Terremotos en Venezuela con una discapacidad: Huir no es igual para todos
Caracas.- El 24 de junio de 2026 a las 6:04 p.m., la tierra se sacudió en Caracas, Venezuela, por dos sismos casi en simultáneo, de grados 7.5 y 7.2, respectivamente. Un caos de gritos, gente corriendo procurando ponerse a salvo y espesas polvaredas donde antes estaban edificios, se apoderó en segundos de la capital venezolana.
Caracas, Venezuela – El 24 de junio de 2026, a las 6:04 p.m., la capital venezolana se vio sacudida por un doble embate sísmico que rompió la aparente calma vespertina. Dos terremotos, de magnitud 7.5 y 7.2 respectivamente, casi simultáneos, desataron el pánico. Gritos, el estruendo de estructuras colapsando y densas nubes de polvo se apoderaron de Caracas en cuestión de segundos, transformando el paisaje urbano en un escenario de caos y desesperación. Mientras la mayoría de la población luchaba por encontrar refugio o huir a la intemperie, una realidad más cruda y desigual se manifestaba para miles de venezolanos: aquellos que viven con una discapacidad. Para ellos, el imperativo de "ponerse a salvo" no es una opción universal, sino un desafío plagado de barreras físicas, sociales e institucionales que se vuelven insuperables en momentos de crisis extrema.
La narrativa oficial, a menudo, busca proyectar una imagen de control y respuesta inmediata. De hecho, la vicepresidenta Delcy Rodríguez afirmó que las autoridades actuaron "de inmediato" ante la emergencia. Sin embargo, los testimonios de los sobrevivientes pintan un cuadro muy diferente, uno donde la acción fue tardía, desorganizada y, en muchos casos, inexistente para los más vulnerables. La experiencia de Rafael Arreaza, Mariel Delgado y su hijo Christopher, y Helen Cárdenas con su hijo Elías, no solo expone las deficiencias en la gestión de desastres, sino que también revela la profunda deuda social que el Estado venezolano tiene con las personas con discapacidad.
El Calvario en Primera Persona: Historias de Resistencia Forzada
Rafael Arreaza, un hombre de 43 años con una lesión medular que lo confina a una silla de ruedas, se encontraba en su casa en el este de Caracas cuando el suelo comenzó a moverse. Había terminado de reparar unos instrumentos musicales y se disponía a buscar una escoba cuando la tierra se sacudió con una violencia inusitada. Durante 40 segundos que se sintieron como una eternidad, su silla de ruedas se convirtió en una tabla de surf incontrolable. "Horrible... Fue algo que no puedo describir", relata Arreaza con voz aún afectada por el recuerdo. Su hermano y su hijo, presas del pánico instintivo, corrieron a la calle, dejándolo solo. Fue su sobrino quien, finalmente, logró sacarlo de la vivienda. Las recomendaciones estándar de protección civil –meterse bajo una mesa o resguardarse junto a una columna– se desvanecen ante la realidad de quien no puede moverse por sí mismo. Para Rafael, las barreras no eran solo físicas; eran también el reflejo de una sociedad y un sistema que no contempla la diversidad de sus ciudadanos en sus planes de emergencia más básicos.
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En el centro de Caracas, en el séptimo piso de un edificio, Mariel Delgado vivía su propia pesadilla. Su hijo Christopher, de 24 años, padece paraplejia espástica, trastorno global del desarrollo, autismo y una osteoporosis tan severa que sus huesos son "frágiles como el cristal". Mariel estaba en plena rutina de cuidado cuando el sismo golpeó. Christopher, apenas vestido, se convirtió en el centro de una carrera contra el tiempo. Mientras los vecinos huían, Mariel tuvo que vestirlo rápidamente, armar su coche de movilidad y preparar un bolso improvisado con pañales, medicamentos y lo esencial, todo en medio del terror. Encomendándose a Dios, salió al pasillo en busca de ayuda, una espera incierta en un momento donde cada segundo contaba. La odisea de Mariel y Christopher es un testimonio desgarrador de la resiliencia materna, pero también una denuncia tácita de la falta de protocolos específicos y el apoyo estructural para familias con miembros con discapacidades múltiples.
Aunque el recorte de noticia es breve en el caso de Helen Cárdenas y su hijo Elías, un adolescente con autismo, su experiencia es igualmente reveladora. La dificultad de despegar a un individuo con autismo de una rutina o un objeto de interés, como el televisor, en medio de una emergencia, subraya la necesidad de protocolos que consideren no solo las limitaciones físicas, sino también las cognitivas y sensoriales. El pánico generalizado puede ser aún más desorientador para personas neurodivergentes, quienes requieren un acercamiento calmado y estrategias de comunicación específicas que rara vez se contemplan en los planes de evacuación masiva.
Venezuela: Una Tierra de Sismos y Vulnerabilidades Crónicas
La geografía venezolana, ubicada en el límite de las placas tectónicas del Caribe y Sudamérica, la convierte en una zona de alta actividad sísmica. La historia del país está marcada por terremotos devastadores, desde el sismo de 1812 que destruyó Caracas y La Guaira, hasta el de 1967 que cobró cientos de vidas en la capital, pasando por el de Cariaco en 1997 y el más reciente de Sucre en 2018, cuyas réplicas se sintieron con fuerza en Caracas. Esta recurrencia debería haber forjado una cultura de prevención y una infraestructura resiliente. Sin embargo, la realidad es otra.
La profunda crisis económica y social que atraviesa Venezuela ha carcomido la capacidad del Estado para invertir en mantenimiento de infraestructuras, en la modernización de los códigos de construcción y en la preparación adecuada para desastres. Edificios antiguos, construcciones informales y la falta de supervisión adecuada son una bomba de tiempo latente. En este contexto de precariedad generalizada, las personas con discapacidad se encuentran en el eslabón más frágil de la cadena de seguridad.
La Falla del Sistema: Entre la Retórica Oficial y la Desidia Real
La afirmación de Delcy Rodríguez sobre la "acción inmediata" de las autoridades contrasta dramáticamente con los relatos de quienes vivieron la emergencia. Esta dicotomía entre el discurso oficial y la experiencia ciudadana es una constante en la Venezuela actual. En un país donde la transparencia informativa es escasa y la rendición de cuentas deficiente, la verdad de los hechos a menudo se diluye en comunicados gubernamentales que buscan minimizar la percepción de caos o ineficacia.
La Protección Civil venezolana, antaño una institución respetada y relativamente bien equipada, ha sufrido un deterioro significativo debido a la falta de inversión, la fuga de talentos y la politización. Sus protocolos, que deberían ser inclusivos y detallados, a menudo carecen de la especificidad necesaria para atender a poblaciones vulnerables. ¿Existen planes de evacuación accesibles para edificios públicos y privados? ¿Se realizan simulacros que incluyan a personas con movilidad reducida, discapacidades sensoriales o cognitivas? ¿Están los equipos de rescate capacitados para asistir a estas personas de manera efectiva y segura? Las historias de Rafael y Mariel sugieren una respuesta negativa.
La crisis humanitaria compleja que vive Venezuela agudiza aún más esta vulnerabilidad. La escasez de medicamentos, la precariedad de los servicios de salud, la falta de transporte público accesible y la emigración masiva de profesionales y familiares han dejado a muchas personas con discapacidad en una situación de mayor desamparo. En un escenario de desastre natural, estas carencias se magnifican, convirtiendo una emergencia en una catástrofe personal y colectiva para quienes ya enfrentan desafíos diarios.
Análisis de Implicaciones: Una Deuda Social y Moral Impostergable
Las implicaciones de esta desigualdad en la respuesta a desastres son profundas y multifacéticas:
Implicaciones Sociales: La sociedad venezolana, y en particular el Estado, tiene una deuda pendiente con las personas con discapacidad. La falta de infraestructura accesible no es solo un problema de comodidad, sino una barrera que puede costar vidas en una emergencia. La negligencia en la planificación inclusiva perpetúa la discriminación y refuerza la idea de que ciertas vidas son menos prioritarias. El pánico de los familiares que abandonan a sus seres queridos, aunque comprensible en el momento, subraya la necesidad de una educación cívica y protocolos que refuercen la responsabilidad colectiva y el apoyo mutuo.
Implicaciones Políticas: La discrepancia entre las declaraciones oficiales y la realidad de los sobrevivientes erosiona la confianza en las instituciones. Un gobierno que no puede garantizar la seguridad de todos sus ciudadanos, especialmente los más vulnerables, revela profundas fallas en su gobernabilidad y su compromiso con los derechos humanos. La reconstrucción post-sismo y la mejora de la preparación deben ir más allá de la retórica y traducirse en políticas concretas, presupuestos asignados y una supervisión efectiva. La Ley para Personas con Discapacidad en Venezuela, aunque existe, debe ser revisada y aplicada con un enfoque de gestión de riesgos inclusivo.
Implicaciones Económicas: La falta de planificación inclusiva genera costos económicos adicionales. Los daños a propiedades no accesibles pueden ser más difíciles de evaluar y reparar. La atención médica de emergencia y la rehabilitación para personas con discapacidad pueden ser más complejas y costosas si no hay un sistema de apoyo preestablecido. A largo plazo, la exclusión de las personas con discapacidad de la vida pública y laboral debido a barreras físicas y actitudinales ya representa un costo significativo para el desarrollo del país, que se agrava en situaciones de emergencia.
Hacia una Venezuela Inclusiva y Resiliente: El Imperativo de la Acción
Las historias de Rafael, Mariel y Christopher no son meras anécdotas; son un llamado urgente a la acción. Para "Libertad VZLA", que defiende los principios de justicia social y derechos humanos, es imperativo que las autoridades venezolanas asuman su responsabilidad y trabajen en la construcción de una sociedad verdaderamente inclusiva y resiliente.
Esto implica:
Auditoría y Adecuación de Infraestructuras: Evaluar y adaptar todos los edificios públicos y privados, así como las vías de evacuación, para garantizar su accesibilidad universal. Esto incluye rampas, ascensores funcionales, señalización clara y audible, y rutas de escape seguras.
Protocolos de Emergencia Inclusivos: Desarrollar y difundir planes de evacuación específicos para personas con diferentes tipos de discapacidad, en formatos accesibles