Táchira | Productores disminuyen el precio de la leche debido a constantes apagones
Táchira.- Los productores de leche del estado Táchira optaron por disminuir el precio debido a que por los constantes apagones las plantas de almacenamiento y enfriamiento no pueden ser utilizadas por la cantidad de horas que se requiere. Pablo Gandica, productor del municipio Panamericano reportó que normalmente vende el litro de leche en 2.000 pesos […]
La entrada Táchira | Productores disminuyen el precio de la leche debido a constantes apagones se publicó primero en El Pitazo.
E
Fuente Original
El Pitazo
4 jun. 2026
Apagones Estrangulan la Producción Láctea en Táchira: Productores Rematan la Leche Ante la Descomposición
San Cristóbal, Táchira. En una muestra desoladora de cómo la crisis de los servicios públicos carcome el tejido productivo de Venezuela, los ganaderos del estado Táchira se ven forzados a rematar su producción láctea a precios irrisorios. La razón es simple y devastadora: los constantes y prolongados apagones eléctricos impiden el uso de sistemas de enfriamiento y almacenamiento, amenazando con la descomposición de la leche y obligando a los productores a malvender el fruto de su esfuerzo para evitar pérdidas totales. Esta situación no solo golpea la economía regional, sino que pone en jaque la seguridad alimentaria y la ya precaria calidad de vida de miles de familias en los Andes venezolanos.
La región andina, históricamente un bastión de la producción agrícola y ganadera del país, se ha convertido en un epicón de la desidia y el colapso de la infraestructura estatal. Los reportes que llegan desde municipios como Panamericano son un eco de la desesperación que se vive en cada rincón del estado. Pablo Gandica, un productor local, ilustra con su testimonio la cruda realidad: lo que antes vendía a 2.000 pesos colombianos (equivalentes a 0,57 centavos de dólar) por litro de leche, ahora debe ofrecerlo a 1.700 pesos (0,48 centavos) e incluso a 1.500 pesos, una pérdida significativa que devora sus márgenes de ganancia y amenaza su subsistencia.
La dinámica del sector lácteo, que demanda un manejo meticuloso de la cadena de frío, se ha vuelto una quimera en un país donde la electricidad es un lujo intermitente. Gandica explica que, tras el ordeño, la leche debe ser enfriada para iniciar el proceso de pasteurización y evitar su deterioro. Sin embargo, con cortes eléctricos que se extienden por 20 horas o más, las plantas de almacenamiento y los enfriadores se vuelven inoperativos. Las plantas eléctricas, una inversión costosa para muchos, no están diseñadas para operar de forma continua durante jornadas tan extensas, y su mantenimiento y abastecimiento de combustible representan un gasto adicional insostenible.
Ante esta encrucijada, la única opción viable para los productores es salir a las 4:00 o 5:00 de la mañana, en la penumbra y la incertidumbre, a entregar la leche directamente a las queseras, con la esperanza de que estas puedan procesarla antes de que se eche a perder. Esta carrera contra el tiempo y la descomposición es una lucha diaria que mina la moral y la economía de quienes se dedican al campo.
Un Sistema Eléctrico en Ruinas y una Economía Fronteriza Vulnerable
Comentarios de la comunidad
Iniciá sesión para comentar y sumarte a la conversación.
La crisis eléctrica en Venezuela no es un fenómeno nuevo, pero su agudización en los estados fronterizos como Táchira, lejos de los centros de generación y con una infraestructura deteriorada, ha alcanzado niveles críticos. Décadas de falta de inversión, corrupción, expropiaciones y una gestión ineficiente de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec) han llevado al sistema interconectado nacional a un colapso casi total. Los apagones, que antes eran esporádicos, se han convertido en una constante, afectando no solo a los hogares, sino a cada faceta de la vida productiva.
En Táchira, la situación se complejiza por su particular economía fronteriza. La dolarización de facto y la cercanía con Colombia han hecho que el peso colombiano sea una moneda de uso corriente, especialmente para transacciones comerciales. Si bien esto ofrece cierta estabilidad frente a la devaluación constante del bolívar, también expone a los productores a fluctuaciones y a la necesidad de cubrir costos en divisas, como el combustible.
El transporte de la leche, un eslabón crucial en la cadena, también se ve gravemente impactado. Quienes trasladan el lácteo en sus motos no solo enfrentan el desafío de la escasez de gasolina, sino que deben adquirirla a precios exorbitantes en el mercado negro o de reventa. Un litro de combustible puede costar hasta 5.000 pesos colombianos (aproximadamente 1,42 dólares), una cifra que aniquila cualquier margen de ganancia para los ya mermados ingresos de los productores. Esta dinámica perversa, donde el costo de mover un producto esencial supera con creces su valor de venta, es un reflejo de la disfuncionalidad económica que permea a Venezuela.
La Cámara de Comercio de Táchira ha reportado una caída de hasta el 60% en la producción debido a los apagones, una estadística alarmante que subraya la magnitud del desastre. Esta cifra no es solo un número; representa fincas abandonadas, familias empobrecidas, menos alimentos en las mesas y un golpe devastador para la economía regional.
Implicaciones Económicas, Sociales y Políticas de una Crisis Silenciosa
Las repercusiones de esta crisis silenciosa son profundas y multifacéticas.
Económicas:
La disminución forzada de los precios de la leche representa una pérdida directa e insostenible para los productores. Este margen reducido, sumado a los elevados costos operativos (mantenimiento de plantas eléctricas, combustible, insumos), empuja a muchos al límite de la bancarrota. La rentabilidad del negocio lácteo se evapora, desalentando la inversión y, en muchos casos, forzando el abandono de la actividad. Esto no solo afecta a los ganaderos, sino a toda la cadena de valor: las queseras deben adaptar sus procesos a la intermitencia eléctrica, incurriendo en mayores gastos o riesgos de pérdida, y los comercios minoristas enfrentan la incertidumbre del suministro y la necesidad de invertir en sus propios sistemas de respaldo, lo que eventualmente podría traducirse en precios más altos para el consumidor final, o simplemente en escasez de productos lácteos. La informalidad en el mercado de combustible, por su parte, desvía recursos y fomenta prácticas ilícitas, debilitando aún más la economía formal.
Sociales:
La disponibilidad de alimentos básicos como la leche y sus derivados es fundamental para la seguridad alimentaria de la población. La reducción en la producción y la dificultad para su adecuada conservación amenazan con limitar el acceso a estos productos, afectando especialmente a niños y personas vulnerables. Para las comunidades rurales, la ganadería no es solo una actividad económica, sino una forma de vida y un pilar de su identidad cultural. La crisis eléctrica y sus consecuencias generan estrés, incertidumbre y desesperanza, lo que a menudo se traduce en un aumento de la migración interna o hacia el exterior, desmembrando familias y vaciando el campo de su fuerza laboral y su capital humano. La calidad de vida de los productores se deteriora, forzándolos a jornadas extenuantes y a decisiones difíciles para proteger su sustento.
Políticas:
La situación de Táchira es un claro indicador del fracaso del Estado venezolano en garantizar servicios públicos esenciales. La ineficiencia y la falta de transparencia en la gestión de Corpoelec son una constante denuncia ciudadana. La incapacidad del gobierno central para resolver la crisis eléctrica, a pesar de las promesas y los supuestos planes de recuperación, erosiona la confianza de la población en sus instituciones. Las autoridades locales, como el alcalde de Panamericano, Yonathan Rangel, se encuentran maniatadas, con sus propias actividades municipales limitadas por los apagones, lo que impide una atención adecuada a los ciudadanos y agudiza la percepción de abandono. La persistencia de esta crisis alimenta el descontento social y pone de manifiesto la urgente necesidad de una reestructuración profunda de la administración pública y de una verdadera voluntad política para abordar las raíces de los problemas del país.
El Grito de Auxilio del Campo Andino
La historia de Pablo Gandica y los productores de leche del Táchira es un microcosmos de la tragedia que se vive en toda Venezuela. Es la narrativa de un país donde la resiliencia de su gente choca frontalmente con la desidia y el colapso de sus servicios básicos. El campo andino, que una vez fue sinónimo de abundancia y progreso, hoy lucha por sobrevivir, ahogado por la oscuridad y la ineficiencia.
La solución a esta crisis no es sencilla ni inmediata. Requiere de una inversión masiva y transparente en la infraestructura eléctrica, de una gestión profesional y despolitizada de los servicios públicos, y de políticas económicas que permitan a los productores operar en un entorno de certidumbre y rentabilidad. Mientras tanto, cada litro de leche que se remata en Táchira es un recordatorio de la urgencia de actuar, un llamado a la conciencia sobre el impacto humano de una crisis que amenaza con apagar definitivamente las luces de la producción y la esperanza en los Andes venezolanos. La libertad de producir y prosperar está intrínsecamente ligada a la libertad de tener servicios básicos funcionales, una libertad que, lamentablemente, hoy le es negada a gran parte del pueblo venezolano.