Susana Rafalli: necesitamos que ayuden con agua, alimentos que no se descompongan y artículos de higiene
Caracas.- Susana Rafalli, experta en seguridad alimentaria, aseguró el 2 de julio, a una semana de que el doble terremoto que azotó a Venezuela, dejando hasta el momento 2.295 personas muertas y 11.267 heridos, que actualmente el país está pasando por la fase de rescates, por lo que, las donaciones deben ir enfocadas en esa
CARACAS, VENEZUELA – Una semana después de que un doble terremoto sacudiera a Venezuela, dejando una estela de desolación con más de 2.295 personas fallecidas y 11.267 heridas hasta el 2 de julio, el país se enfrenta a una catástrofe que va más allá de la mera actividad sísmica. La emergencia se ha transformado en una "doble tragedia", una que no solo destruye infraestructura y cobra vidas, sino que también expone la profunda vulnerabilidad de una población ya exhausta por años de crisis humanitaria compleja. Susana Rafalli, reconocida experta en seguridad alimentaria y asesora de la respuesta humanitaria de Cáritas Venezuela, ha lanzado un llamado urgente y preciso, delineando las necesidades críticas y advirtiendo sobre los desafíos a largo plazo que se ciernen sobre la nación. Su voz, informada por la experiencia en desastres de gran magnitud como el terremoto de Haití en 2010, resuena como un eco de la cruda realidad venezolana: el sismo no cayó sobre un país próspero, sino sobre uno que ya estaba en la indefensión total.
La fase actual, según Rafalli, es de rescate y auxilio inmediato. En una entrevista con la periodista Shirley Varnagy, la experta enfatizó que la prioridad absoluta es salvar vidas y mitigar el sufrimiento más agudo. "Lo que se necesita en este momento son las cosas que son importantes para salvar la vida", sentenció, dejando claro que las donaciones deben concentrarse en agua potable, alimentos no perecederos, artículos de higiene, abrigos y colchonetas. La sombría realidad de la fase de recuperación se manifiesta en la creciente solicitud y donación de ataúdes y sacos para cadáveres, una señal ineludible de la magnitud de la pérdida humana. Rafalli es enfática: "La ayuda está llegando, pero necesitamos concentrarnos en esas cosas que son esenciales ahorita". Este enfoque pragmático busca canalizar la solidaridad hacia lo que realmente puede marcar una diferencia en las primeras y más críticas horas y días post-desastre, evitando la dispersión de esfuerzos y recursos que, aunque bienintencionados, pueden resultar ineficaces o incluso contraproducentes.
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Un País en Ruinas Antes del Sismo: El Contexto de la Indefensión
La particularidad y complejidad de esta tragedia en Venezuela no residen únicamente en la fuerza de los movimientos telúricos, sino en el terreno sobre el que impactaron. Rafalli subraya que "no es un terremoto que cae sobre una población pobre, sino que es un terremoto sobre una población pobre que ya venía desgastada". Esta afirmación es la clave para entender la verdadera escala de la catástrofe. Durante la última década, Venezuela ha experimentado un colapso económico y social sin precedentes en la región. La hiperinflación, aunque contenida en los últimos años, dejó un legado de empobrecimiento masivo, pulverizando los ahorros de las familias y aniquilando la capacidad de compra. Los salarios mínimos, que apenas alcanzan para cubrir una fracción de la canasta básica, han empujado a millones a la precariedad extrema, donde el día a día es una lucha por la subsistencia.
En este contexto, la mayoría de los venezolanos carece de seguros de vida, de salud o de vivienda; no tienen ahorros para afrontar una emergencia, y muchos dependen de empleos informales o de la ayuda de familiares en el extranjero. Esta fragilidad económica se traduce directamente en una menor capacidad de respuesta individual y familiar ante un evento catastrófico. Un techo que se desploma no solo significa la pérdida de una vivienda, sino la destrucción de cualquier atisbo de estabilidad. La falta de acceso a servicios básicos es otro factor agravante: el sistema público de distribución de agua ya estaba colapsado en gran parte del país, con racionamientos crónicos que obligaban a las comunidades a depender de fuentes no seguras o de costosas soluciones privadas. Un terremoto que interrumpe aún más el suministro de agua potable eleva exponencialmente el riesgo de enfermedades transmitidas por el agua, un escenario que Rafalli teme con razón.
Asimismo, el sistema de salud pública, otrora robusto, se encuentra en una situación crítica, con hospitales desabastecidos de medicinas e insumos, personal sanitario diezmado por la migración y una infraestructura en deterioro. La mención de Rafalli sobre niños no vacunados es alarmante, pues sugiere la reaparición de enfermedades erradicadas o controladas, que en un escenario de hacinamiento y falta de higiene post-terremoto podrían convertirse en epidemias. La suma de estos factores –la precariedad económica, el colapso de los servicios públicos y la vulnerabilidad sanitaria– "multiplican la escala del terremoto cien, doscientas veces", en palabras de la experta. La tragedia, entonces, no es solo geológica, sino una profunda crisis humanitaria exacerbada por la inercia y el deterioro acumulado.
Implicaciones: Del "Turismo de Emergencia" a la Reconstrucción a Largo Plazo
La respuesta de la sociedad civil venezolana, como es costumbre ante la adversidad, ha sido inmediata y conmovedora. Sin embargo, Rafalli advierte sobre el fenómeno del "turismo de la emergencia", una movilización de ayuda desorganizada donde individuos, motivados por la solidaridad, se dirigen a las zonas afectadas para dejar "dos o tres cositas", o peor aún, por mera curiosidad o para "tomarse una foto". Si bien la intención es noble, esta práctica puede obstaculizar las operaciones de rescate, generar congestión y desviar recursos que son vitales para las organizaciones especializadas. La experta enfatiza que la mejor manera de ayudar es canalizar los esfuerzos a través de organizaciones acreditadas y con experiencia en gestión de desastres, como Cáritas, que tienen la logística y el conocimiento para llegar a las zonas más necesitadas de manera eficiente y segura.
Las implicaciones de esta doble tragedia son vastas y de largo alcance. A nivel social, el terremoto pone a prueba la resiliencia de comunidades ya fragmentadas por la crisis y el éxodo migratorio. La destrucción de viviendas no solo desplaza a familias, sino que desgarra el tejido social, obligando a reubicaciones y a la pérdida de redes de apoyo. La salud mental de los sobrevivientes, especialmente niños y ancianos, se verá gravemente afectada por el trauma, la pérdida y la incertidumbre, un aspecto que requerirá atención especializada y sostenida.
Económicamente, el impacto será devastador. La reconstrucción de infraestructura, viviendas y servicios públicos demandará una inversión masiva en un país con limitaciones fiscales severas y una economía aún inestable. Las zonas afectadas, muchas de ellas con actividades productivas precarias, verán sus medios de vida destruidos, lo que agravará la inseguridad alimentaria y la pobreza. La dependencia de la ayuda humanitaria, ya una realidad para millones de venezolanos, se profundizará, ejerciendo presión adicional sobre las organizaciones no gubernamentales y la comunidad internacional.
Políticamente, la tragedia pondrá bajo el microscopio la capacidad de respuesta del Estado venezolano. La coordinación entre los diferentes niveles de gobierno, las fuerzas armadas y las organizaciones civiles será crucial, así como la transparencia en la gestión de la ayuda. En un contexto de polarización y desconfianza, la eficiencia y la equidad en la distribución de recursos serán determinantes para la credibilidad institucional. La comunidad internacional, que ya ha brindado apoyo humanitario a Venezuela, podría verse llamada a intensificar su asistencia, aunque las complejidades políticas internas a menudo dificultan la canalización efectiva de dicha ayuda.
Finalmente, Rafalli lanza una advertencia crucial: "Esto va para largo". Su experiencia en Haití le permite afirmar que los daños de un terremoto dejan damnificados por un período que suele ir de tres a cinco años. El ánimo inicial de solidaridad, que se eleva en las primeras dos semanas, debe transformarse en un compromiso sostenido. "No nos dejen solos después... esto es una carrera de largo aliento y necesitaremos ayuda al menos por dos años", implora la experta. La fase de emergencia dará paso a la recuperación, que implica no solo reconstrucción física, sino también apoyo psicosocial, reactivación económica y fortalecimiento de la resiliencia comunitaria. Dejar a los afectados a su suerte una vez que la noticia deja de ser viral sería una segunda tragedia.
Conclusión: Un Llamado a la Acción Sostenida y Organizada
La doble tragedia que azota a Venezuela, con un terremoto que golpea a una población ya sumida en la indefensión, es un recordatorio sombrío de la fragilidad de la vida y la urgencia de la acción coordinada. Las palabras de Susana Rafalli no son solo un listado de necesidades, sino un diagnóstico preciso de la realidad venezolana y un llamado a la conciencia global. La solidaridad es inherente al ser humano, pero en momentos de crisis de esta magnitud, debe ser inteligente, organizada y sostenida en el tiempo.
Desde Libertad VZLA, reafirmamos nuestro compromiso con la verdad y la difusión de información vital. Es imperativo que los ciudadanos se mantengan informados sobre las necesidades reales y los canales adecuados para brindar ayuda. La reconstrucción de Venezuela, tanto de sus edificaciones como de su tejido social, será una tarea ardua que requerirá la colaboración de todos los sectores, nacionales e internacionales. Lo que está en juego no es solo la recuperación de las zonas afectadas, sino la dignidad y el futuro de un país que, a pesar de las adversidades, sigue luchando por levantarse. La tragedia del terremoto ha desnudado las profundas heridas de Venezuela, pero también ha puesto de manifiesto la inquebrantable capacidad de su gente para enfrentar la adversidad, siempre y cuando la ayuda necesaria llegue de forma eficiente y perdurable.