Un mes que nos debe cambiar como país, por Fernando Pinilla

Un mes que nos debe cambiar como país, por Fernando Pinilla

Un mes. Sí, un mes del momento que nos marcó como sociedad. Un mes de esos, oficialmente, 39 segundos que nos demostraron nuestra vulnerabilidad humana

Redacción Libertad VZLA
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Redacción Libertad VZLA

Equipo editorial23 jul. 2026

A un mes del doble evento sísmico que afectó al territorio venezolano el pasado 24 de junio, la discusión sobre la gestión de riesgos y la respuesta estatal frente a desastres naturales se mantiene activa en el debate público. De acuerdo con el análisis del columnista Fernando Pinilla, los 39 segundos de duración oficial del fenómeno telúrico evidenciaron las vulnerabilidades estructurales del país tras casi tres décadas bajo el actual modelo de gestión gubernamental. El balance de la catástrofe plantea interrogantes sobre la preparación previa y la atención posterior a las comunidades afectadas por parte de las instituciones del Estado.

El impacto de la gestión estatal ante eventos naturales

El debate sobre las consecuencias de los sismos del 24 de junio no se centra únicamente en la magnitud del fenómeno físico, sino en la capacidad de respuesta de las infraestructuras y los organismos públicos. Según sostiene Fernando Pinilla en su espacio de opinión, si bien los movimientos telúricos son eventos naturales inevitables, el impacto material y humano de los mismos sí se pudo minimizar mediante políticas de prevención y planificación urbana adecuadas.

El autor señala que la gestión gubernamental de los últimos 27 años presenta deficiencias acumuladas que condicionaron la gravedad de los daños. Desde la perspectiva de Pinilla, existe una responsabilidad institucional previa al evento, relacionada con el mantenimiento de las estructuras y el cumplimiento de las normas de construcción sismorresistente, así como una respuesta posterior que califica de deficiente. Esta falta de previsión y de recursos destinados a la gestión de emergencias civiles es descrita por el columnista como un factor determinante en el desenlace de la crisis.

El ciclo de la información y la permanencia del drama humano

A treinta días del suceso, la atención pública ha experimentado un cambio notable debido a la dinámica de los medios de comunicación y las plataformas digitales. Pinilla observa que el flujo de información en los portales de noticias y el posicionamiento de los algoritmos en las redes sociales han disminuido la visibilidad de la catástrofe, un comportamiento que define como natural dentro del ecosistema digital, pero que contrasta con la realidad de las víctimas.

A pesar de la reducción del espacio informativo dedicado al tema, la situación de vulnerabilidad en las zonas afectadas persiste. El análisis del columnista enfatiza que el proceso de recuperación apenas comienza para las comunidades damnificadas, las cuales enfrentan las consecuencias del sismo fuera del foco de la opinión pública nacional. La pérdida de presencia en la agenda mediática diaria plantea el riesgo de que las necesidades de reconstrucción y asistencia humanitaria queden desatendidas a mediano y largo plazo.

Perspectivas de reconstrucción y rol ciudadano

Frente al panorama posterior al desastre, el planteamiento editorial de Pinilla sugiere la necesidad de una respuesta colectiva que trascienda la acción del Estado. El autor aboga por una actitud activa por parte de la sociedad civil, tanto a nivel individual como comunitario, para contribuir a la reconstrucción del tejido social y de las áreas afectadas en la vida cotidiana de la nación.

La propuesta incluye un llamado a la reflexión sobre el papel de la ciudadanía ante situaciones de emergencia y la importancia de mantener la memoria histórica de los afectados. Para el columnista, honrar a las víctimas del suceso implica no olvidar las fallas que agravaron la situación y exigir responsabilidades a las autoridades competentes, evitando que las consecuencias de la catástrofe se normalicen con el paso del tiempo.

Desafíos estructurales tras 27 años de gestión

La evaluación del impacto del sismo se inscribe dentro de un contexto político y social caracterizado por un prolongado periodo de centralización y deterioro de los servicios públicos. Según el análisis de Pinilla, la vulnerabilidad del país ante desastres naturales es el reflejo de un sistema de gobierno que, durante 27 años, no ha priorizado la seguridad de las infraestructuras básicas ni la capacitación de los cuerpos de protección civil.

La ausencia de planes de evacuación actualizados, la precariedad de los centros de salud para atender emergencias masivas y la falta de equipos especializados son elementos que, de acuerdo con las denuncias del sector civil, agravaron la situación tras los 39 segundos de movimiento telúrico. Este escenario plantea la urgencia de revisar los protocolos de seguridad nacional y de descentralizar la toma de decisiones para permitir una respuesta más rápida y eficiente en las regiones afectadas.

A un mes de los sismos del 24 de junio, el panorama en Venezuela combina la necesidad inmediata de reconstrucción material con la exigencia de reformas estructurales en la administración de desastres. La transición desde la fase de emergencia hacia la recuperación sostenible requiere no solo de recursos financieros, sino de un cambio en la gestión pública que priorice la seguridad de la población frente a futuros eventos de esta naturaleza.

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