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“Yo revisé mi cuenta el 30 de junio y me consigo con que solo me pagaron la mitad de la quincena”

“Yo revisé mi cuenta el 30 de junio y me consigo con que solo me pagaron la mitad de la quincena”

Tras los terremotos de junio, trabajadores de Zaituna Café denuncian reducción ilegal del 50 % de su salario bajo amenazas de despido. Maryolga Girán, especialista en derecho laboral, analiza el marco legal de la fuerza mayor y la crisis laboral que enfrentan comercios y profesionales independientes. Caracas. Al menos seis trabajadores de Zaituna Café renunciaron […] La entrada “Yo revisé mi cuenta el 30 de junio y me consigo con que solo me pagaron la mitad de la quincena” aparece primero en Crónica Uno - Los hechos como son

Luis Sambrano
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Luis Sambrano

Fundador y editor6 jul. 2026

Caracas, Venezuela — En medio de la incertidumbre y el temor que siguieron a los recientes movimientos sísmicos que sacudieron a Venezuela, decenas de trabajadores se han encontrado en una encrucijada aún más precaria: la lucha por sus derechos laborales. Lo que comenzó como un esfuerzo por mantener la normalidad y la productividad en momentos de crisis, se ha transformado en una amarga disputa por salarios y condiciones justas, dejando al descubierto la vulnerabilidad de la fuerza laboral en un país ya golpeado. La experiencia de los empleados de Zaituna Café resuena con la de muchos otros, quienes, tras servir diligentemente a sus empleadores en los días posteriores al temblor, vieron sus quincenas recortadas a la mitad, enfrentándose a la difícil elección entre la aceptación o la renuncia.

La Injusticia Tras el Temblor: El Caso Zaituna Café

La madrugada del 24 de junio trajo consigo el estremecimiento de un doble terremoto que dejó a Caracas y otras regiones en vilo. Días después, mientras muchos aún procesaban el susto, los trabajadores de Zaituna Café, con sucursales en puntos clave de la capital, regresaron a sus puestos. Para ellos, la prioridad era clara: mantener las operaciones, atender a la clientela y asegurar sus ingresos. Héctor*, un empleado dedicado que prefirió el anonimato para evitar represalias, relata la desilusión que lo embargó al revisar su cuenta bancaria a finales de mes. "El 30 revisé mi cuenta y solo me encontré con la mitad de la quincena", confiesa con una mezcla de sorpresa y frustración.

La incredulidad dio paso a la acción. Héctor y sus compañeros buscaron respuestas, primero con sus gerentes, luego con el departamento de Recursos Humanos. La única promesa inicial fue una conversación al día siguiente, una promesa que nunca se cumplió. Ante el silencio, decidieron trasladarse a la sede principal en El Rosal, donde finalmente fueron atendidos por la encargada de Recursos Humanos, el gerente general y uno de los propietarios. La explicación ofrecida por la gerencia fue desoladora: el cierre de algunas sedes por los efectos del terremoto y la supuesta falta de fondos impedían el pago completo. La propuesta era aún más impactante: solo recibirían la mitad de su salario, una medida que se extendería al menos hasta diciembre.

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Sin embargo, esta versión contrastaba drásticamente con la realidad que los trabajadores vivían a diario. "Todas las sedes están abiertas y las ventas hasta han subido porque había pocos restaurantes abiertos. De hecho, la sede Los Palos Grandes, que nunca cerró, tuvo más clientela", reveló uno de los extrabajadores. La sensación de injusticia se acentuaba al saber que, a pesar de su compromiso inquebrantable en un momento crítico, la empresa parecía priorizar sus finanzas sobre el bienestar de quienes la mantenían en pie. La situación escaló cuando, según las denuncias, la gerencia les advirtió sobre posibles acciones legales si hacían públicas sus quejas o compartían información con los medios. A pesar de la intimidación, videos de la reunión circularon en redes sociales, evidenciando la tensión del momento. Fue entonces cuando seis trabajadores de la sede de Los Palos Grandes, sintiendo que sus derechos eran vulnerados, tomaron la difícil decisión de renunciar. Curiosamente, solo después de estas renuncias, la empresa procedió a depositarles la totalidad de la quincena adeudada.

Dilemas y Despidos: La Cruel Elección de los Trabajadores

La historia de Elizabeth*, otra empleada de Zaituna Café, ilustra la crudeza de las decisiones que los trabajadores se vieron obligados a tomar. Tras el reclamo colectivo, Elizabeth y dos compañeros más fueron llamados a una reunión privada. Allí, se les presentó una oferta que rompía la solidaridad del grupo: se les pagaría el sueldo completo si decidían quedarse, argumentando que eran "los elegidos" por su lealtad a la empresa, mientras que al resto solo se le mantendría el 50%. La propuesta, lejos de ser un alivio, se convirtió en una carga moral. "Todos tenemos necesidad y ninguno de nosotros faltó ni un día después del terremoto", expresó Elizabeth, quien no dudó en rechazar la oferta y presentar su renuncia. Su decisión se basó en la falta de empatía de sus superiores y la convicción de que nadie debería ser discriminado por reclamar lo que le corresponde. "Ni siquiera nos preguntaron si estábamos bien. Nosotros no faltamos", lamentó, evidenciando la brecha entre la expectativa de apoyo y la fría realidad corporativa.

La situación de Zaituna Café no es un incidente aislado. A lo largo del país, el impacto de los sismos y la posterior incertidumbre económica han generado escenarios similares. En Maracay, estado Aragua, varias empleadas de una tienda fueron despedidas por negarse a regresar a sus puestos de trabajo inmediatamente después de los temblores, temiendo réplicas y priorizando su seguridad personal. La denuncia, que encontró eco en redes sociales, destacaba el contraste entre la preocupación por la integridad física y la exigencia laboral. De manera similar, en Puerto Cabello, estado Carabobo, un grupo de trabajadores de un supermercado, Catania, renunció masivamente. La razón: el edificio contiguo presentaba daños estructurales significativos y riesgo de colapso, una amenaza real que los empleados no estaban dispuestos a ignorar, especialmente ante la advertencia de sus superiores de ser despedidos si no se reincorporaban. Estos casos reflejan una tendencia preocupante donde la seguridad y los derechos fundamentales de los trabajadores se ven comprometidos en momentos de crisis, empujándolos a elegir entre su sustento y su bienestar.

El Marco Legal y la Cruda Realidad Venezolana

Ante este panorama de vulnerabilidad laboral, la voz de los expertos en derecho laboral se vuelve indispensable. Maryolga Girán, especialista en la materia y profesora de relaciones sociolaborales en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), arroja luz sobre el contexto legal. Girán explica que, si bien la "fuerza mayor" puede justificar la suspensión de las actividades laborales, no exime automáticamente al patrono de su obligación de pagar el salario. "La suspensión no impide que sigan corriendo las prestaciones sociales, ni exime al patrono del deber de pagar el salario", subraya la especialista, destacando una incertidumbre persistente en la aplicación de esta medida en Venezuela. La ley establece que el trabajador no tiene la obligación de prestar servicio bajo estas circunstancias, pero la realidad económica del país crea una dicotomía: algunas empresas tienen la capacidad de mantener los pagos, mientras que otras, afectadas directamente por los desastres o ya en una situación financiera precaria, simplemente no pueden.

La magnitud de la tragedia actual, con sus repercusiones económicas y sociales, evoca dolorosos recuerdos. Girán compara la situación actual con la de 1999, cuando el deslave de Vargas devastó comunidades enteras y numerosos centros de trabajo desaparecieron. También trae a colación los cierres masivos durante la pandemia, cuando la imposibilidad de acudir a los puestos de trabajo generó una crisis laboral sin precedentes. "Hoy estamos ante una magnitud de tragedia que no alcanzábamos a imaginar", afirma Girán, enfatizando la gravedad de la coyuntura.

La declaración de La Guaira como "zona de desastre natural" por parte del Ejecutivo, tras ser el epicentro de las pérdidas humanas y los daños materiales de los sismos de magnitud 7.2 y 7.5, subraya la escala de la emergencia. Los reportes de afectación económica en la región son críticos, y esta realidad macroeconómica se filtra directamente a las experiencias individuales de los trabajadores, quienes se encuentran en la primera línea de una crisis que desafía tanto la resiliencia humana como la solidez de las instituciones laborales.

La crisis post-sísmica en Venezuela ha expuesto, una vez más, la frágil balanza entre los derechos laborales y las realidades económicas de las empresas. Las historias de los trabajadores de Zaituna Café, Maracay y Puerto Cabello son un eco de la necesidad urgente de empatía, transparencia y el estricto cumplimiento de las leyes laborales, incluso, y quizás especialmente, en los momentos de mayor adversidad. La resiliencia de los venezolanos se pone a prueba no solo por los embates de la naturaleza, sino también por las respuestas humanas que le siguen, dejando en el aire la pregunta de si la solidaridad y la justicia prevalecerán sobre la precariedad y el miedo.