Topo chileno denuncia que controles militares y acusaciones de «espionaje» frenan los rescates en La Guaira
Restricciones de acceso, controles militares y denuncias de supuesto “espionaje” contra equipos internacionales de rescate marcan las labores de búsqueda en La Guaira, donde especialistas aseguran que la operatividad se ha visto afectada incluso en momentos críticos para salvar vidas. El rescatista chileno Francisco Lermanda, integrante del equipo internacional “Los Topos de Chile”, denunció que
La Guaira, Venezuela. En medio del dolor y la devastación que han dejado los recientes terremotos en el estado La Guaira, una sombra de preocupación aún más profunda se cierne sobre las operaciones de rescate: la denuncia de controles militares excesivos y acusaciones de supuesto “espionaje” que, según especialistas internacionales, están frenando la vital labor de salvar vidas. Francisco Lermanda, un experimentado rescatista chileno del equipo “Los Topos de Chile”, ha alzado su voz para revelar una realidad que pone en jaque la eficiencia y la humanidad de la respuesta ante la catástrofe, priorizando la desconfianza y el control por encima de la urgencia de cada minuto.
La situación, descrita por Lermanda en una entrevista con La Conversa de la ARI, pinta un cuadro alarmante. Restricciones de acceso injustificadas, negativas de reingreso a personal técnico y médico, y hasta la confiscación de teléfonos bajo la sospecha de “espionaje” son algunas de las barreras que enfrentan los equipos internacionales. Estas acciones, lejos de garantizar la seguridad o el orden, están comprometiendo directamente las posibilidades de supervivencia de las víctimas atrapadas bajo los escombros, transformando una misión humanitaria en un campo minado burocrático y militar.
El Velo de la Desconfianza: Un Obstáculo Mortal
El testimonio de Francisco Lermanda es desgarrador y revelador. Mientras su equipo se afanaba en la delicada extracción de un adolescente de 14 años, atrapado entre dos losas y con un grave síndrome compartimental por aplastamiento —una condición que exige supervisión médica especializada constante—, dos médicos y dos ingenieros estructurales de su equipo fueron impedidos de reingresar al perímetro operativo tras una breve salida. A pesar de identificarse y presentar sus pasaportes, la orden de restringir el acceso fue inquebrantable, dejando al joven sin la atención crucial que su estado requería.
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Pero la situación escaló a un nivel de absurdo cuando, en un intento por coordinar la asistencia vital, Lermanda y sus compañeros recurrieron a una videollamada para mostrar la condición del adolescente y obtener orientación médica. “Salimos con el teléfono y un soldado nos quitó el teléfono porque dijo que podía ser espionaje”, relató el rescatista, subrayando la tensión y el peligro inherente a la interacción con funcionarios armados, quienes, según sus palabras, también se encuentran “traumados emocional y físicamente”. Esta acusación de “espionaje” no es un incidente aislado; es un síntoma de una profunda desconfianza hacia la cooperación internacional y una militarización de la respuesta a emergencias que trasciende la lógica humanitaria.
El equipo de “Los Topos de Chile”, compuesto por 44 especialistas, ha demostrado una resiliencia admirable, llegando a Venezuela a través de un complejo periplo que incluyó un vuelo comercial a Colombia y un posterior traslado terrestre hasta Caracas para desplegarse finalmente en La Guaira. Sin embargo, incluso la llegada de refuerzos se ha visto frustrada, con otro grupo de rescatistas chilenos impedidos de reingresar al país por supuestas restricciones aeroportuarias y la exigencia de visado, a pesar de la urgencia de la misión y la naturaleza puramente humanitaria de su labor. Estas trabas burocráticas y de seguridad no solo ralentizan la ayuda, sino que también envían un mensaje desalentador a la comunidad internacional dispuesta a tender una mano.
La Militarización de la Emergencia: Un Patrón Venezolano
Las denuncias de Lermanda no son un hecho aislado en el contexto venezolano. La militarización de diversas esferas de la vida civil y la gestión de emergencias ha sido una característica recurrente en el país durante años. Desde la distribución de alimentos hasta el control de la seguridad ciudadana y la respuesta a desastres naturales, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) ha asumido roles que tradicionalmente corresponden a instituciones civiles. Este patrón, impulsado por una doctrina de “unión cívico-militar” y una retórica de “seguridad nacional” que a menudo equipara la ayuda externa con la injerencia o el espionaje, crea un ambiente de desconfianza que resulta contraproducente en momentos de crisis.
En un país donde la libertad de prensa y la sociedad civil han sido sistemáticamente coartadas, la presencia de "observadores" o "espías" se convierte en una obsesión para el poder establecido. Esta mentalidad se filtra incluso en las situaciones más críticas, como un terremoto, donde la prioridad debería ser únicamente la vida humana. La desconfianza hacia equipos internacionales, con su experiencia y tecnología, no solo es un error táctico, sino una afrenta a los principios de solidaridad global y cooperación humanitaria. La figura del "militar o político" tomando decisiones operativas sobre el terreno, en lugar del "especialista", como bien señaló Lermanda, denota una profunda falla en la comprensión de la gestión de desastres y la primacía de la experticia técnica en estas circunstancias.
Observaciones Técnicas: Un Grito Silencioso de Alerta Estructural
Más allá de las dificultades operativas, Lermanda, con más de 25 años de experiencia en ingeniería y rescate en más de 40 terremotos internacionales (incluyendo Turquía, Italia, México y Pakistán), ofreció observaciones técnicas inquietantes sobre el comportamiento de las edificaciones colapsadas en La Guaira. Comparó la devastación con el terremoto de Puerto Príncipe en Haití (2010), calificándola como una de las peores que ha presenciado.
El rescatista chileno señaló que el derrumbe de edificios de hasta 20 pisos, que cayeron “como una torre de dominó”, no es un comportamiento habitual en estructuras bien construidas. Sus observaciones preliminares apuntan a posibles deficiencias en los procesos constructivos. Lermanda detalló haber encontrado hormigón con una consistencia inusual, vigas horizontales que parecían ser de "anime" (poliestireno expandido) con una delgada cubierta de hormigón de apenas cuatro o cinco centímetros. “Al generar la pérdida del centro de gravedad, estas vigas no iban a ser capaces de soportar esa cantidad de peso”, explicó.
Estas deficiencias estructurales, que incluyen el uso de materiales de baja resistencia y recubrimientos de concreto reducidos, habrían influido decisivamente en la pérdida de estabilidad durante los sismos. Las declaraciones de Lermanda, aunque no constituyen un peritaje técnico formal, plantean serias dudas sobre la calidad de los materiales utilizados, la realización de estudios de suelo adecuados y la supervisión en los procesos de aprobación y construcción de obras en el país. En un contexto de crisis económica y corrupción endémica, estas advertencias no pueden ser ignoradas, ya que señalan vulnerabilidades estructurales que podrían costar vidas en futuros eventos sísmicos.
Implicaciones: Un Costo Incalculable
Las implicaciones de estas denuncias son multifacéticas y profundamente preocupantes para Venezuela.
Implicaciones Sociales: La consecuencia más directa y trágica es la pérdida de vidas humanas. Cada minuto de retraso en un rescate disminuye exponencialmente las posibilidades de supervivencia. La frustración de los equipos de rescate se suma al sufrimiento de las familias que buscan a sus seres queridos, generando un trauma colectivo aún mayor. La desconfianza de las autoridades hacia la ayuda humanitaria extranjera, en lugar de facilitar la asistencia, se convierte en un obstáculo que prolonga el dolor y la incertidumbre.
Implicaciones Políticas: La militarización de las operaciones de rescate y las acusaciones de “espionaje” reflejan una profunda paranoia del Estado. Esta actitud no solo entorpece la ayuda vital, sino que también daña la imagen internacional de Venezuela, presentándola como un país que prioriza el control y la seguridad política sobre la vida de sus ciudadanos. Impide la cooperación efectiva con organizaciones humanitarias internacionales y socava cualquier intento de construir confianza con la comunidad global. Además, refuerza la narrativa de un gobierno que ejerce un control férreo sobre toda la información y actividad en el país, incluso en las más sensibles.
Implicaciones Económicas: Si bien no hay un costo monetario directo evidente en la obstaculización, la ineficiencia en la respuesta a desastres tiene repercusiones económicas a largo plazo. Una recuperación más lenta, la pérdida de mano de obra y el daño a la infraestructura no reparada o mal construida representan costos indirectos significativos. La falta de acceso de expertos puede también significar que las lecciones aprendidas de este desastre no se apliquen adecuadamente, dejando al país vulnerable a futuras catástrofes con consecuencias aún mayores.
La Luz de la Esperanza: Voluntariado Local
A pesar de las adversidades, Lermanda destacó un rayo de esperanza: la incansable labor de más de 300 voluntarios locales que trabajan codo a codo con los equipos internacionales. Bajo el lema “nadie es mejor que todos nosotros juntos”, estos héroes anónimos apoyan en labores logísticas, remoción de escombros y orientación, demostrando el espíritu solidario del pueblo venezolano. Su participación subraya la importancia de integrar a la población civil y las organizaciones humanitarias en la respuesta a emergencias, una lección que las autoridades parecen ignorar.
Un Llamado a la Razón y la Humanidad
Las denuncias del rescatista chileno Francisco Lermanda son un llamado de atención urgente a las autoridades venezolanas. En un momento de crisis humanitaria, la prioridad absoluta debe ser salvar vidas. Esto implica despojar las operaciones de rescate de cualquier matiz político o militar, permitiendo el acceso pleno y sin restricciones a todos los equipos técnicos y médicos internacionales. La desconfianza y la paranoia no pueden ser más importantes que la vida de un adolescente atrapado bajo los escombros o la oportunidad de rescatar a un sobreviviente.
Desde "Libertad VZLA", reiteramos la necesidad de que el gobierno venezolano priorice la humanidad sobre la ideología y el control. La experiencia y la solidaridad internacional son activos invaluables en la gestión de desastres. Obstruir esta ayuda, bajo el pretexto de un supuesto “espionaje” o por una burocracia excesiva, es una afrenta a los principios humanitarios y un acto que condena a más venezolanos al sufrimiento y, potencialmente, a la muerte. Es hora de que las decisiones en el terreno sean tomadas por los especialistas, no por los militares o los políticos, y que la vida humana sea, por fin, la única prioridad. El pueblo venezolano merece una respuesta digna, transparente y eficiente en su hora más oscura.