"Un terremoto activa en la víctima una respuesta aguda de supervivencia"
Lola Collado, experta en emergencias y catástrofes, es profesora del Departamento de Psicología de la UIC Barcelona y coordinadora de la Unidad de Crisis de
Venezuela, una nación históricamente vulnerable a los embates de la naturaleza, se enfrenta a un desafío que va más allá de la infraestructura colapsada o las pérdidas materiales: el profundo y a menudo invisible impacto psicológico de las catástrofes. Cuando un terremoto sacude la tierra, la respuesta inmediata de supervivencia se activa en cada individuo, pero lo que sigue es una compleja red de emociones, traumas y procesos de reconstrucción que requieren una atención especializada y sostenida. En un país ya marcado por crisis humanitarias complejas, la capacidad de abordar esta dimensión de la tragedia se convierte en una prueba crucial para su sociedad y sus instituciones.
Expertos como Lola Collado, profesora del Departamento de Psicología de la UIC Barcelona y coordinadora de la Unidad de Crisis de Fundación Salud y Persona, subrayan la importancia vital del acompañamiento psicológico desde el primer momento de una emergencia. En una entrevista con LA RAZÓN, Collado enfatiza que la psicología de emergencias no es un lujo post-desastre, sino un componente esencial de la respuesta integral, integrado con otros profesionales. Su visión resalta que, si bien no todos los intervinientes necesitan ser especialistas en salud mental, es imperativo que cuenten con herramientas básicas para la intervención en crisis: saber cómo comunicarse con una persona en shock, transmitir calma, ofrecer información clara sin exacerbar la angustia y acompañar sin invadir. Este primer contacto, a menudo en el punto de máxima vulnerabilidad, puede determinar significativamente la trayectoria de la recuperación emocional.
La Activación de la Supervivencia y sus Secuelas
Cuando una persona pierde su hogar, a un ser querido o todo aquello que le brindaba seguridad, se desencadena una respuesta aguda de supervivencia tanto a nivel emocional como fisiológico. Collado describe un estado inicial de shock o aturdimiento, una sensación de irrealidad o incredulidad donde la mente lucha por procesar lo ocurrido. A esto se suman intensas reacciones fisiológicas de estrés agudo: taquicardia, respiración acelerada, tensión muscular, sudoración, temblores e hipervigilancia. Estas reacciones, aunque pueden variar en su manifestación —desde una parálisis total hasta una hiperactividad resolutiva—, son respuestas normales ante una experiencia extrema y no deben ser patologizadas.
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El acompañamiento en estos momentos críticos se centra menos en "decir lo correcto" y más en "estar" de una manera respetuosa y disponible. La escucha activa, la validación emocional y el respeto por los ritmos individuales son pilares fundamentales. Frases bienintencionadas pero invalidantes como "todo pasa por algo" o "tienes que ser fuerte" pueden generar más daño que consuelo. La clave reside en tolerar el dolor ajeno sin la prisa de aliviarlo, reconociendo la legitimidad de lo que la persona siente.
Sin embargo, las secuelas de una tragedia pueden ir mucho más allá de la fase inicial. Collado advierte sobre el riesgo de desarrollar trastornos de estrés postraumático (TEPT), caracterizados por la reexperimentación del suceso, evitación de estímulos asociados, hipervigilancia y una activación constante del sistema de alerta. El duelo complicado, especialmente cuando la pérdida es repentina, violenta o difícil de asimilar, puede bloquear el proceso natural de elaboración. La ansiedad y la depresión son también cuadros frecuentes, junto con sentimientos de culpa o dificultades para retomar la vida cotidiana.
Incluso los equipos de emergencia no están exentos. La exposición repetida al sufrimiento ajeno y a situaciones límite puede generar fatiga por compasión, agotamiento profesional (burnout) y, en algunos casos, sintomatología postraumática que a menudo se enmascara bajo una actitud de fortaleza. El seguimiento psicológico para estos profesionales es, por tanto, igualmente crucial. La reconstrucción emocional, lejos de ser un camino lineal o una "superación" que implica olvidar, es un proceso progresivo y profundamente personal, con altibajos, que busca integrar lo ocurrido en la historia de vida y encontrar nuevas formas de seguir adelante.
Implicaciones en el Contexto Venezolano: Una Tormenta Perfecta
El análisis de las implicaciones de una tragedia de esta magnitud en Venezuela revela una compleja interacción de factores que amplifican la vulnerabilidad y dificultan la recuperación.
Implicaciones Sociales:
La sociedad venezolana, ya fragmentada por años de crisis política, económica y social, enfrenta una resiliencia mermada. Una catástrofe natural no solo destruye infraestructura física, sino que también puede desarticular comunidades y redes de apoyo que ya están bajo presión. La precariedad de los servicios públicos —salud, vivienda, electricidad, agua— significa que la capacidad de respuesta del Estado es limitada y que la población depende en gran medida de la autoorganización y la solidaridad vecinal, que, aunque heroicas, no pueden sustituir una respuesta estatal robusta. La escasez de medicamentos, la fuga de talento médico y la infraestructura hospitalaria deficiente hacen que la atención de salud mental sea un lujo inalcanzable para la mayoría, incluso sin el factor agravante de una catástrofe. La estigmatización de los problemas de salud mental, un problema global, se agudiza en contextos de crisis donde la prioridad se percibe como la supervivencia física. Además, la tragedia puede exacerbar el desplazamiento interno y externo, sumándose a la ya masiva diáspora venezolana. Las familias separadas, los niños desprotegidos y el aumento de la vulnerabilidad de grupos ya marginados son consecuencias sociales directas.
Implicaciones Económicas:
Venezuela, sumida en una profunda recesión económica, hiperinflación y sanciones internacionales, carece de los recursos fiscales y la capacidad productiva para afrontar los costos masivos de reconstrucción. La pérdida de viviendas, infraestructuras básicas y medios de vida (agricultura, pequeños negocios) devastaría aún más una economía ya depauperada. La dependencia de la ayuda internacional se volvería aún más crítica, pero la politización de la ayuda humanitaria y las dificultades logísticas existentes podrían obstaculizar su llegada y distribución efectiva. La informalidad laboral, predominante en Venezuela, significa que la mayoría de los afectados no tienen seguros ni redes de seguridad social que amortigüen el golpe, llevando a una pobreza aún más extrema y a la imposibilidad de reconstruir sus vidas sin apoyo externo masivo.
Implicaciones Políticas y de Gobernanza:
La capacidad de respuesta del Estado venezolano ante una catástrofe se vería bajo un escrutinio intenso. La percepción de ineficiencia o falta de transparencia en la gestión de la emergencia podría erosionar aún más la confianza pública en las instituciones. La coordinación entre los diferentes niveles de gobierno (nacional, regional, municipal) y con actores de la sociedad civil y la comunidad internacional sería un desafío monumental en un contexto de polarización política. La centralización del poder y la debilidad de las instituciones locales podrían obstaculizar una respuesta ágil y adaptada a las necesidades específicas de cada comunidad.
Desde la perspectiva de "Libertad VZLA", la libertad de expresión y el acceso a información veraz se vuelven aún más cruciales en estas circunstancias. En un escenario de catástrofe, la desinformación, los rumores y la censura pueden generar pánico, obstaculizar los esfuerzos de rescate y reconstrucción, y ocultar la verdadera magnitud de la tragedia o la ineficacia de la respuesta. Los medios independientes tienen la responsabilidad de informar con rigor, dar voz a las víctimas, fiscalizar la gestión de los recursos y garantizar que la ayuda llegue a quienes más la necesitan, sin intermediaciones políticas o burocráticas indebidas. La transparencia en la gestión de la crisis, la rendición de cuentas y la garantía de que la información fluya libremente son pilares para una recuperación efectiva y para la construcción de resiliencia social.
Un Llamado a la Preparación y la Empatía
La reconstrucción emocional de una nación no es solo una tarea de psicólogos, sino un compromiso colectivo. En Venezuela, donde la resiliencia ha sido puesta a prueba una y otra vez, la integración de la salud mental en la preparación y respuesta ante desastres no es una opción, sino una necesidad imperante. Requiere políticas públicas que fortalezcan los servicios de salud mental, capaciten a los equipos de emergencia, fomenten la educación sobre el trauma y desestigmaticen la búsqueda de ayuda psicológica.
La experiencia de Lola Collado y otros expertos nos recuerda que el dolor de una tragedia no termina cuando las cámaras se apagan. Es un proceso largo y arduo que exige paciencia, empatía y un apoyo sostenido. Como "Libertad VZLA", nuestro compromiso es seguir informando, analizando y elevando las voces de quienes sufren, abogando por un enfoque integral que ponga la dignidad humana y el bienestar psicológico en el centro de cualquier estrategia de respuesta a las catástrofes. Solo así, al atender tanto las heridas visibles como las invisibles, Venezuela podrá realmente reconstruirse y avanzar hacia un futuro más resiliente y humano.