Venezuela: la libertad no se tutela, se conquista

Venezuela: la libertad no se tutela, se conquista

A pesar de que los actores políticos de 1999 bajaron la guardia y le dieron el beneficio de la duda a la entonces emergente revolución bolivariana, apoyada desde Caracas por la embajada norteamericana, el mismo pueblo que la elevó para dar lugar a la inédita experiencia de los autoritarismos competitivos del presente ―reales dictaduras del

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial24 oct. 2026

La resiliencia de la ciudadanía venezolana frente a los modelos autoritarios responde a un instinto de preservación de la libertad que no depende de concesiones externas ni de pactos cupulares. De acuerdo con una reciente lectura analítica publicada por el portal Runrun.es, la experiencia democrática no constituye un producto transable en mercados políticos ni una dádiva otorgada por potencias extranjeras, sino un estado del espíritu y una práctica colectiva articulada desde la sociedad civil.

La libertad como vivencia y construcción colectiva

El proceso socio-político iniciado a finales del siglo XX en Venezuela demostró que, aun cuando diversos sectores dirigentes otorgaron un voto de confianza inicial a la llamada revolución bolivariana en 1999, la sociedad mantuvo un mecanismo de resistencia que ha impedido la anulación total de sus aspiraciones democráticas. Un testimonio atribuido al historiador y expresidente Ramón J. Velásquez situó el origen de las mutaciones sociales contemporáneas en los acontecimientos de 1989, al señalar que la ciudadanía abandonó sus espacios habituales para ocupar el ámbito público de manera permanente.

Para comprender este fenómeno, la publicación de Runrun.es recurre a la definición filosófica planteada por Jacques Maritain, quien sostuvo que los regímenes de corte fascista y autoritario pervierten el lenguaje, haciendo imperativo un esfuerzo de descontaminación conceptual. Bajo este enfoque, la democracia trasciende los textos de ciencia gubernamental para constituirse en una filosofía general de vida humana y un estado de conciencia.

Esta perspectiva se complementa con las teorías de John Dewey expresadas en su obra de 1916, Democracy and Education, donde se define a la democracia como una modalidad de vida asociada y una experiencia comunicada. Del mismo modo, los postulados históricos de Alexis de Tocqueville en La democracia en América refuerzan que los hábitos, las creencias y las costumbres sociales determinan la continuidad real de las instituciones republicanas.

Por su parte, los análisis del politólogo Norberto Bobbio recuerdan que el sistema democrático supera el simple cálculo de mayorías y minorías electorales. La libertad, por tanto, no es un bien susceptible de ser administrado por tutores internacionales o instituciones financieras, sino el resultado del ejercicio efectivo de los derechos fundamentales en interacción directa con los semejantes.

Límites de la tutela externa y el pragmatismo geopolítico

El análisis divulgado por Runrun.es advierte sobre las lecturas erróneas que atribuyen un propósito democratizador automático a las intervenciones unilaterales de potencias extranjeras. En el contexto de las acciones de fuerza ejecutadas por la Casa Blanca contra estructuras criminales instauradas en el poder desde 1999, el texto destaca que la motivación central de Washington responde a cálculos de seguridad hemisférica y no al restablecimiento de la institucionalidad venezolana.

Las dinámicas de estabilización impulsadas desde el Departamento de Estado de los Estados Unidos priorizan la contención operacional y la eventual reapertura económica por encima de la reconstrucción institucional. De acuerdo con el reporte, este esquema sustituye la antigua influencia ejercida por actores como Cuba, Rusia, China e Irán por un proceso de tutela geopolítica anglosajona.

En este marco, las mesas de negociación y las instancias de diálogo promovidas bajo este tipo de mediaciones externas corren el riesgo de convertirse en simulaciones. Dichos espacios suelen responder a los intereses de élites políticas y económicas enfocadas en preservar cuotas de poder partidista o asegurar garantías de impunidad, mientras las estructuras represivas permanecen intactas en su núcleo operativo. La exclusión del cuerpo social en estas fórmulas convierte el proceso de transición en un modelo frágil carente de legitimidad sustantiva.

Paralelos históricos: la lección de 1909

La historia política de Venezuela registra antecedentes donde la intervención de actores internacionales facilitó reconfiguraciones de poder autoritarias bajo el argumento de la estabilidad. El informe de Runrun.es evoca los acontecimientos registrados a comienzos del siglo XX, cuando el gobierno de Estados Unidos sostuvo un prolongado litigio con el régimen del general Cipriano Castro a raíz de los enfrentamientos con la empresa concesionaria de asfalto New York & Bermudez Co.

Aprovechando la salida de Castro al exterior por complicaciones de salud, su vicepresidente, Juan Vicente Gómez, asumió el mando con el respaldo naval y diplomático otorgado por Washington. Este movimiento se consolidó formalmente el 19 de febrero de 1909 con la firma de los acuerdos bilaterales suscritos con William I. Buchanan, alto comisionado y embajador especial de la administración estadounidense.

Aquel pacto histórico garantizó el ingreso directo de corporaciones transnacionales estadounidenses e inglesas para la explotación del subsuelo venezolano, consolidando una dictadura que se prolongó por casi tres décadas a cambio de estabilidad comercial y control geopolítico. El paralelismo histórico evidencia que la sustitución de liderazgos mediante presiones externas suele responder a intereses económicos estratégicos y no al fortalecimiento de los derechos de la población.

La nación como único eje de purificación democrática

La reconstrucción efectiva del tejido republicano exige superar la noción de la democracia como un beneficio tutelado o un acuerdo de laboratorio entre grupos de interés. La experiencia histórica demuestra que la estabilización impuesta sin la participación activa de la sociedad civil resulta insuficiente para garantizar una transición duradera.

Frente a esquemas de gobernabilidad diseñados al margen de la ciudadanía, el factor determinante para sostener una verdadera república sigue residiendo en la nación organizada. La preservación de la libertad, tal como concluye el análisis institucional, no surge de la cesión de soberanía a actores externos, sino del ejercicio consciente y sostenido de los derechos fundamentales por parte de la población.

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