiente. La pobreza extrema ha alcanzado niveles alarmantes, el desempleo estructural persiste y la falta de vías para el progreso personal y profesional empuja a miles a la desesperación o a la migración. Estos problemas no son meros indicadores económicos; son realidades humanas que se traducen en hambre, enfermedades, falta de educación y la pérdida de un futuro para millones de venezolanos.

La Dolarización: ¿Una Tabla de Salvación o un Espejismo?

Ante este panorama desolador, la dolarización de la economía emerge en el debate público como una posible vía para estabilizar el país, y el informe Latam Pulse explora la opinión de los venezolanos al respecto. Los resultados son significativos: un 31% de los encuestados se muestra de acuerdo con la medida, y un 26% totalmente de acuerdo, sumando un 57% de apoyo explícito. Por otro lado, un 21.5% está totalmente en desacuerdo y un 7.2% en desacuerdo, lo que agrupa a un 28.7% de opositores. Un 8.1% no sabe y un 6.2% se muestra indiferente, reflejando una porción de la población aún indecisa o desinformada.

El respaldo a la dolarización no es casual. Los encuestados identifican beneficios claros: casi la mitad (49.8%) cree que podría "controlar la inflación", el flagelo que ha pulverizado el valor del bolívar y los ahorros de los venezolanos durante años. Un 40.5% considera que brindaría una "mayor estabilidad económica", y un 22.6% espera que "genere confianza para invertir". Otros beneficios mencionados incluyen una "mayor estabilidad de precios" (14.4%). Resulta notable que solo un 8.6% piense que la dolarización no tendría beneficios, lo que subraya la desesperación por encontrar una solución a la inestabilidad monetaria.

Esta inclinación hacia la dolarización es comprensible en un país que ha vivido episodios recurrentes de hiperinflación y devaluación. La moneda estadounidense ya funciona de facto como principal medio de intercambio y reserva de valor en gran parte de la economía venezolana. La formalización de este proceso, según sus defensores, podría ofrecer un ancla de estabilidad, reducir la incertidumbre y atraer inversiones, al eliminar el riesgo cambiario y la manipulación monetaria. Sin embargo, los críticos advierten sobre la pérdida de soberanía monetaria, la dificultad para implementar políticas fiscales y la posibilidad de que no resuelva los problemas estructurales subyacentes sin reformas más amplias.

Un Clamor por el Cambio Profundo

Los datos del informe Latam Pulse de mayo de 2026 son más que meras estadísticas; son un reflejo del sentir de una nación exhausta por la crisis. La percepción generalizada de una economía en ruinas, el deterioro de las condiciones personales y laborales, y la identificación de la corrupción y el debilitamiento democrático como problemas centrales, pintan un cuadro de profunda insatisfacción.

Aunque existe un atisbo de esperanza en la posibilidad de mejoría a corto plazo, y un notable consenso en torno a la dolarización como una vía para la estabilidad, el camino hacia una recuperación genuina exige abordar las raíces de la crisis. La corrupción sistémica, la fragilidad institucional y la falta de oportunidades son obstáculos monumentales que requieren no solo voluntad política, sino un compromiso real con la transparencia, la democracia y la implementación de políticas económicas coherentes. La voz de los venezolanos, capturada en este estudio, es un clamor inequívoco por un cambio profundo y estructural que permita reconstruir el país sobre cimientos sólidos de justicia, prosperidad y libertad.

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