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“Solo tenemos la vida”: joven ayuda a rescatar sobrevivientes en Caracas tras perderlo todo en La Guaira

“Solo tenemos la vida”: joven ayuda a rescatar sobrevivientes en Caracas tras perderlo todo en La Guaira

Caracas.– Mientras el país intenta asimilar una cifra que ya llega a 1.430 muertos confirmados, el joven Elvis Boada intenta cambiar su duelo por la acción. En medio de la devastación causada por los terremotos del pasado 24 de junio, y tras perder su casa en La Guaira, el ingeniero electricista decidió trabajar como voluntario

Luis Sambrano
Por

Luis Sambrano

Fundador y editor28 jun. 2026

Caracas, 29 de junio de 2026. "Solo tenemos la vida, y eso es suficiente". La frase, pronunciada con una mezcla de estoicismo y determinación, resuena desde las entrañas de una Venezuela golpeada por la tragedia. Su autor es Elvis Boada, un joven ingeniero electricista cuya historia se ha convertido en el doloroso, pero inspirador, emblema de la resiliencia ciudadana ante la devastación. Mientras el país intenta asimilar la escalofriante cifra de 1.430 muertos confirmados tras los terremotos del pasado 24 de junio, Boada, quien lo perdió todo en La Guaira, ha optado por transformar su duelo en acción, sumándose a la primera línea de rescate en Caracas, un testimonio vivo de que, incluso en la ruina, el espíritu venezolano se niega a claudicar.

La mañana del miércoles 24 de junio de 2026 se grabará para siempre en la memoria colectiva como el día en que la tierra rugió y sacudió los cimientos de la vida venezolana. Para Elvis Boada, ese día lo sorprendió en un lugar tan cotidiano como aterrador: la estación del Metro de Chacaíto, en pleno corazón de Caracas, junto a su novia. En la oscuridad opresiva del subterráneo, la sensación de muerte fue inmediata, visceral. "Lo primero que pensé fue en mi mamá", relató el joven, reviviendo los segundos interminables en los que creyó que no saldría con vida de aquel abismo. La angustia de la incertidumbre, el estruendo de la tierra, y la incapacidad de comunicarse con sus seres queridos, pintaron un cuadro de desesperación que se apoderó de miles de ciudadanos en todo el país.

Al lograr salir a la superficie, en la desolada Plaza de Chacaíto, la prioridad de Elvis fue una sola: contactar a su familia. La posibilidad de cargar su celular gracias a un vendedor solidario de la zona le trajo una noticia agridulce. Su madre y el esposo de ella estaban vivos, a salvo, porque el sismo los había sorprendido fuera de su hogar. Sin embargo, la otra cara de la moneda era devastadora: su casa de cuatro pisos en Playa Verde, Catia La Mar, se había desplomado. Bajo los escombros de esa estructura no solo quedaron sus libros, sus pertenencias, su vida material, sino también la vida de una vecina y amiga entrañable, Zulma Arismendi. Los mismos vecinos de Playa Verde, movidos por el instinto de supervivencia y la solidaridad, intentaron en vano rescatar a Zulma. "No dio chance de salvarla", lamentó Elvis, una frase que encapsula la impotencia de esos primeros momentos. El cuerpo de su amiga tuvo que ser recuperado horas después por una comisión policial que, para sorpresa y consternación de muchos, provenía del estado Guárico, evidenciando una descoordinación inicial que se replicaría en otros puntos de la tragedia.

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De la Graduación a los Escombros: Un Futuro Reconfigurado

Elvis Boada, un ingeniero electricista recién graduado de la prestigiosa Universidad Simón Bolívar, tenía previsto firmar su acta de grado el jueves 25 de junio. Ese día, en lugar de celebrar un hito académico, se encontraba con implementos prestados y ropa donada, caminando entre polvo, escombros y vigas colapsadas en Caracas, convencido de que era más útil en la "candela" del rescate que lamentando su propia pérdida. La tragedia reconfiguró su futuro en cuestión de horas, transformando la alegría de un logro en la cruda realidad de la emergencia nacional.

Sin un techo al que regresar, Elvis se refugió temporalmente en casa de su novia en La Trinidad, municipio Baruta. Desde allí, dedicó tres días a buscar la manera de unirse a un grupo de rescate formal. Finalmente, lo logró. Su equipo, compuesto por otros ingenieros y arquitectos, trabaja incansablemente en el edificio Petunia de Los Palos Grandes, una estructura emblemática donde las autoridades locales ya han confirmado 35 fallecidos. Con botas prestadas y el alma en carne viva, Elvis resume su situación: "Esta bota era de una que yo estaba usando luego de supervisar una obra en Altamira", explicó, remarcando que ya no hay celebraciones pendientes por su graduación, sino el mero hecho de estar vivo y poder ayudar. Su motivación, una mezcla de profunda solidaridad y una palpable frustración, lo impulsa a seguir adelante. Su deseo más profundo es trasladarse a La Guaira para ayudar en Playa Grande, donde tiene información de que aún hay personas con vida. Sin embargo, se ha topado con lo que considera un muro burocrático incomprensible: la exigencia de un salvoconducto para circular hacia el litoral central, una barrera que se alza en medio de la urgencia humanitaria.

El Contexto de la Vulnerabilidad: Una Historia de Terremotos y Desidia

Los terremotos del 24 de junio de 2026 no son un evento aislado en la historia de Venezuela. El país, ubicado en una zona de alta actividad sísmica, ha sido testigo de eventos devastadores a lo largo de los siglos. El terremoto de 1812, que asoló Caracas y otras ciudades, y el de 1967, que dejó cientos de muertos en la capital, son cicatrices históricas que recuerdan la fragilidad de la vida ante la fuerza de la naturaleza. Sin embargo, la recurrencia de estos eventos debería haber impulsado una cultura de prevención y una infraestructura resiliente, aspectos que, lamentablemente, han sido sistemáticamente desatendidos.

La Guaira, particularmente, es una región con una historia de vulnerabilidad. La tragedia de 1999, conocida como la Tragedia de Vargas, ya reveló las fallas estructurales y la precaria planificación urbana en un estado costero con alta densidad poblacional y construcciones a menudo informales o en zonas de riesgo. Años de desinversión en infraestructura, la corrupción en la construcción, y la falta de mantenimiento de edificaciones públicas y privadas han creado un caldo de cultivo para que un desastre natural como el actual tenga consecuencias aún más catastróficas. La capacidad de respuesta del Estado venezolano, ya mermada por una profunda crisis económica, política y social que ha erosionado sus instituciones y provocado un éxodo masivo de profesionales y técnicos, se ve seriamente comprometida. La escasez de equipos, la falta de personal capacitado y la burocratización excesiva son factores que magnifican el impacto de cualquier emergencia.

Implicaciones: La Sociedad Civil al Rescate y la Crítica al Estado

La historia de Elvis Boada y la de muchos otros voluntarios que han emergido de las ruinas para ayudar, revela profundas implicaciones sociales, políticas y económicas para Venezuela.

  • Implicaciones Sociales: La tragedia ha puesto de manifiesto, una vez más, la extraordinaria resiliencia y solidaridad del pueblo venezolano. En medio del caos y el dolor, la sociedad civil se ha organizado de manera espontánea, creando redes de apoyo, centros de acopio y equipos de rescate improvisados. "Venezolanos ayudando a venezolanos", como lo describe Elvis, se ha convertido en el lema no oficial de esta emergencia. Esta solidaridad horizontal, que surge desde las comunidades, es un reflejo de una cultura de ayuda mutua que se ha fortalecido en un contexto de crisis prolongada y ausencia estatal. Sin embargo, esta admirable cohesión también expone la fragilidad de un país que depende en gran medida de la iniciativa individual para suplir las carencias institucionales. El costo psicológico para los sobrevivientes y los rescatistas es inmenso, y el trauma colectivo dejará cicatrices profundas en el alma nacional.

  • Implicaciones Políticas: La crítica de Elvis Boada a la gestión gubernamental es contundente y resuena con el sentir de muchos ciudadanos. "No vemos autoridades, los militares no los vemos ahí en la candela con nosotros. Solo para la politiquería, tomándose fotos", denunció el joven voluntario, visiblemente indignado por la falta de apoyo oficial y los obstáculos burocráticos. La exigencia de un salvoconducto para acceder a zonas críticas en La Guaira, mientras la gente lucha por salvar vidas, es percibida como una muestra de ineficiencia, desorganización y una priorización equivocada por parte del Estado. Esta percepción de "abandono" por parte de las instituciones gubernamentales erosiona aún más la confianza pública y subraya una desconexión entre el poder y las necesidades urgentes de la población. La crisis expone la debilidad de las estructuras de gobernanza y la incapacidad del Estado para coordinar una respuesta efectiva y humana a gran escala.

  • Implicaciones Económicas: La magnitud de la devastación representa un golpe económico colosal para un país ya sumido en una profunda recesión. La reconstrucción de miles de viviendas, infraestructuras públicas y servicios básicos requerirá inversiones masivas que Venezuela, con sus finanzas debilitadas y sus ingresos petroleros mermados, difícilmente podrá afrontar. Las zonas costeras como La Guaira, que dependen en parte del turismo y la actividad portuaria, sufrirán un impacto económico prolongado. La pérdida de propiedades y medios de vida empujará a más personas a la pobreza y la precariedad, exacerbando la ya compleja crisis humanitaria.

Un Mensaje de Resistencia en Medio del Dolor

La historia de Elvis Boada es un microcosmos de una nación que se niega a rendirse. A pesar de haberlo perdido todo, su prioridad no es reconstruir su vida, sino salvar las de otros. Su mensaje final, "A pesar de lo que hemos pasado, los quiero, y bueno, para adelante", no es solo una expresión de afecto, sino una declaración de principios. Reafirma que mientras haya vida, seguirá poniendo su "granito de arena" entre tanto dolor.

En los escombros de lo que fue una casa en Catia La Mar, en la penumbra del Metro de Chacaíto, y en el esfuerzo sobrehumano por remover vigas en Los Palos Grandes, se forja una nueva narrativa para Venezuela. Una narrativa donde, ante la ausencia de sus instituciones, el país se sostiene sobre los hombros de ciudadanos como Elvis, que demuestran que la verdadera fuerza de una nación reside en la indomable voluntad de su gente. Su historia es un recordatorio de que, incluso cuando la muerte parece ganar la partida, la vida, la solidaridad y la esperanza, siempre encuentran un camino para resurgir de las cenizas. Es un llamado silencioso, pero potente, a la acción y a la reflexión sobre el futuro que queremos construir sobre los escombros de este presente devastado.