Pinto Salinas y La Candelaria: El Colapso Urbano y la Espera de Respuestas
La tragedia no se limitó a las zonas costeras. En el corazón de Caracas, urbanismos emblemáticos sufrieron daños catastróficos. En el Bloque 5 de Pinto Salinas Este, una de las alas de la estructura se desplomó completamente durante los movimientos telúricos. De las seis personas que se encontraban en esa sección del edificio, cuatro fallecieron, todas mujeres. Días después del evento, las labores de remoción de escombros continuaban, una macabra búsqueda en lo que alguna vez fueron hogares. Los sobrevivientes de las alas que resistieron el embate, pero que ahora son inhabitables, han encontrado refugio temporal en la Unidad Educativa Distrital Simón Rodríguez, a escasas cuadras del urbanismo. Allí, 42 personas del Bloque 5 se agrupan, incluyendo dos niños pequeños, seis adolescentes, tres personas con discapacidad y dos adultos mayores, todos ellos enfrentando la difícil tarea de reconstruir sus vidas desde cero.
Ana Julia Sojo, de 47 años, es una de las afectadas del Bloque 5 y su testimonio ilustra el terror vivido. Fue el adolescente de 15 años a quien ella cría quien le alertó sobre el inicio del temblor. La gravedad de la situación se hizo innegable cuando el mobiliario de su hogar comenzó a sacudirse violentamente, forzándola a actuar con una rapidez instintiva para proteger a los suyos. "Cuando empecé a ver que la cama se movía así horriblemente y todo se movía, ay no, yo agarré a la niña que la tenía en la cama y la abracé y me metí debajo de un marco de la puerta. Y empecé a pegar gritos porque mi otro hijo, mi otro hijo de cuatro años, estaba en el piso de arriba con él, con el abuelo", relató, reviviendo el momento de desesperación. Tras el desalojo, Ana Julia, su esposo, el adolescente, su hijo de cuatro años y su bebé de tres meses, reciben atención en el recinto educativo, intentando asimilar las profundas secuelas del evento.
Otros edificios en la ciudad también debieron ser desalojados por seguridad. El edificio Embajadores, frente a la Plaza Parque Carabobo en La Candelaria, es un ejemplo. Henry Moreno, residente del inmueble, reporta el desprendimiento de múltiples estructuras internas y la aparición de grietas profundas en las paredes de los apartamentos. Ante el riesgo inminente, Protección Civil ordenó el desalojo preventivo del lugar. "Protección Civil hizo una pequeña inspección ocular del edificio, mandó a evacuar todo el edificio, de manera que estamos durmiendo en la plaza Parque Carabobo, acá de la parroquia La Candelaria", narra Moreno, reflejando la cruda realidad de dormir a la intemperie en el corazón de la ciudad.
La Avenida Fuerzas Armadas también presenta un cuadro preocupante. El Edificio Riga sufrió daños de consideración, dejando varias viviendas inhabitables. Sus familias claman por inspecciones y ayuda de las autoridades, una asistencia que, hasta el momento, no ha llegado. Justo al frente, las Residencias Serenísima, dos torres que también resultaron afectadas, son escenario de desalojos masivos. Los vecinos, como Gloriana Colmenares, solicitan desesperadamente vehículos para remover los escombros, evidenciando la falta de recursos y apoyo institucional para enfrentar la emergencia.
San Bernardino: La Negligencia que Precede al Desastre
La parroquia San Bernardino es otra de las zonas más golpeadas por los sismos del 24 de junio, con el colapso total de edificaciones como los edificios Moisés y Rita, cuyas ruinas se erigen como monumentos a la tragedia. Una sobreviviente que residía en el edificio Moisés declaró que, al momento de la visita de Libertad VZLA, cinco personas aún permanecían bajo los escombros, sin ser localizadas. De otras cinco personas encontradas, tres habían fallecido, sumando una cifra dolorosa al balance de víctimas.
El testimonio de esta sobreviviente arroja luz sobre una posible causa del colapso del Moisés, un factor que eleva la inquietud sobre la seguridad estructural en la capital. Según lo revelado por las autoridades a los afectados, el derrumbe de la estructura se atribuyó a un tanque aéreo de concreto, con una capacidad de 30.000 litros, que estaba ubicado en la parte superior del edificio. Este detalle sugiere una grave deficiencia en la ingeniería o el mantenimiento, donde una carga excesiva o una construcción inadecuada podrían haber comprometido la integridad del edificio ante un evento sísmico. Gran parte de la avenida Arauco, donde se encontraba el Moisés, permanece acordonada, mientras que unas cuadras más arriba, en la avenida Los Próceres, los escombros del edificio Rita se suman al paisaje de destrucción.
La magnitud de los sismos ha desnudado la vulnerabilidad de la infraestructura venezolana y la precaria situación de sus habitantes. Cientos de familias han perdido sus hogares, sus pertenencias y, en muchos casos, a sus seres queridos, enfrentando una emergencia humanitaria que exige una respuesta coordinada y eficiente. La improvisación de campamentos y la desesperación de los afectados por la falta de apoyo oficial son un recordatorio sombrío de la necesidad urgente de políticas de prevención sísmica, planes de contingencia robustos y, sobre todo, una atención integral y digna para quienes hoy lo han perdido todo. La reconstrucción no será solo de estructuras, sino de vidas y de la confianza en un sistema que, hasta ahora, parece haberlos dejado a su suerte.