Vecinos de Playa Grande exigen claridad sobre presuntos planes de demolición en la zona

Vecinos de Playa Grande exigen claridad sobre presuntos planes de demolición en la zona

Habitantes del sector Playa Grande, en La Guaira, alertaron la mañana de este sábado, 25 de julio, que funcionarios del Estado trancaron el acceso vehicular a la calle 6 norte y desalojaron el sector, presuntamente porque prevén demoler los edificios Samantha y Costa Dorada, afectados por los terremotos de hace un mes en el país.

Redacción Libertad VZLA
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Equipo editorial25 jul. 2026

La restricción del paso vehicular en la calle 6 norte de Playa Grande, en el estado La Guaira, y el desalojo preventivo de sus habitantes por parte de organismos del Estado han expuesto las tensiones entre la comunidad y las autoridades locales tras la decisión de demoler las estructuras de los edificios Samantha y Costa Dorada. Estas edificaciones sufrieron daños severos debido a dos movimientos telúricos registrados un mes atrás en el territorio nacional. De acuerdo con una investigación publicada por el portal informativo Runrun.es, los residentes del sector denuncian una notable falta de claridad en el manejo de este procedimiento técnico, el cual fue suspendido temporalmente tras la presión de los vecinos, quienes exigen la recuperación de los cuerpos de las víctimas que aún permanecen bajo los escombros.

El despliegue de seguridad y la paralización del operativo

La mañana del sábado 25 de julio, un contingente de funcionarios públicos cerró los accesos a la calle 6 norte de Playa Grande, dando inicio a un operativo de desalojo que tomó por sorpresa a parte de la comunidad. Según los reportes obtenidos por Runrun.es, en el lugar se constató la presencia de personal adscrito a la Alcaldía del municipio Vargas, funcionarios de la Oficina de Catastro y efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana. De igual forma, los vecinos reportaron la presencia de técnicos que portaban uniformes con la identificación de "explosivos", lo que confirmó la intención de realizar una demolición controlada de las estructuras afectadas.

A pesar de la movilización de los equipos de seguridad y demolición, el proceso fue paralizado temporalmente alrededor de la 1:00 p. m. de ese mismo sábado. Esta suspensión se acordó tras un encuentro entre representantes de las instituciones del Estado y los habitantes de la zona. Los residentes expusieron que no se podía proceder con la destrucción de las estructuras colapsadas debido a que en el sitio aún se encuentran restos humanos de personas que quedaron atrapadas durante el sismo, y cuyos familiares exigen rescatar de forma prioritaria para brindarles los servicios funerarios correspondientes.

Opacidad administrativa y dudas sobre la seguridad estructural

El origen de la medida de demolición se remonta al martes 21 de julio, fecha en la que el alcalde del municipio, José Manuel Suárez, realizó una inspección técnica en Playa Grande. Durante esa visita, la autoridad municipal notificó de manera formal la necesidad de demoler los edificios Samantha y Costa Dorada debido al colapso parcial de sus bases tras el doble evento sísmico. Aunque este anuncio quedó registrado en un acta oficial que fue suscrita por los propios vecinos del sector, la comunidad organizada sostiene que los pasos subsiguientes se han caracterizado por la desinformación.

Los habitantes de las zonas adyacentes manifestaron a Runrun.es su preocupación por la falta de estudios técnicos públicos que garanticen la estabilidad de las viviendas vecinas. Existen múltiples residencias cercanas que presentan daños menores o fisuras superficiales, y los propietarios desconocen si las vibraciones provocadas por una demolición con explosivos podrían comprometer la integridad estructural de sus hogares. Los vecinos han solicitado formalmente mesas de trabajo técnicas con ingenieros y especialistas de la municipalidad para evaluar el impacto ambiental y físico de la operación en todo el perímetro de la calle 6 norte.

El reclamo humanitario por las víctimas atrapadas

El aspecto más sensible de la situación en Playa Grande radica en la dimensión humana de la tragedia. De acuerdo con los testimonios recogidos por el medio de comunicación de origen, los escombros de los edificios Samantha y Costa Dorada resguardan los cuerpos de personas que no pudieron evacuar a tiempo durante el terremoto. Los familiares de estas víctimas han permanecido en las inmediaciones del sector con la esperanza de que las autoridades ejecuten labores de búsqueda y extracción antes de proceder con cualquier tipo de maquinaria pesada o detonación.

La solicitud de suspender la demolición hasta que se agoten las labores de recuperación de los cadáveres fue el argumento central que detuvo el despliegue estatal el sábado por la tarde. Los residentes argumentan que proceder con la demolición sin recuperar los restos constituye una vulneración a la dignidad de las víctimas y al derecho de las familias de dar sepultura a sus allegados. Esta demanda humanitaria ha unificado a la comunidad, la cual exige que el protocolo de búsqueda de las instituciones de rescate prevalezca sobre la urgencia de despejar el terreno.

Resguardo de bienes y desalojo de la seguridad privada

Otro de los puntos de conflicto identificados por los habitantes de Playa Grande tiene que ver con la seguridad de los bienes materiales dentro de las zonas evacuadas. Los vecinos explicaron que existen apartamentos en edificios colindantes que, aunque se mantienen en pie, no han podido ser desocupados por sus dueños debido a la premura de las restricciones de acceso. Esto ha impedido que las familias retiren documentos de identidad, objetos de valor y enseres personales básicos.

La preocupación aumentó cuando, durante el operativo del sábado, las fuerzas de seguridad del Estado procedieron a retirar al personal de vigilancia privada que custodiaba varios de los conjuntos residenciales de la calle 6 norte. Los propietarios expresaron su temor ante posibles pérdidas materiales o ingresos no autorizados a las viviendas desocupadas, señalando que la remoción de la vigilancia privada los deja en una situación de total vulnerabilidad. Ante este escenario, la comunidad exige que se establezca un cronograma seguro y ordenado que permita a las familias ingresar brevemente a sus propiedades para salvaguardar sus pertenencias antes de que se reanuden las actividades de demolición.

Proyecciones y exigencias comunitarias

La prórroga obtenida por los habitantes de Playa Grande abre un espacio para la negociación entre el poder municipal y los afectados. Los residentes han enfatizado que su objetivo no es impedir de forma indefinida el saneamiento del área, pues reconocen el peligro latente que representan las estructuras dañadas por el sismo. Sin embargo, exigen que el proceso se realice bajo principios de transparencia, respeto a los derechos humanos y con un cronograma técnico claro que sea compartido de manera oportuna con todos los actores involucrados.

El restablecimiento del diálogo constructivo y la presentación de informes técnicos detallados sobre el uso de explosivos son las condiciones que la comunidad de la calle 6 norte considera indispensables para permitir el avance de las obras estatales. Mientras tanto, las familias de la zona se mantienen en alerta y a la espera de que se inicien formalmente los trabajos de localización y recuperación de las víctimas atrapadas en los escombros.

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